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jueves, 20 de febrero de 2014

COLABORACIÓN: EL SENTIR DEL MUSEO ETNOGRÁFICO PROVINCIAL DE LEÓN

Un Viaje al Alma de la Cultura Ancestral
Autor: Toño Morala
Escribir sobre algo que sientes desde adentro, sobre la vida y sus formas para la sobrevivencia, no es fácil. Si acaso te documentas, tiras de la memoria, usas el lenguaje técnico tan importante y lleno de fechas, de trabajo de campo y textos de antropología social y de una de sus ramas, la etnografía. Ese estudio del ser humano y su entorno y la vida, y dentro de la misma, la cultura, la economía, el vestido, la casa, las fiestas, los ritos, la comunidad…todo un aparato de lógica y de una inmensa inteligencia natural de nuestros antepasados, que tuvieron que espabilarse para vivir y sobrevivir en tiempos muy duros, y además, dejar un legado tan impresionante como el que se muestra en el Museo Etnográfico Provincial de León, con sede en Mansilla de las Mulas y que cumple su sexto aniversario por estos días. 

LA CASA. Área 8. Museo Etnográfico Provincial de León.
Cuando uno entra en el Museo, tiene esa sensación de estar rodeado de algo muy importante. Envuelto en esa luz tenue y que arropa el itinerario, uno tiende a la ensoñación y en ese estado, le es más fácil llegar a conclusiones que ya los expertos y técnicos te dejaron en bandeja; esa labor callada y en  silencio del estudio e investigación de los diferentes útiles y aperos, y otros objetos que componen la amplia muestra.

LOS MEDIOS DE TRANSPORTE. Área 10. MEPL.
Uno solo tiene que recorrer lentamente el Museo e ir dándose cuenta de lo difícil que era vivir en tiempos no tan pasados en nuestra querida Provincia, donde además tiene varias comarcas bien diferenciadas por cuestiones geográficas. Y con ese halo de contemplación, a uno le sobrecoge el paso del tiempo, le sobrecogen las formas tan interesantes de vivir en comunidad. La tribu es lo importante, la socialización del ser humano arropado por los demás, y con esa historia tan llena de bondades, y otras veces, tan llenas de calamidades de todo tipo en esa vida económica.

La difusión de los hallazgos por parte de particulares e instituciones, pone de relieve el gran interés ciudadano por saber y tener conocimiento de cómo se vivía antes… Y te vas integrando en las diferentes plantas del  magnífico edificio, vas recorriendo las diferentes salas, vas descubriendo diferentes objetos; entre ellos, azadas, arados romanos, cuencos, cardadores de púas para la lana, las formas de alumbrado, y aquel Ídolo de la Somoza, todo un  símbolo, por ejemplo, y te preguntas quiénes lo habrán inventado…y tejiendo los bonitos nombres que algunos tienen, se enriquece  el ego.  Deja de ser un puro trámite la visita, y te vas dando más cuenta de la necesidad  de estar tan bien rodeado, tan bien arropado por miles de piezas que se inventaron para hacer más fácil la vida de todos y el entorno. Ser uno más en este devenir del paso del tiempo, te ayuda a entender la vida desde otra perspectiva.

LA AGRICULTURA. Área 7. MEPL.
Las páginas no se escriben solas, si no cuando se descubre la reflexión profunda, para que después se realcen la humildad y la sencillez y los buenos sentimientos; esa humanidad que parece ser se va perdiendo. De esa manera conoceremos mejor de dónde venimos y a donde queremos llegar; lo verdaderamente importante es el legado común. El Museo es un viaje al alma de la cultura ancestral; es un bonito viaje que recomiendo visitar en grupo…para más tarde visitar el museo en solitario, y así poder admirar y contemplar internamente los objetos, los maravillosos objetos de este gran Museo. Algunas de las piezas expuestas tienen ese encanto de saberse utilizadas por varias generaciones; de saberse imprescindibles para la buena marcha de la comunidad  y además tienen nombres de una belleza increíble, pues a la par de ser útiles, también les inventaron nombres llenos de literatura y armonía.

