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sábado, 16 de julio de 2016

NOTICIA: El alma de los pueblos

El documental ‘La Voz del Concejo’ que se estrena este sábado en la Fundación Cerezales Antonino y Cinia repasa la vertiente cultural de las juntas vecinales para poner en valor la importancia de esta administración.


Uno de los concejos de vecinos celebrados en la localidad leonesa de Truchillas
 y que forma parte del documental que se presenta hoy en
Cerezales del Condado. | ASOCIACIÓN FACEIRA

Cristina Centeno | 16/07/2016
Las juntas vecinales son en la gran mayoría de pequeños pueblos que se reparten por el norte del país, muy especialmente en la provincia de León, su verdadero alma. La administración más cercana a sus habitantes y una forma de ‘ordenar’ lo comunal. 

Solo en territorio leonés hay un total de 1.231 entidades locales menores, el órgano administrativo de cada pueblo que hace algo más de cuatro años vio amenazada su existencia por una nueva reforma local. Fue entonces, en el año 2012, cuando surgió un gran movimiento en su defensa y cuando la Asociación Leonesa Faceira encargó a la productora leonesa Bambara Zinema la realización de un pequeño vídeo de difusión en defensa de esta administración. 

El documental que se presenta este sábado tiene una duración de 70 minutos, pero la investigación seguiráPero los cinco minutos iniciales se quedaron cortos y, desde entonces, se lleva cuatro años realizando una investigación que ha recorrido localidades de todo el norte de España y ha llegado hasta Portugal y que este sábado se presenta en forma dedocumental en la sede de la Fundación Cerezales Antonino y Cinia bajo el título ‘La Voz del Concejo’. Fue precisamente la organización de Cerezales del Condado la que dio el impulso económico a la grabación de este montaje, gracias a un convenio de colaboración en el que también estuvo la Confederación Española de Centros y Clubes Unesco.

La presentación será este viernes a las 21:30 horas en el patio de la Fundación Cerezales Antonino y Cinia, previo coloquio de los realizadores. Tiene una duración de 70 minutos pero la investigación no se cierra aquí, si no que continuará alargándose en el tiempo, para lo que buscan patrocinadores. 

La investigación nació en 2012 cuando una reforma amenazaba con eliminar las juntas vecinalesIsabel Medarde es una de las personas más involucradas en este proyecto, junto a Sergio González, ambos de Bambara Zinema, y Ricardo Chao y Teresa García, de la Asociación Cultural Faceira. Además, otras personas han colaborado con ellos a lo largo de todo este viaje, en el que han realizado "mucho trabajo", reconoce Medarde, que asegura que no han recibidoningún tipo de subvención pública para llevar a cabo el proyecto que se desarrolla en formato ‘web-doc’ para que pueda continuar y no haya límite espacial ni temporal. 

‘La Voz del Concejo’ se centra en la vertiente cultural de las Juntas Vecinales en España, prestando especial atención a la provincia de León, donde han grabado en multitud de localidades, como Villanueva del Condado, Truchillas o Barrio de la Puente: En esos pueblos han presenciando concejos abiertos –"algunos muy polémicos", asegura Medarde–, hacenderas, la vecera, suertes de leña y otras costumbres, además de recoger testimonios de las personas que están implicadas día a día en la vida de las pequeñas localidades.

De este modo, se contribuye al registro y documentación de la historia de los concejos y su situación actual, buscando la protección delpatrimonio cultural. El fin último de este proyecto es esclarecer qué son los concejos, cómo se organizan, cuál es su historia, dónde existen y por qué es importante defenderlo e intentar evitar su desaparición, puesto que sirven, incluso, como modelo para una sociedad cada vez más carente de valores colectivos. "Son la democracia", asegura Medarde, enganchada a un proyecto que "me ha enamorado", reconoce. 

Podrá verse en el mes de agosto en otras localidades, ya que está en el programa ‘León Film Rural’ del Musac. En las Juntas Vecinales de León es donde más grabaciones se han realizado –constituyen un tercio de todas las entidades locales menores del Estado–, pero el equipo ha realizado el documental también en Portugal (Cicuiro, Tierra de Miranda), Cantabria, Álava y Navarra, y figuran entrevistas a representantes de distintas asociaciones y pueblos procedentes de Galicia, Asturias, Palencia y Burgos.

Paralelamente a este trabajo documental, se está llevando a cabo la labor necesaria para solicitar la declaración de los concejos comoPatrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. 

El recorrido de este proyecto en curso le ha llevado a participar en otros festivales y ciclos como ‘Sendas’, de la Fundación Cerezales, los cursos de verano de la Universidad de León, donde participaron el año pasado en ‘Educar para preservar el patrimonio’ o ‘León va de cine’ en el Hogar de León en Bilbao. Además, todos los que quieran ver el documental podrán hacerlo durante el mes de agosto, además de este sábado en Cerezales, ya que forma parte del programa del II Ciclo Itinerante ‘León Film Rural’, que organiza el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León, Musac, y que recorrerá varias localidades. 

Hoy en día, cuatro años después de aquella amenaza, las entidades locales menores ‘respiran’ con calma –aunque tienen la obligación de presentar sus cuentas para no desaparecer– y ‘La Voz del Concejo’ continuará registrando las costumbre de los pueblos que giran en torno a esta administración.

martes, 7 de enero de 2014

NOTICIA: Así se gobernaban los pueblos

El rescate y edición de las Ordenanzas de Abelgas de Luna prueban cómo el concejo regulaba antaño cada detalle de la vida cotidiana y el uso racional de los recursos.

