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sábado, 7 de enero de 2017

NOTICIA: La cuna de la fantasía está en la Maragatería

Miguel López de Aguileta y Begoña García cumplen 25 años creando seres de otros mundos en su taller artesano Etcéteramarionetas, en la localidad de Murias de Rechivaldo.

Miguel López y Begoña García forman Etcétera Taller de Marionetas
en la localidad leonesa de Murias de Rechivaldo. |
REPORTAJE GRÁFICO: MIRIAM CHACÓN (ICAL)
Ical | 07/01/2017En pleno corazón de la Maragatería, en la localidad leonesa de Murias de Rechivaldo, Begoña García y Miguel López de Aguileta dejan volar su imaginación día tras día para dar vida a seres fantásticos que pasan a formar parte de la gran familia de títeres que han ido creando durante los últimos 25 años. Duendes, elfos, magos, brujas, vagabundos, medusas, cíclopes, músicos y todo tipo de seres mitológicos y legendarios no tienen secretos para ellos, y se perfilan lentamente gracias al laborioso trabajo de ambos en su taller artesano Etcéteramarionetas.

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Sus criaturas han volado hasta los más alejados confines del globo, desdeNoruega o Sudamérica hasta Estados Unidos, Nueva Zelanda o Australia. “La gente que nos compra se lleva las piezas como si hubiera conseguido una joya”, reconoce con una sonrisa Begoña, que no en vano se especializó en joyería, orfebrería y esmaltes en la Escuela de Artes 3, en la calle Estudios de Madrid.

Fue allí donde conoció a Miguel, madrileño como ella, que llegó a aquel centro unos años después de abandonar el instituto, tras apasionarse con el modelado con un grupo que creaba marionetas a partir de pasta de papel en su Vallecas natal. Un problema familiar alejó a Miguel de la Escuela a los pocos meses de llegar, y acabó emigrando a Altea (Alicante) para completar su formación de manera autodidacta y echar una mano a una amiga que fabricaba allí marionetas. El reencuentro con Begoña se produjo cuando ella finalizó su formación y se trasladó hasta Altea, donde juntos acabaron creando en 1991 Etcéteramarionetas.

“El nombre del taller se me ocurrió porque cada personaje que hacemos es único. No trabajamos con moldes y aunque a veces nos pidan repetir un personaje que hayan visto en nuestra web o en alguna feria, siempre hacemos algo diferente. Nuestro trabajo es un etcétera continuo. De ahí surgió la idea”, relata Miguel.

Tres años después de iniciar las actividades del taller, el nacimiento de Atila, su hijo mayor, les hizo replantearse su proyecto vital: “Pensamos que quizá necesitáramos un lugar más tranquilo, donde nuestro hijo pudiera criarse en el campo, y nos trasladamos a Murias, a una casa que había sido de mi abuelo y que heredó mi madre”, relata Begoña, que recuerda cómo su abuelo, “como buen maragato, se fue a Madrid con un negocio de pescadería”, y por ello su madre, ella y sus hermanos nacieron ya en la capital.

En Murias de Rechivaldo, en una casa maragata tradicional de mediados del siglo XIX, con su patio interior y sus anchas paredes empedradas, comparten su hogar y su taller con Enol, su hijo pequeño (que aguarda el momento de dar el salto a Madrid como ya hiciera su hermano mayor), dos gatos y Maya, una pequeña perra ciega que Atila encontró abandonada en Altea y que les acompaña desde entonces.


El proceso creativo
Como relata Miguel, su trabajo surge “de la improvisación”. Es él quien, a partir de variadas fuentes de inspiración, decide qué tipo de personaje quiere modelar y, sin dibujos ni bocetos de por medio, se lanza a la creación. A partir de sobres de celulosa de rayón en polvo, compone la mezcla idónea hasta dar forma a pasta de papel que amasa a su gusto, antes de iniciar el modelado. Después de integrar en el rostro los ojos (casi siempre canicas, blancas o negras, que transmiten una viveza poco común a sus miradas), acelera el secado del exterior de la pieza con un radiador antes de vaciar el interior “para eliminar peso” y hacer más fácil el movimiento de las marionetas. Tras dar forma a cabeza, pies y manos del personaje, Miguel inicia el proceso de pintura. La base la trabaja con un aerógrafo para lograr una “textura homogénea”, y a continuación comienza a pintar con acuarela líquida los ojos, la boca y cada detalle, antes de proceder al barnizado y ceder el material a Begoña para que inicie su labor.