Museo Etnográfico Provincial de León.
No hay que privarse del placer de los sentidos y de la memoria etnográfica, hay que retomar la mirada limpia de las cosas y su encanto, compartirla en el tiempo calendario, y dejarse sorprender por la amplia bondad de las piezas expuestas. Un viaje a un pasado no tan lejano, que seguro hará las delicias de los visitantes con esa descripción cultural. En otro orden de cosas, comentarles la necesidad de seguir ahondando en la etnografía escolar, y sobre todo los abuelos y los padres con sus nietos e hijos; tráiganlos al Museo Etnográfico Provincial, las buenas gentes que trabajan en él les atenderán de maravilla, y muestren a las próximas generaciones  el cómo se vivía un antes de la consola y la televisión; en el futuro se lo agradecerán.

viernes, 7 de febrero de 2014

COLABORACIÓN: ZAPATEROS REMENDONES

       Uno de los oficios más antiguos que existen
En el centro Joaquín  el padre, a la derecha Benito y  a la izquierda Joaquín hijo,
el último zapatero de Mansilla después de cinco generaciones de zapateros.
Autor: Toño Morala
Los zapatos sólo los usaban aquellos que podían, los que tenían dinero o bien para los días de lluvia; por eso cuando usaba los zapatos en días serenos solía decirse. ”Mira don nadie que lleva zapatos, y está sereno”. Los zapateros remendones, como siempre los han llamado, aunque otra denominación excelente era la de "zapateros de viejo", estaban situados por las pequeñas entradas de las ciudades y algunas veces trabajaban hasta en la propia calle. Allí sacaban su banqueta  y mesa. Tan artistas eran, y son los que quedan, que prácticamente de unos zapatos que estaban para tirarlos los convertían en nuevos con suelas, tacones, cosidos, remaches, cordones y hasta lustrados, que así te los dejan a la hora de la entrega.
Oficio un tanto especial y con connotaciones peyorativas sin saber el por qué. Lo popular y artesanal en cuestiones de menudeo…  se conoce que eran menos vistas que aquellas grandes empresas llenas de mano de obra y oprobio. Los zapateros tienen una larga historia de anécdotas y vida.
Los tres hermanos, Manuel, Carlos y José, en el taller de Camilo,
 aprendiendo de su padre Manuel del Valle.
 Historias como la de la familia Polledo, que desde hace más de ciento sesenta años  se dedicaban a la zapatería. Los primeros de la rama familiar eran naturales del pueblo asturiano de Noreña; pueblo desde donde salieron un montón de zapateros allá por principios de 1820. La gran mayoría eran remendones ambulantes. Muchos emigraron hacia tierras amigas como León, Cantabria, Galicia. Los Polledo siempre trabajaban y fabricaban todo tipo de zapatos.

Antonio Fernández ,yerno de Carlos del Río.
 El bisabuelo, nacido en el año 1848,  ya se casó en Mansilla, en la villa también nació el abuelo Luis en 1873. Joaquín padre nació también en Mansilla en 1905; y el último zapatero del pueblo, Joaquín, nació en 1936; su hermano Benito trabajó durante años, pero luego se marchó a trabajar a correos. Una  gran saga de zapateros, que siempre fabricaron buen calzado a la par que reparaba. Uno de los fabricados de Joaquín durante años, entre otros, fueron las botas camperas del famoso Pencho el de la sala  de fiestas “La Estrella”. Personaje importante al que gustaba vestir como mejicano. Hay un documento que explica que en Noreña residían… «2.300 habitantes, de los que 200 son zapateros, 56 carpinteros, 34 curtidores y 14 sastres». Esos zapateros hablaban el “Mansolea”, una jerga gremial y defensiva para no ser entendidos por los extraños a su profesión. Y se dice que no había unidad de las tropas carlistas que no llevara en sus filas a un zapatero de Noreña, que además era un negocio lucrativo para ellos porque así no gastaban en fonda, ropa o comida. Los zapateros también desempeñan otras funciones relacionadas con el cuero, como la reparación y fabricación de cinturones y bolsos; la inserción de orificios o el cosido de otros objetos.
Estantería con hormas para fabricar zapatos en el Taller de Camilo.
 