El viejo crucero ubicado junto a la puerta de la iglesia.club xeitu


Cómo y cuándo se podía cortar leña del monte. Cuánto debía pagar el infractor o aquel que prendiese fuego sin causa justificada. Qué ganado componía cada vecera y quién debía hacerse cargo de ellas. De qué tipo de impuestos estaban libres los ‘pobres de solemnidad’ y cómo podían ayudarles el resto de los vecinos...
Las ordenanzas de Abelgas de Luna constituyen, y lo dice el autor del libro, «un material inédito y un interesantísimo ejemplo de ordenamiento concejil en la Montaña Occidental durante el siglo XVIII». Pablo García Cañón, natural de Salientes, licenciado en Geografía e Historia y profesor del IES Obispo Argüelles de Villablino, ha sido el encargado de redactar el estudio previo y de transcribir estas antiguas leyes a partir de documentos rescatados por el Club Cultural Xeitu para producir un libro (tercero de los Breviarios del Cuvachín) que da buena cuenta de cómo se han venido organizando por sí mismos nuestros pueblos antes de la llegada de la modernidad.
Sin partidos políticos y mediante usos asentados en el perfecto conocimiento del terreno, la localidad montañesa regulaba —entre todos los vecinos y con ayuda de derecho consuetudinario a veces puesto por escrito tal y como revela este libro— cada brizna de hierba y cada porción de terreno fértil para procurar el más perfecto equilibro entre presencia humana y equilibrio natural. De este modo, las ordenanzas «por las que se rige y gobierna la villa de Abelgas, concejo del mismo nombre, Montañas del Reino de León» —como reza el texto original— «constituyen una fuente histórica y documental de gran valor que nos permiten conocer en profundidade los numerosos parámetros sociales y económicos que rigieron aquellas sociedades campesinas del occidente astur-leonés en el Antiguo Régimen», continúa en el estudio preliminar Pablo García Cañón.
En concreto, el volumen recupera el concejo general, reunido a toque de campana, celebrado en Abelgas el 30 de diciembre de 1759, estando presentes el juez ordinario (Juan Álvarez de Omaña), el síndico general (Pedro Álvarez), el escribano (Baltasar Alejo Flórez), dos regidores (Domingo Álvarez y Manuel Álvarez) y otros tantos vecinos, quienes acuerdan encargar a Andrés Álvarez y Francisco Álvarez Melcón que procedan a redactar las ordenanzas, «por ser ambas personas de la más satisfación e inteligencia». Posteriormente, este cuerpo legislativo, como repasa García Cañón, «debía ser refrendado por los vecinos en concejo». Se suceden a continuación 85 capítulos en los que se regulan «con una meticulosidad y casuística abrumadora, aspectos diversos del comportamiento de una comunidad en los múltiples campos de la vida cotidiana».
De la vecera al monte
Veamos unas muestras. Si el lector se fija en las veceras, comprobará que en Abelgas había, al menos en esa época, «vecera de vacas, añojos, yeguas, cabras, ovejas, carneros, machos cabríos, corderos machos y lechones, quedando exento de vecera los gochos, el caballo de silla del párroco, un caballo padre, los toros destinados a cubrición, un verrón y las dos reses que se le concedían al vecino que tenía el perro mastín».
O por ejemplo los pastos, como las boerizas, que eran los de mejor calidad, allí donde pastaban los bueyes de labor. En las ordenanzas existen normas muy detalladas «de su acotamiento, de las fechas a partir de las cuales esta clase de ganado puede pastar en esos lugares y de otras cuestiones —narra el autor—. Por ejemplo, se establece que los bueyes puedan entrar en las boerizas a partir del día de Nuestra Señora de Septiembre; sin embargo, la normativa prohíbe bajo fuertes penas pecuniarias la introducción de otra clase de ganado, tanto de la villa como foráneo, salvo los toros ya capados, y esto sería del ocho de septiembre en adelante».
Especial cuidado observan estas leyes a la hora de mantener en buen estado los montes: «Se sanciona a las personas que incendien el bosque y se establecen cotos de madera en los que ésta no se puede coger sino es con permiso expreso del concejo», ejemplifica García Cañón, haciendo ver que las disposiciones forestales giran en torno a dos preceptos: potenciar la plantación de masas arbóreas y promover su conservación. Se obliga a los vecinos a plantar al menos tres plantas de álamo o de otra especie cada año, penaliza la deforestación incontrolada y los incendios, etc. Sin embargo, en ciertos parajes «se autorizaba talar madera cuando se construyese una casa nueva, para arreglar alguna que corriese peligro o por extrema necesidad». Todo, así pues, bien razonado y explicitado.
El arriendo de los puertos a los rebaños trashumantes de ovejas merinas (que anualmente rendían a Abelgas la nada desdeñable cantidad de 12.750 reales de vellón), el vino (la única taberna del pueblo no podía quedarse sin suministro más de ocho días y no podía negar la venta de vino a nadie, excepto pasada la medianoche) son otros asuntos de los muchos incluidos, algunos de ellos tan curiosos como el hecho de no permitirse en la villa la presencia simultánea de más de dos mastinas, para evitar así que los machos abandonasen sus lugares de vigilancia y se enzarzasen en peleas durante la época de celo. Además de eso, se penalizaba sabiamente «a todo aquel vecino o forastero que de cualquier forma maltratase a estos animales».