Es ella quien realiza el resto de piezas que conforman la personalidad única de todos los seres que salen de su taller: el cuerpo, los brazos y piernas, los trajes y los incontables complementos que convierten cada muñeco en un ser diferente, con su propio carácter e historia personal detrás. “Nunca utilizamos patrón para las partes del cuerpo ni para los trajes”, explica Begoña, que se ocupa también de moldear y peinar el cabello, el bigote o la barba de cada marioneta, a partir de fibras naturales como la lana o el cáñamo.

“Es un trabajo muy creativo”, defiende Begoña mientras Miguel asiente y completa: “Una marioneta es un material muy vivo, le puedes dar cuanto quieras. Además engloba varias técnicas, y los dos estamos haciendo lo que más nos gusta”. Sin embargo, reconocen que el aspecto artesano condiciona su ritmo de producción y eso lastra en cierto modo la creatividad, ya que además muchas veces se ven obligados a ‘repetir’ vagabundos, magos u otros personajes más demandados habitualmente, y eso les deja menos tiempo para dar forma a piezas de inspiración libre que ejecutan por puro placer.

En su repertorio de los últimos tiempos aparecen homenajes a artistas que les han influido como el actor británicoLindsay Kemp (una pieza que han vendido recientemente a Francia), el icono de la música David Bowie, el siniestro muñeco del cine de terror ‘Saw’, o los integrantes del grupo de música experimental de los años 70 The Residents.

“Cada personaje tiene su propio origen. Hace unos años, por ejemplo, tras leer ‘El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas’, de Haruki Murakami, decidí iniciar una serie de personajes inspirados por la ‘little people’ que aparecía en aquella novela, y más adelante seguramente haré alguno basado en Johnny Walker, otro personaje de ‘Kafka en la orilla’. Las conexiones son muchas: puedes crear una marioneta a partir de un tatuaje que has visto en internet o a partir de películas como ‘Nosferatu’, ‘Frankenstein’, ‘El señor de los anillos’ o ‘El laberinto del fauno’”, señala Miguel.

De esta última película crearon meses atrás un ‘hombre pálido’ (el emblemático icono del film de Guillermo del Toro, con ojos en manos y piernas) del que se enamoró Anita, una mujer noruega que compró esa pieza junto a una duende pelirroja. “El perfil habitual del comprador es una persona que se sorprende por tu trabajo, se enamora del personaje y se lo lleva. A partir de ahí, repite muchísima gente. Quienes nos compran son un público fiel, y al cabo del tiempo vuelven a comprarnos, para ellos mismos o para regalo”, añade Miguel.


Presencia internacional

Begoña recalca que, “desde hace unos años”, venden “mucho más fuera que en España”, gracias sobre todo a su portal en la plataforma online de artículos hechos a mano Etsy. “La presencia en internet es un proceso lento y requiere mucho esfuerzo. Es algo que puede funcionar, pero le tienes que dedicar tiempo. A mí me toca modelar, pintar, montar y luego actualizar los portales de internet e intentar mejorar la presencia en buscadores. Si tuviera más tiempo podríamos promocionar más nuestro trabajo, pero no tenemos más capacidad”, resalta Miguel.


En cuanto a su participación en ferias internacionales, desde hace décadas se trasladan todos los veranos a Altea durante varios meses, ya que por allí pasaba una buena cantidad de extranjeros que acaparaban la compra de sus piezas más elaboradas. “Había una muestra de artesanía donde todos los talleres tenían mucho nivel y se vendían bien las piezas caras, pero ya llevamos unos años en los que cuesta cada vez más”, lamentan.

En el extranjero, Andorra, Francia, Irlanda y Alemania concentran sus principales viajes, si bien cada desplazamiento al extranjero acarrea unos gastos en ocasiones inasumibles, que frenan su internacionalización. “En Alemania participamos hace años en laFeria Internacional del Juguete de Núremberg, que es el certamen más grande a nivel mundial del juguete y la muñequería. Tener un expositor allí era carísimo y el viaje también; además apenas había venta directa y casi todo pasaba por grandes distribuidores. Un distribuidor turco nos pidió 300 piezas de cada, pero era algo imposible de conseguir, porque si metes a otra gente a trabajar en el taller las marionetas pierden su esencia”, señala Miguel.

