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miércoles, 18 de febrero de 2015

COLABORACIÓN: Cacharreras… botijeros…hojalateros…

Autor: Toño Morala

Estampa de un joven botijero con su burro  y sus  botijos resguardados de golpes.

  Qué tiempos aquellos en los que había que reparar todo y de todo; desde el balde de  zinc, las potas, hacer aceiteras de hojalata… comprar botijos y vasijas de barro para la casa; las cántaras de la leche, los platos y  fuentes; cántaros, botijos, barriles, macetas, y aquellos largueros para los ricos escabeches… los tanques para el agua… y un largo etcétera  que no cabría en el papel. Y casi siempre eran  incansables mujeres en paciente espera las que tendían sus buenos productos en las calles en ferias y mercados.
Juan ‘El culebrón’, hojalatero  y estañador.
 Hay que acordarse de aquellos hombres y mujeres que trataban con estos valiosos productos para la  buena marcha de las casas  y sus habitantes. Generalmente eran vendedores o reparadores de cosas ambulantes, no tenían paradero fijo, y solo en los largos inviernos regresaban a sus pueblos y aldeas. También los había que recorrían ferias y mercados por toda la provincia con sus carros, bicicletas o  caballerías; extendían sus mercancías y cachivaches, como se ponían a reparar en plena calle todo aquello que estaba roto.   
Cacharreras en un mercado, finales de los años sesenta.
La imagen de las cacharreras en las ferias era hasta hace poco tiempo, una imagen llena de colorido  de los diferentes artilugios para las cocinas y las despensas. También llevaban cucharas y tenedores, cuchillos y navajas…   En todos aquellos  años de trabajo, sus ingresos les permitieron sacar adelante a su familia y tienen un buen recuerdo de su trabajo y del tipo de vida, pues les gustaba relacionarse con la gente y especialmente, con sus compradores, a quiénes consideraban como amigos, y no creen que sus primeros años de trabajo, desplazándose a pie, fueran penosos, incluso, atribuyen su actual buena salud al esfuerzo físico entonces realizado. Este comentario lo decían los buenos estañadores y hojalateros.
El municipal y la cacharrera  en plena calle.
Los hojalateros valiéndose de las herramientas propias de su oficio y utilizando la hojalata como principal materia prima, han fabricado tradicionalmente un gran número de objetos, de muy variado uso. Dentro de la profesión los especializados en la construcción de artículos de empleo sobre todo doméstico (cazos, embudos, aceiteras, marmitas, vasijas, etc.), eran conocidos como hojalateros de banco, algunos, primero fabricaban en los fríos inviernos, y luego salían a vender por esos caminos de la vida. El oficio hasta avanzado el siglo pasado tuvo entre nosotros un carácter artesanal, que se fue perdiendo en la medida en que cambiaban los procedimientos de fabricación con la creciente utilización de las máquinas. Sin embargo, quedan algunos profesionales que siguen construyendo los bienes "de siempre" con los procedimientos tradicionales, aunque su destino es distinto al pasar de su uso en la vida cotidiana a la utilización en muchos casos como artículos decorativos. Algunos hojalateros de banco también fabricaban efectos para el campo y faroles para los ferrocarriles.
Hojalatero de banco, haciendo una aceitera.
     "Se me come todo", dice, habla de la humedad del pequeño local donde trabaja… mientras agarra una alcuza a medio tornear y la coloca entre sus piernas, para mover el latón  entre unos dedos deformes, pero sorprendentemente hábiles con las tenazas y las tijeras de chapa. Sobre el taburete, el hojalatero, tiene unos patrones recortados de periódico y utilizados muchas veces, de modo que toda la producción sale igualada, con una precisión artesanal casi de orfebrería. "Es que yo soy un '' perfeccionista”, dice. Le gusta silbar  durante la tarea, y a intervalos, completa el fraseo de su copla. “Triniá, mi Triniá…” Cuando  remata el estribillo suena siempre un martillazo, que rompe la cadencia de la voz con su propio acento bronco y rotundo. "Algo tu vida envenena / qué tienes en la mirá / que no me pareces buena / Triniá / mi Trini / ay, mi Triniá…" Así lo cuenta uno de los hojalateros ya jubilado. Y cuando tiene la certeza de que una sacudida en la chapa ya no es perturbadora, cachetea la superficie pulida y reanuda el trajín. El hojalatero deja hablar a todos, hasta que la cháchara es un barullo. "Se cierra el quiosco”, dice. Y empieza a ordenar el cuarto. Suena el zinc, como en una orquesta enloquecida, cuando chocan algunas piezas. Las aceiteras casi no se usan. Huele en el pequeño recinto a azufre, a estaño quemado. Fuera, la hora de la cena vacía la calle.
Cántaros y vasijas de buen barro para las casas y las mozas de buen agrado.
 Quién no se acuerda del bueno del “Tigre de ViIlahibiera”, el hombre que fue estañador y hojalatero y que recorrió media provincia con aquella dyane 6 tirada por un burro. Lo mismo arreglaba una pota a una señora que construía los canalones para el tejado de una casa. Y todavía sigue por Villahibiera, ya algo mayor, y dice que le falla la patata, pero sigue adelante con su vida de jubilado. Y  quién no se acuerda de aquellas hermanas cacharreras de Mansilla de las Mulas, Isabel y Bernardina Brezmes del Pozo y su hermano Ángel… las que vendían en la tienda y en la plaza del Pozo en ferias y mercados…las que llegaban a Jimenez de Jamuz a comprar cacharros  de barro a los artesanos de la arcilla… o aquellas otras “componedoras” Pepa y Argimira que recorrían pueblos y tenían un pequeño taller en la Villa de Mansilla, y que arreglaban de todo.
El tigre de Villahibiera, fue estañador y viajaba de un lado a otro de la Provincia de León
 Y así se paso un tiempo casi olvidado de remaches y más remaches; de barra de estaño y soplete de gasolina…de miradas altivas a los posibles compradores en las ferias y mercados de la provincia, de aquellas cacharreras nobles y trabajadoras; así pasó un tiempo de anécdotas dolidas, y otras de ironía y risas… como aquella que me contaron hace un tiempo, y que dice así… “Era tiempo de mercado, se juntaban en la plaza  con boina calada y pañuelo de cuatro puntas, el afilador, el hojalatero, y un montón de ambulantes de pericia para la venta de lo que fuera…al poco rato,  apareció  un largo coche  negro de aquellos americanos que alguien de ministerios  de la época utilizaba con banderines…entre la comisura de los labios tiznados de tabaco, guiñó un ojo al afilador, y le dijo el hojalatero… “hay que ve mare mía  a donde hemos llegao los metalúrgicos…”

