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miércoles, 13 de noviembre de 2013

PIEZA DEL MES: NOVIEMBRE 2013

“PIEDRA DEL RAYO. La Meteorología Popular”.

Investigador: Francisco Javier Rúa Aller. Etnógrafo y Profesor del Departamento de Biología Molecular ULE.

Sábado, 16 de Noviembre 18,00 h.
Patio Espacio Peregrino. Planta Baja. Museo Etnográfico Provincial de León.
Mansilla de las Mulas. Actividad Gratuita

En la Semana de la Ciencia y en coincidencia con los augurios climatológicos matanciles que comienzan con San Martín, el Museo Etnográfico ofrece dentro del Programa de la PIEZA DEL MES, un esperado análisis y conferencia sobre uno de los objetos más populares a la vez que más simbólicos en el ideario popular, y que por lo prehistórico de su factura e historia, aparece rodeado de un halo de misterio de caracteres mágico protectores naturales relacionados con las tormentas para las sociedades agropastoriles tradicionales.

Un consagrado especialista en meteorología popular y especialmente recopilador en refranero popular del tiempo como es el profesor D Javier Rúa, nos introduce en la Meteorología popular, donde la preocupación por los cambios atmosféricos ha estado presente en el hombre desde los tiempos más antiguos, debido a la finalidad práctica de su influencia sobre las cosechas y la obtención de pastos para la alimentación del ganado.

Los instrumentos empleados fundamentalmente eran las observaciones directas de los cielos, a veces en determinadas épocas del año, el comportamiento de los vientos, la humedad de la tierra, etc. Muchos de estos conocimientos populares sobre el tiempo atmosférico tienen su base real y se han ido manteniendo porque tenían sus visos de certeza o cumplimiento.

Los pronósticos meteorológicos, que ha establecido desde siempre el hombre del campo, pueden ser a corto, medio o largo plazo. Los primeros de ellos están relacionados esencialmente con la llegada de las lluvias y están basados en las señales del cielo (los arreboles del amanecer o el ocaso, la presencia del arco iris, los halos de Sol o de Luna y el brillo de las estrellas); las nubes, nieblas y vientos (las nubes de dirección, los altocúmulos o “borreguitos”, las “nubes en toca” (nieblas en lo alto de las montañas), los vientos cargados de humedad; el comportamiento de los animales (insectos, pájaros y otras aves, como gallos y gallinas; el uso de sanguijuelas y ranas como barómetros vivientes) y pronósticos por el entorno cercano (burbujas en los charcos, señales del aumento de humedad en las casas (se desprende el hollín, chirrían las maderas, las piedras se llenan de humedad, …; también en algunas casas se emplean higrómetros sencillos como “el fraile del tiempo”, el “gallo de Portugal”). Los pronósticos a medio plazo están basados en la memoria y se conserva lo acontecido en otros años por medio de refranes: “Cuando marzo mayea, mayo marcea”, “Santos al sol, Pascuas al rincón”, “Buen tiempo en septiembre, mejor en diciembre”, “La luna de octubre, siete lunas cubre”, etc. Finalmente, los pronósticos a largo plazo se basaban mayoritariamente en las “cabañuelas”, “cabichuelas” o “surtimientos”, a veces realizadas por personas especializadas, que pronosticaban el tiempo meteorológico para cada mes o quincena del año venidero; también tenían interés, aunque carecían de rigor científico, el empleo de almanaques, que compraba cada familia, siendo muy empleado el “Zaragozano”, y con anterioridad el “Lunario”.

La piedra del rayo: Las tormentas manifiestan un conjunto de meteoros (viento, relámpagos, rayos, truenos, lluvia y granizo). Dentro de la mentalidad popular, el rayo o chispa eléctrica está asociada también a un elemento pétreo, la llamada “piedra del rayo” o “ceraunia” (también llamada en León “piedra de la centella” o “piedra de los aires”), relacionada, materialmente, con hachas pulimentadas prehistóricas desde el Neolítico a la Edad del Bronce fundamentalmente, o con piedras de colores y formas singulares (incluso fósiles) que se cree que “son arrojadas por los rayos, se hunden siete metros bajo tierra y al cabo de siete años suben a la superficie”. Hay también varios testimonios que indican que la piedra raja los árboles (chopos en León) y se puede quedar alojada en ellos:


Esta piedra es conocida en todas las culturas del mundo y varios autores han tratado de ellas a lo largo de los siglos. En la provincia leonesa encontramos diferentes descripciones de estos objetos por parte de personas que las han visto o incluso llegaron a conservarlas en sus casas (pero raramente te las enseñan). Las consideraban un amuleto de amplios poderes: se llevaban en los bolsillos para proporcionar suerte y preservar de maleficios, evitaba que cayeran rayos en las casas, no rabiaban los perros y sobre todo, en León, tenían dos funciones importantes: servía para curar la mamitis de las vacas (se untaba con aceite y se restregaban las ubres con ella) y curaba de “los aires” a las personas (esto de “los aires” era una expresión popular que servía para designar varias dolencias: gripes, dolores de cabeza, torcimiento de la boca, etc.).

ACTIVIDAD REALIZADA

D. Francisco Javier Rúa Aller, D. José Ramón Ortiz del Cueto

Piedras del rayo

D. Francisco Javier Rúa Aller

miércoles, 1 de agosto de 2012

NOTICIA: Hoy surte agosto, mañana septiembre, al otro octubre...

CREENCIAS POPULARES
Hoy comienzan ‘los surtimientos’, una tradición según la cual los 12 primeros días de agosto marcan el clima del año
Las gentes del campo siempre han
 buscado en el cielo señales para conocer
los secretos del clima.
 MAURICIO PEÑA

F. Fernández / León
La conversación más repetida en la mañana de hoy, 1 de agosto, en los bares de nuestros pueblos se inician con la frase de “hoy surte agosto y no tiene mala pinta” (o lo contrario, depende).
Para muchos veraneantes y visitantes de nuestros pueblos suena ‘a chino’, sin embargo, las gentes del lugar saben perfectamente que están hablando de una de las más viejas y arraigadas tradiciones para predecir el tiempo que va a hacer: los surtimientos. Según ellos los 12 primeros días del mes de agosto ‘indican’ el tiempo que va a hacer en cada uno de los meses del próximo año. El día 1 de agosto (hoy) surte agosto; el día 2 (mañana)surte septiembre; el día 3 octubre, el día 4 octubre.... y así sucesivamente hasta el día 12, que surte julio. El tiempo que hace ese día ‘avanza’ el que va a hacer ese mes en general.
Entre los pastores y ganaderos era muy habitual anotar en su vieja libreta, junto a otros secretos y refranes, el tiempo que iba haciendo durante los surtimientos y ellos solían insistir en que el porcentaje de acierto era elevado.
Témporas y cabañuelas
Esta tradición leonesa tiene otras similares en otras regiones agrícolas y ganaderas, allí donde conocer el tiempo forma parte de su cultura pues les influye directamente a la hora de segar, sembrar, trillar, recoger... Dos de las más conocidas son las témporas y las cabañuelas.
Las témporas, muy seguidas en Asturias, no basan la predicción en un mes concreto sino en lo que llaman las témporas de primavera o primeras, las de verano o segundas, las de otoño o terceras y las de invierno o cuartas y que se basan en el calendario lunas. Así las primeras son el miércoles, viernes y sábado de la segunda semana de Cuaresma; las de verano son el miércoles, viernes y sábado de la primera semana después de Pentecostés; las terceras son el miércoles, viernes y sábado siguientes al 14 de septiembre y las de invierno son el miércoles, viernes y sábado siguientes al 13 de diciembre, día de Santa Lucía. Según este sistema, observaremos el tiempo que hace en cada día de témporas y sabremos el decada mes de la estación que predice.
Las cabañuelas (seguidas en el sur y en América Latina) siguen en España las mismas fechas (del 1 al 12 de agosto) y en América son del 1 al 12 de enero.
Las cabañuelas tienen otra coincidencia con los surtimientos. Ellas tienen las llamadas ‘cabañuelas de retorno’, que en los surtimientos se conocen como los desurtimientos. En esta caso van desde el 13 al 24 de agosto y el día 13 desurte julio, el 14 desurte junio, el 15 lo hace mayo... el 23 desurte septiembre y el 24 lo hace agosto. Se cierra así el círculo y en esta fase los lugareños aseguran que se determinan la humedad y las precipitaciones, lo que completa la temperatura de la ‘primera vuelta’, de los surtimientos.