Entre otras cosas, aquella participación les sirvió para distribuir sus productos a FAO Schwarz, probablemente la tienda de juguetes más emblemática de todo el mundo, en la Quinta Avenida de Nueva York, que cerró sus puertas el pasado verano tras más de siglo y medio de historia (en ella Tom Hanks grabó la mítica escena del piano gigante de ‘Big’). “Estuvimos trabajando con ellos un par de años, pero luego comenzaron a pedir más y más exigencias y a poner normas muy estrictas y tuvimos que dejarlo”, completa.

En su opinión, “es muy difícil progresar en España con las pocas ayudas que se dan a la artesanía. Pagamos autónomos como el que más y no tenemos las mismas salidas ni posibilidades para nuestros productos. Ahora mismo las ferias cuestan una barbaridad y no tienes asegurado ningún ingreso, y luego paga autónomos, compra los materiales, búscate la estancia... Yo he pasado muchísimas navidades durmiendo en la furgoneta, pero llega un momento en que el cuerpo ya no lo permite”.


El precio
Las marionetas que en estos momentos tienen a la venta cuestan entre 130 y 350 euros, cantidades que ellos entienden que para mucha gente en España, en estos momentos, es prohibitiva. “Es complicado ponerles precio después de todo el tiempo que les dedicas y tenemos que adaptarnos a los precios del mercado, aunque si comparas piezas con una calidad más o menos similar a las nuestras, vendemos bastante barato”, señala Miguel.


Él recuerda que, tiempo atrás, hicieron guiñoles de mano que eran bastante más baratos, pero el trabajo era “muy repetitivo y cansino”, hasta el punto de no compensarles. “El problema es que no sabemos hacer cosas baratas”, retoma Begoña, “porque incluso esos guiñoles se modelaban y pintaban uno a uno, y cada traje tenía detalles diferentes”. “Cada vez te complicas más”, confiesa reconociendo que son incapaces de no trabajar al detalle cada pieza.

Tras aquella etapa decidieron centrarse en las piezas más grandes, una especialización con la que Miguel considera que acertaron, ya que “la gente a la que le gusta la muñequería aprecia mucho” sus productos. “A los rusos y la gente de los países del Este, que tienen una gran tradición de marionetas, les gustan mucho”, detalla.

Entre las claves para que cada personaje tenga una personalidad propia, Miguel lo tiene claro: “Dedicarle a cada una el tiempo que necesite”. “Yo nunca planifico el tiempo que le voy a dedicar a cada pieza. Hasta que no estoy conforme con el modelado no avanzo al siguiente paso, y si no estoy conforme con lo que estoy consiguiendo, tengo que desechar la pieza. Con la pintura pasa lo mismo: si me sale mal, si puedo lo corrijo, y si se me estropea hay que tirarla”.

Begoña reconoce que, tras todo el tiempo que le dedican a cada pieza, en ocasiones les cuesta desprenderse de alguna, ante lo cual Miguel enseguida toma la palabra con una sonrisa amarga: “Más doloroso es ir al supermercado y no poder pagar, o que te llegue un pago urgente que no puedes afrontar”.


domingo, 14 de agosto de 2016

NOTICIA: Tejiendo una vida

El Museo de La Comunal y el Batán, en Val de San Lorenzo, siguen siendo testigos vivos del paso del tiempo y del devenir de un oficio manual que hoy mantiene posiciones. Pueblo maragato de antiguos arrieros y de artesanos. Museos que repasan una importante colección de fotos y maquinaría. Antigua, sí, pero aún hoy empleada por los maestros que siguen tejiendo vida entre la trama y las urdimbres de las mantas de siempre.

Tejiendo una vida.-
A.G. VALENCIA
diariodeleon.es
Una enorme puerta azul nos dice que hemos llegado. Un parada un vistazo y adelante. Es el Centro de Interpretación Textil La Comunal, un museo que transporta en el tiempo. Las enormes vigas, la luz y hasta el ambiente marcan el camino. Estamos en Val de San Lorenzo. La sala, en un edificio construido en los años 40 por la Sociedad Comunal de Artesanos, guía al curioso entre máquina y máquina explicando todo el proceso intermedio que aquí se llevaba a cabo. Hablamos de deshacer, cardar e hilar la lana.