El hojalatero componiendo un cacharro de metal.


jueves, 7 de agosto de 2014

COLABORACIÓN: CARROS, CARRETEROS, Y SUS CAMINOS…


De Leitariegos al sur… paso por nuestra provincia 
Autor: Toño Morala

 
Carreteros y su recua

     Qué gran invento el de la rueda…se imaginan si no hubiera aparecido la rueda…dónde estaríamos todavía. Plantearse esas cuestiones no tiene demasiado interés; lo importante es que apareció y cómo ayudó a la evolución del ser humano en lo referente a la industria, comercio y transporte; no hablemos en otros sectores como la hidráulica, la mecánica y un largo  etcétera. Y de esa  manera… todo va sobre ruedas.
Rastra y carro leonés
Hoy vamos a  escribir sobre carros, carreteros, y aquellos caminos que los transitaban por toda la geografía. Cuando uno  va por ahí,  por esos caminos que siempre llevan a todas partes, y se va encontrado viejas ruedas abandonadas, carros podridos en solares olvidados y eras en silencio, maderas descuartizadas de laterales y traseras de carros, sus pescantes muy utilizados en otros tiempos,  a uno no le queda más remedio que ausentarse de tanta tristeza y ponerse a trabajar para que los carros no se queden en el olvido  de las memorias, ni en los aledaños de la nostalgia. 

Las buenas gentes a la hierba en la montaña.
La historia siempre tira hacia el lado de los poderosos y sus caprichos. Es muy difícil encontrar documentación sobre el primer carro…que sea creíble y que sea digna de contar. Aquí va una… Los carros han sido mencionados en la literatura ya en el segundo milenio antes de Cristo. El libro sagrado Rigveda India afirma que los hombres y las mujeres son tan iguales como dos ruedas de una carreta. Otra… Según la mitología griega, de la unión de la diosa de la agricultura Deméter con Lasionte nació Filomeleo, el inventor del carro, del arado y de las yuntas. La mitología parece corroborar la idea de que el origen del carro aparece vinculado a la agricultura y a la domesticación de animales, actividades que la humanidad comienza a desarrollar en el Próximo Oriente durante el Neolítico hacia el 6000 a.C. La representación de varios animales tirando de carros en las paredes calcáreas del abrigo de Remosillos (La Puebla de Castro, Huesca), le confiere a esta escena un carácter único dentro del arte rupestre levantino. De confirmarse que los autores son gentes de las comunidades neolíticas, como parece desprenderse de los materiales arqueológicos encontrados en el abrigo, estaríamos ante la representación de carros más antigua de España.