Algunas herramientas con nombres muy bonitos son las que usaban y usan los zapateros; el cortador o fleje para cortar el cuero; el abridor de hendidos que sirve para escavar la suela; el famoso martillo de remendón o para asentar las piezas; varios tipos de leznas para hacer agujeros en la piel; las tenazas de montar que se utilizan para sujetar el corte y el forro; hierros de lujar que sirven para el abrillantado de los cantos, martillo  galgo, que sirve para clavar los tacones largos; escofinas para perfilar…y sobre todo el trípode o burro donde apoya el calzado para todo tipo de arreglos, la manopla de cuero que deja los dedos libres, y la palma de la mano cubierta  para no hacerse daño; el tirapié o correa que sujeta las piezas al muslo, y ese mandil de cuero que resguarda pecho y piernas para no cortarse con ninguna de las herramientas comentadas; hay más, y además , muchas están fabricadas por ellos mismos. El zapatero remendón sigue empleando las viejas herramientas para realizar sus composturas e incluso zapatos artesanos o para pies con malformaciones.

Ciriaco Blanco en su taller de zapatería

En la capital, también van quedando algunos zapateros remendones, aunque la mayoría, a la vez que reparan calzado, se ayudan de otros ingresos como son hacer copias de llaves, fotocopias, afilados…pero todavía subsisten zapateros remendones a la antigua usanza. En la Plaza de Omaña queda el yerno de Carlos del Río, que en 1960 abrió la zapatería, y que desde el año 1984 lleva Antonio Fernández de igual manera y casi con las mismas herramientas de su suegro; también fabrican calzado y plantillas ortopédicas, cinturones…Otro clásico de nuestra cuidad es la zapatería de Camilo, grandes artesanos del calzado ortopédico y reparación que tiene su taller en Daoiz y Velarde. Manuel del Valle entre otros trabajadores zapateros se jubiló en el año 2000 después de trabajar de zapatero casi cincuenta años haciendo buenos zapatos, ahora  son sus hijos José y Carlos quienes llevan desde hace años la zapatería de Camilo; fabrican  su propias hormas con buena madera de haya. Manuel, el otro hermano también tiene zapatería en la calle Miguel Zahera. La historia de Primitivo Blanco es también para museo. Tiene el taller en Roa de la Vega, y detrás tiene tres generaciones de zapateros. Lorenzo Blanco fue el precursor de la saga, aprendió el oficio en el hospicio de León…y de ahí le viene el apellido de Blanco; luego su abuelo Primitivo, y  luego su padre Ezequiel.
Zapatería de C. Del Río en la Plaza de Omaña en León.


En San Mamés, y desde el año 1965, y venido de Aguilar de Campos, Ciriaco Blanco y su hijo Daniel, regentan la zapatería del barrio. Estos artesanos siguen las formas de trabajo tradicional desde hace un montón de años, y comentan que ahora la gente les lleva, por la crisis, los zapatos cuando están en peores condiciones; pero ellos los reparan de maravilla, y  a seguir caminando. Todos grandes artesanos. Pedimos disculpas a los no nombrados; por suerte, todavía quedan por la provincia algunos zapateros remendones tradicionales, he aquí una pequeña muestra.


Rotulo de la zapateria Blanco en San Mamés.
En cuanto a la historia de esta profesión podemos remontarnos a tiempos muy antiguos, hace unos 15 mil años o más, cuando el hombre de las cavernas comenzaba a proteger sus pies al amarrar piel con una especie de cordel alrededor de los mismos. Pero la guasa también cuenta, y no hay que olvidar…"No soy ZAPATERO, soy reparador de calzado".”Zapatero que no charla…el trabajo falla”.

Todavía en activo, uno de los zapateros remendones,
 
Primitivo Blanco en Roa de la Vega (León)