Los antiguos telares se dan la mano con una colección única de fotografía, editada en dos publicaciones: El carro chillón y algo más I y El carro chillón y algo más II. Son imágenes tomadas en el verano del 26, cuando los alumnos de la Escuela de Cerámica de Madrid recalaron en la localidad. Las fotografías guardan una excelente calidad, al haberse conservado durante décadas sin ver la luz. Fueron descubiertas por Concha Casado. En ellas, se ve a los alumnos y profesores mimetizados con la vida y las gentes del pueblo. Gentes maragatas, antiguos arrieros, siempre artesanos. Es especialmente curiosa, una acuarela basada en una de esas instantáneas de Aniceto García Villar. Se trata de un trabajo, inacabado, del primer director de la Escuela, Francisco Alcántara. Cuentan que era amigo de Sorolla y que luz del pintor valenciano se aprecia en la acuarela del Val. También cuentan que Sorolla asesoraba de dónde podían realizarse los cursos de verano y se sabe que el artistas visitó Astorga, quien dice que en aquel viaje no quedará prendado de la Maragatería.

La maquinaria antigua, la luz, las vigas, el ambiente... todo marca el camino por un trazado donde la fotografía y los telares se dan la mano. Es La Comunal, el museo que abarca el proceso intermedio del trabajo textil. Un oficio de siglos que sigue en pie. El Batán marca el comienzo y el final del trabajo. Un lugar con encanto aún hoy empleado por los artesanos. Una visita obligada, un museo vivo.

Entre la influencia de Sorolla, las fotos del 26 y los curiosos ventanales por donde entra la luz necesaria se suceden las máquinas que hablan de la evolución del oficio. Explica Miguel Ángel Cordero, conservador del museo, que tras cardar e hilar, marcar la trama y la urdimbre la pieza pasa a los telares. Y aquí La Comunal conserva un primer telar mecánico. La tecnología y los viejos usos se alían con la historia. Nos narra que José Cordero Geijo y su hijo, allá en el XIX —coincidiendo con una grave crisis en el sector— viajaron a Palencia para conocer in situ la técnica empleada allí en el textil. Seis meses les valieron para volver al Val y dejar la impronta de aquellos telares, que aún hoy se conservan.


La Comunal abraza ese proceso intermedio del trabajo de la lana. Por eso la visita comienza en el Batán, un lugar con encanto que nadie en el pueblo ni del oficio conoce así. Lo llaman Pisón, dice Cordero, por la técnica de pisar la lana húmeda en la Edad Media. Todavía hoy es empleado por artesanos y maestros y es el único, de cuantos hubo en el Val a orillas del rió, que se conserva en pie. Data del siglo XVIII y aquí es donde se lavan los vellones y se pisan. Después llega el trabajo intermedio para, al final, volver al Batán, curiosamente principio y fin de todo el proceso. La historia nos da la mano.

domingo, 31 de mayo de 2015

NOTICIA: FILANDO TRADICIONES

Ramiro-
bartolomé pérez 31/05/2015
diariodeleon.es

El historiador griego Plutarco, que vivió entre los siglos I y II de nuestra era, describió en su obra Moralia una curiosa costumbre nupcial de la antigua Roma que consistía en que a las novias recién casadas se les ponía una rueca en el umbral de la puerta de la casa del marido para que ese utensilio fuera lo primero que vieran al entrar en el que iba a ser su nuevo hogar, simbolizando así su recién estrenado estatus social y la laboriosidad que de ellas se esperaba.

Diversos testimonios indican que en el pasado siglo dicha tradición se mantenía viva de alguna forma en varias comarcas leonesas como en La Maragatería, donde la madrina de boda solicitaba dinero a los invitados a la ceremonia para «la rueca y el huso» de la recién casada, o en La Cabrera donde algunos miembros de la comitiva nupcial que acompañaba a los contrayentes portaban ruecas.

El sacerdote Wenceslao Bardón señalaba que en los pueblos del centro de la provincia de León rueca y huso eran antiguamente el regalo del novio a la novia el día de la boda. Ciertamente, hasta hace pocas décadas rueca y huso fueron herramientas inseparables de las mujeres y mozas leonesas del medio rural ya que el hilado era una actividad a la que las mujeres se entregaban desde la infancia y hasta la ancianidad, y a esta labor se dedicaban mientras pastoreaban o charlaban a la puerta de su casa.

Alrededor del hilado también se tejió un enorme patrimonio inmaterial cuyo eje central fueron las veladas dedicadas a la hila que en nuestra tierra recibían el nombre de filandones, palabra que deriva del verbo leonés «filar» (hilar).

Los filandones eran reuniones nocturnas de mujeres que se juntaban para hilar, coser y tejer, y que se celebraban durante los meses más fríos del año al calor del fuego encendido en el llar de las antiguas cocinas leonesas, aunque también podían tener lugar en sitios tales como majadas, cuadras, cabañas o en la casa del horno comunal. Conviene recordar que en los filandones bullía un espíritu festivo pues al calor del fuego las mujeres cantaban, se gastaban bromas, se practicaban juegos, se recitaban romances o se contaban narraciones tradicionales, anécdotas e historias; en muchos pueblos ciertos días además se bailaba.

La prohibición: En el Libro de Fábrica de la iglesia parroquial de Estébanez de la Calzada se recoge la siguiente prohibición del sacerdote local en el año 1649: «Habiéndose informado que todavía se mantiene el abuso de los filandones, juntándose en ellos hombres y mujeres, sin embargo de las continuas providencias (...) que el dueño de la casa donde se hicieren se le multe con 4 ducados de vellón para la luminaria del Santísimo.» No es el único testimonio que tenemos en este sentido ya que el Obispo astorgano Bermúdez y Mandiá en un auto de visita al pueblo cepedano de Tabladas en 1729 decretaba: «Manda S. Ilustríssima al Cura evite el pernicioso abuso de los filandones en lo que concurren mozos y mozas de este lugar y demás barrios de su Feligresía, pena de Excomunión Mayor.» El obispo ordenaba que al propietario de la casa donde se celebraban los filandones se le impusiera? multa económica, incluso pena de prisión. Contrasta esta represión de los siglos XVII y XVIII con la visión más amable de esta costumbre que se refleja en la literatura etnográfica leonesa a partir del siglo XIX, donde los filandones fueron alabados

viernes, 16 de enero de 2015

NOTICIA: «Concha Espina dio a Astorga y a la Maragatería una dimensión mundial»

Juan Carlos León Brázquez expone una colección única sobre ‘La Esfinge Maragata’.

diariodeleon.es

A.G. VALENCIA | ASTORGA 14/01/2015

80 ejemplares de la novela completan una colección única y visitable en Astorga
En 1915 Concha Espina se alzó con el premio Fastenrath con La esfinge maragata, ahora un siglo después Astorga rinde homenaje a la escritora y cierra el centenario de la publicación de la novela y de la concesión del galardón con una exposición única que recorre el periplo mundial de la obra a través de una colección del periodista Juan Carlos León Brázquez, quien ha cedido por primera vez todos los volúmenes que atesora sobre la novela. En total son ochenta ediciones de la publicación, algunas procedentes desde México y Argentina, otras escritas en alemán, inglés o italiano y cinco de las primeras que se publicaron. La sexta será donada al Ayuntamiento por el coleccionista.
Cuenta Brázquez que su admiración por Concha Espina y La esfinge maragata surgió hace años, tras proponerse investigar en qué año la escritora viajó a Huelva —tierra natal del coleccionista— concretamente a las minas de Riotinto, donde se inspiró para escribir El metal de los muertos, la otra obra cumbre, según los estudiosos, de la escritora. De aquella aventura por el mundo de Concha Espina, el periodista logró, además de su objetivo, engancharse a la novela que la escritora situó en la Maragatería. De ahí nació su interés y a lo largo de los tres últimos años ha sido un asiduo a las librerias de ejemplares antiguos para dar con las ediciones más significativas de La esfinge maragata, de la que atesora 80, de un total de 500 libros de la autora.
«La esfinge maragata es la novela del campesino», dice Brázquez, mientras que «El metal de los muertos es la de los mineros», continúa. El periodista sabe que Astorga le debe mucho a Concha Espina «con la obra y su trabajo dio una dimensión internacional a la ciudad y a la comarca». En aquel entonces la novela se tradujo a varios idiomas y recaló con fuerza en Estados Unidos. «Eran tiempos en los que existía una gran interés por la etnografía», asegura el padre de la exposición, que cuenta que tras la publicación la escritora fue nombrada miembro de honor de la Hispanic Society of America. «No dudo de su influencia para que la fotógrafa Ruth Matilda Anderson viajara en varias ocasiones a León para fotografíar Astorga y la Maragatería. Tanto que hoy la Sociedad guarda uno de los archivos de fotografía más importantes sobre la zona», dice.
La capital maragata también debe a la escritora el empujón que dio a Gerardo Diego para que visitara la ciudad. Un viaje que fue el germen de la Escuela de Astorga.
Aunque La esfinge maragata causó revuelo en su época y no fue del agrado de todos, Concha Espina plasmó sin influencias, es más in situ, la vida de una de las comarcas más emblemáticas de la ciudad. Inventó como escenario Valdecruces, que ahora un siglo después vuelve a cobrar vida.
Entre las curiosidades de la exposición, que puede visitarse en la sala de biblioteca y cuenta con el impulso del Ayuntamiento, destaca uno de los primeros ejemplares de la novela, firmado por Guidoiro, quien fuera presidente de la Diputación. Además, destaca como en otros idiomas la obra se tradujo bajo el título de Mariflor, el nombre de la protagonista.
Concha Espina escribió a caballo entre el XIX y el XX y murió sin ganar el Nobel, «por puro machismo», confiesa Brázquez, pues fue la Academia la que le negó el voto para alzarse con el galardón. Aún así conquistó otros premios y posicionó a la ciudad en el centro del universo a través de sus letras, que ayer también llegaron a los estudiantes y los ciudadanos a través de las charlas del periodista.
80 ejemplares de la novela completan una colección única y visitable en Astorga
La exposición ha tomado cuerpo en la sala de la biblioteca, donde puede hacerse un recorrido por la proyección mundial de la novela a través de las 80 publicaciones de ‘La esfinge maragata’ que se exponen. La vida y obra de Concha Espina también llegó a los estudiantes y ciudadanos, gracias al Ayuntamiento y a Brázquez que desgranó su saber sobre la autora.

viernes, 9 de enero de 2015

NOTICIA: Enigma tallado

Es un misterio tallado en piedra, un enigma cincelado sobre una losa. Los hombres prehistóricos dejaron en mitad de Maragatería su rastro. Sobre una especie de altar, orientado al Teleno, el monte de los dioses astures y romanos. En un paraje único. El arcano de aquellos primeros hombres escrito en la roca. Son los petroglifos de Peñafadiel.
 
J.C. CAMPOS-

SUSANA VERGARA PEDREIRA 09/01/2015
Nadie sabe qué significa este mensaje encriptado que los antepasados del Neolítico tallaron en la piedra para asegurar quizá su eternidad. Cinco mil años de secreto, misterio escrito en la roca.
En mitad de la Maragatería. En un paraje dominado por el Teleno, en campo abierto, alzado sobre una inmensa llanura.
 
Se llega por la carretera que parte de Castrillo de los Polvazares rumbo a Filiel. Antes de llegar al pueblo, un camino de tierra conduce directo a los petroglifos de Peñafadiel. No es fácil encontrarlo. Tal vez eso protegió su supervivencia. Eso y el silencio de sus vecinos.
 
Antes de que los científicos llegaran al lugar, los habitantes de la zona sabían de la existencia de estos misteriosos grabados. De generación en generación pasó el relato de la extraña escritura en piedra.
 
Asombra el paisaje. Y el lugar escogido. Laberintos y cazoletas impresos en una ‘mesa’ pétrea que se alza a manera de altar sobre una llanura que se extiende hasta la sombra del Teleno, el monte donde moraban las deidades astures y luego las romanas. Quizá fuera este lugar de culto para los primeros moradores de esta tierra antigua. Quizá se arengara desde allí a los guerreros o se implorara la ayuda de los dioses para garantizar la supervivencia. Tal vez fuera el lugar elegido para los ritos mágicos de la fertilidad. O una representación solar, una especie de calendario agrícola para una sociedad que dependía de la naturaleza para vivir. O el ‘sagrario’ donde llevar a cabo ritos de iniciación.
 
Cinco mil años después se mantiene el misterio. Porque estos grabados hechos en piedra no son sólo una magnífica muestra del arte rupestre en la provincia, también contienen unos laberintos que podrían ser los más antiguos del mundo. No hay ninguno similar a estos en todo el mundo, seis laberintos prehistóricos juntos para los que aún no existe una explicación científica y sí muchas hipótesis.
 
RAMIRO-
 
Junto a ellos, una inscripción en forma de cartel intenta situar al viajero, una somera explicación para intentar comprender la grandeza de lo que se ve. En las dos grandes losas de Peñafadiel orientadas al Teleno, a quien rinden culto, aparecen los laberintos y cazoletas tallados sobre roca moraliza, que conforma la orografía de la zona.
 
Ahí está cincelado el gran enigma, una cruz de brazos iguales, un surco que desemboca en un haz de líneas y una especie de hoja. Unos dibujos para los que no hay solución.
 
Nadie sabe por qué los hicieron ni para qué. Tampoco cómo. Sorprende su perfección, el trazo artístico pero no el lugar elegido.
 
Desde antiguo, ha seducido al hombre el monte que domina Maragatería desde 2.188 metros de altura, el mirador de los dioses en esta tierra de leyenda, con sus nieves casi perpetuas y los arroyos bajando por sus laderas, el lugar donde se hicieron ofrendas al dios de la guerra, sacrificio de machos cabríos, caballos y quién sabe si también prisioneros, de estelas funerarias indígenas y culto a Minerva, Zeus Serapis y Marte Tileno.
 
A su sombra, hace miles de años, escribieron los hombres en piedra su destino.

jueves, 11 de octubre de 2012

CONFERENCIA “JOYERÍA LEONESA TRADICIONAL reinterpretada”




Investigador : José Ramón Ortiz del Cueto
Director Museo Etnográfico Provincial de León

Lunes, 15 de octubre 2012
12:00 horas

Lugar:
Museo de Artes y Tradiciones Populares
Centro Cultural La Corrala
C/ Carlos Arniches 3-5
Madrid


La conferencia “Joyería Leonesa Tradicional Reinterpretada” que ofrece D. José Ramón Ortiz del Cueto, Director del Museo Etnográfico Provincial de León, se enmarca dentro del Ciclo de Conferencias programadas en relación a la Exposición “Abuelas y nietas: La cadena de la vida. Trabajo, matrimonio y familia en la Maragatería” (15 de octubre al 21 de diciembre 2012).

La Exposición se podrá visitar en el Museo de Artes y Tradiciones Populares, Centro Cultural La Corrala en Madrid. Esta exposición ha sido organizada por Cristina Bernis Carro, Catedrática de Antropología Física de la Universidad Autónoma de Madrid, Directora del Instituto Universitario de Estudios de la Mujer hasta el año 2008 y maragata de origen. Su trabajo se ha centrado en el ámbito de la ecología humana, analizando el cambio ambiental reciente y sus consecuencias sobre la biología y salud de las mujeres y sus descendientes en diferentes momentos del ciclo vital.

Se exponen algunos documentos originales o copias de hijuelas, registros matrimoniales de consanguinidad, contratos de pastoras o sirvientas etc., además de piezas y fotos de la zona.


miércoles, 12 de octubre de 2011

NOTICIA: Pasado y futuro de la Maragatería.

El autor de la investigación señala que los pueblos de Maragatería sólo podrán salvarse si son capaces de dar un salto al sector terciario de la economía basándose en el turismo, a través de la creación de un Parque Cultural o Patrimonial.

Pasado y futuro de la Maragatería ( Leonoticias.com - 11/10/2011 )

Pablo Alonso González ha realizado una completa investigación recopilada en el libro “Etnoarqueología y gestión del patrimonio cultural: Maragatería y Val de San Lorenzo”, editado por la Universidad de León. Se ha tratado de estudiar lo maragato a través de su realidad económica y funcional, pero también intentando penetrar en su complejo mundo de símbolos y mitos.

Un cosmos idílico que a muchos hoy parece bello y bucólico: los trajes, las casas, los relatos de viajeros, las extrañas tradiciones... Una aparatosa estructura tras la que se oculta un mundo sumamente ordenado y controlado holísticamente, un mundo donde el movimiento, en todos sus sentidos, físico, social y económico, era imposible excepto para los arrieros.

Los maragatos llegaron a instaurar un férreo reinado codificado en símbolos que reproducían y potenciaban a través de la cultura material el orden social establecido. Las danzas, un mecanismo de dominación y exposición del poder y la riqueza. Las casas, una jaula para la mujer y refugio del linaje familiar. Las tumbas, mausoleos a los reyes de la Maragatería. La dinámica postmoderna y su reapropiación de símbolos tiende a remitificar lo maragato, pero habiéndolo ya despojado de sus más lóbregos y tenebrosos hábitos.

La emigración también ha sido objeto de estudio. El éxodo de gentes del Val hacia el nuevo mundo fue un importante trauma socio-cultural. La influencia que el proceso ha tenido en la historia del pueblo ha sido muy importante. En la emigración se jugaban las cartas del progreso en el propio pueblo y el modo en que progresar: desde Argentina llegaban ideas cooperativistas de tendencia socialista, mientras de Cuba el mensaje era de ahondar en un capitalismo más agresivo e individualista.

Pese a las distintas versiones, todos ellos representaban una misma voz: la de la modernidad y el progreso. El diálogo mantenido de una parte a otra del Atlántico fue sin duda acostumbrando al pueblo a la modernidad y a nuevos conceptos que a otras zonas vecinas llegarían más tardíamente, como la higiene, el consumo o los modos urbanos.

Los maragatos llegaron a instaurar un férreo reinado codificado en símbolos

En Val de San Lorenzo la Edad Moderna no llegó con la conquista de América, ni la Contemporánea con la Revolución Francesa. En Val de San Lorenzo el uso habitual del metal llegó en 1950, junto con el vidrio. Las solidaridades propias del sentimiento comunitario del Antiguo Régimen se mantuvieron durante mucho tiempo y la sociedad Comunal sólo acabó por descomponerse, ya en la ruina económica, a comienzos de los 90 del siglo XX.

Pero la modernidad llegaba imparablemente, nos explica Alonso. Podía entrar por la puerta principal de la casa en forma de telar mecánico, o por la parte de atrás, como un cuarto de baño. Algunos de los antiguos artesanos modestos hicieron grandes fortunas, igualándose con las antiguas clases acaudaladas y expresando su poder en grandes casas de ladrillo y cemento.

Proyección

Las perspectivas no son demasiado halagüeñas. Envejecimiento de la población y disminución paulatina de toda actividad económica son los dos factores esenciales de su decadencia.

En Val de San Román y Lagunas de Somoza la situación es aún peor ya que no existe actividad económica. Es factible que el pueblo también se convierta en destino de una población neorrural en busca de segunda residencia, aunque en esto encontrará más dificultades que los otros dos pueblos del municipio por su peor conservación del ambiente rural y la arquitectura tradicional.

Si el Val de San Lorenzo era y es conocido a nivel provincial, regional y quizás nacional es por su ancestral actividad textil. La artesanía, una vez transformada en industria, tuvo su auge en los años 50 y 60 en pleno desarrollismo de la España franquista. Diversos factores quebraron poco a poco la industria valura. Una industria que no pudo, o no supo, comprender la complejidad de los nuevos mercados.

El Museo Textil debería de jugar un papel fundamental como valor añadido al producto textil

Quizás la única posibilidad de futuro pase por la vuelta a la artesanía. El Museo Textil habría de jugar también un papel fundamental como representante del pueblo en el exterior, y como propio valor añadido al producto textil. Otra posibilidad es que el propio Museo se hiciese cargo de potenciar una marca y vender por sí mismo haciendo pedidos a los productores. Pero para ello se requiere una inversión y una gestión económica profesional de la que carece.

Pablo Alonso advierte de que el negro panorama trazado parte de la idea de que no se va a actuar ni se van a tomar medidas correctoras. Pero pensando en positivo se cuenta con un proyecto de financiación europeo y una riqueza patrimonial y natural envidiable.

El autor es de la idea de que los pueblos de Maragatería sólo podrán salvarse si son capaces de crear y gestionar un proyecto común dirigido a dar un salto al sector terciario de la economía basándose en el turismo, a través de la creación de un Parque Cultural o Patrimonial. Se trataría de buscar apoyo financiero, dotarse de una gestión profesional y estar abiertos a cualquier nueva opción que se presente. No sería esta la opción del lucro y la ambición, se trata tan solo de una cuestión de supervivencia.

sábado, 11 de diciembre de 2010

NOTICIA: Una muestra de documentos rescata la historia arriera.

Una muestra de documentos rescata la historia arriera ( Diario de León - 11/12/2010 )

La Asociación de Amigos de Santiago Millas cerrará hoy la exposición Arrieros Maragatos. Su vida e historia en los documentos que desde hace unos días permanece en la Biblioteca Municipal de Astorga. La muestra pretende difundir la historia de la Maragatería a través de fotografías y documentos de los siglos XVIII y XIX.

Los fondos, en parte recopilados de entre sus archivos familiares y en parte reunidos por el escritor y archivero diocesano José Manuel Sutil, son partidas de nacimiento, documentos matrimoniales y actas de defunción, así como toda clase de legajos de índole laboral y de negocios, todos ellos acompañados de su correspondiente explicación. La exposición, de la que Sutil es comisario, incluye también fotografías antiguas y paneles explicativos.

La muestra, que pretende dar a conocer a los primeros habitantes de la Maragatería, puede ser visitada hoy de 19.00 a 21.00 horas.