Arrieros Maragatos; llevaban salazones y otros ultramarino

Pero vayamos a lo nuestro, a lo de esta tierra nuestra que ha vivido en silencio y que sigue en silencio… en el silencio del olvido; hay que volver a esos caminos de carreteros comarcales, a los que iban a la orilla de los ríos, a los que unían tierras vecinas, y que en su inmensa mayoría son las carreteras actuales por las que rodamos con nuestros coches y demás. Los otros caminos, los pecuarios, los que resisten a las inclemencias de la mano del ser deshumanizado y cobarde, tienen alguna ley a su favor, siempre y cuando algún político  o empresario sin escrúpulos no los utilice para explotar irracionalmente y acabe con ellos. “En las arenas bailan los remolinos, el sol juega en el brillo del pedregal  y prendido a la magia de los caminos el arriero va, el arriero va”… Una vieja canción de los arrieros Maragatos.
Arriero maragato.
 Y es que sobre arrieros y carreteros se ha escrito mucho y se ha cantado bastante, y hasta hay una zarzuela llamada “El cantar del arriero”. El diccionario nos dice que arriero es el que trajina con bestias de carga y que carretero es la persona que conduce carros o carretas o las fabrica.  El arriero o carretero realizaba el transporte de todo tipo de mercancías antes de que el ferrocarril y los camiones hicieran su aparición. Con una reata de mulas, machos o asnos o con una carreta tirada por mansos bueyes, recorría toda la península, llevando cargamentos de pescado, vino, cereal, madera, conservas etc., desde los puertos hacia el interior y desde los puntos de producción hacia los de consumo. El nombre de arriero viene de la voz con que se “entendían” con su ganado de tiro, “¡Arre!”, voz conocida universalmente y que es atendida y obedecida por los animales. Era un noble oficio, cargado de tradición, de hombres rudos curtidos al sol, conocedores de mil caminos, rutas y veredas, de vida sacrificada, siempre al acecho de los asaltantes de caminos, acostumbrados a dormir a la intemperie vigilando sus carretas y a pasar largas temporadas lejos de sus hogares. Quizás por esta vida tan dura y austera han llegado hasta nosotros las expresiones: “Juras más que un carretero” y “fumas más que un carretero”.
Descarga de los haces en la era 1945, el carro chillón.

Los carros tenían su importante comercio en los pocos talleres que los fabricaban. A Cistierna acudían a encargar carros los pueblos de la montaña desde Remolina, valle abajo del Río Grande, incluidos los valles laterales del Dueñas, Corniero, Valdoré, valle de Sabero y Duerna. De Remolina para arriba hacían los carros en Pedrosa del Rey. Los pueblos de ambas márgenes del Esla desde Villapadierna para arriba también hacían los carros en Cistierna. Se fabricaban todos los elementos que componían la estructura de un carro, incluidas las grandes armaduras que se añadían para transportar las mieses de trigo, centeno y cebada.  

Taller de carros en Cistierna. A la derecha con boina y mano sobre
la taladradora para barrenar el hierro, posa D. Gabriel el Carrero.
Los carros chillones, con ruedas de madera y sin llanta de hierro eran ya una reliquia a principios del siglo XX. Un carro completo se tardaba en hacer más o menos una semana. Los tratos se hacían siempre de palabra, y el respeto a la misma era sagrado. En realidad estos artesanos fabricantes de carros tenían más de un oficio…eran carpinteros, ebanistas, forjadores herreros, pintores…inventores en toda regla, y resolvían cualquier problema de estabilidad  de los carros, como también  los acoplaban a las necesidades del cliente.

Carreros de Rodanillo en el Alto Bierzo
Las vacas, de color negro, van sujetas al yugo con la correa, y el yugo  bien atado a la viga. Bajo el yugo, y sobre sus cabezas, llevan vistosas melenas, con tiras de piel delante de su rostro, sobre todo de los ojos, para evitar que moscas y otros insectos las molesten. Y si no siguen bien por el camino, ahí están los ramales, cuyos extremos metidos en sus fosas nasales, permiten al conductor guiarlas debidamente. Además éste tiene a  su disposición la ijada, para picarlas, y así conseguir que continúen por el camino y no se detengan”, comentario de uno de los viejos carreteros  comarcales de Joarilla de las Matas.
Carro de vacas en el pueblo leonés de Villa de Acebedo,
en los Picos de Europa.
Y sobre los caminos carreteros, y que en algunos casos también en varios tramos se juntaban con los caminos pecuarios de la trashumancia, vamos a dejar una pincelada ancestral. Ya en el primer tercio del S. XII se documenta la existencia de este camino por donde pasaban bestias cargadas de trigo de León en dirección al asturiano monasterio de Corias. En la Edad Media el paso por el puerto de Leitariegos fue, según las fuentes consultadas, junto con el de La Mesa, el más importante en las comunicaciones del occidente astur-leonés.

Se dirigían desde Asturias por los puertos de la Maragatería
y Leitariegos hacia tierras de las Castillas.
 La mejor disposición geográfica para la salida de los productos del mar desde Luarca y otros hechos que hacen pensar incluso en que el paso de Leitariegos debió ser el más importante después de el de Pajares. Al amparo del Real Privilegio concedido a Leitariegos por el rey Don Alfonso XI en 1326, empezaron a funcionar las recuas de Leitariegos. Pero el mayor esplendor fue en los siglos XVIII y XIX y con gran intensidad desde mediados de este último con la fusión de varias recuas en una sola… “La Compañía”. Parece ser que desde los puertos de mar de Luarca se dirigía a Arganza, Puelo, Corias y Cangas para  cruzar el puerto de Leitariegos hacia Villablino, Puerto de la Magdalena, venta y ermita de Pandorado, Trascastro, puente de Carrizo de la Ribera, Villadangos, Villamañán, Valencia de Don Juan, Gordoncillo,  Medina de Rioseco y Madrid. Este “camino de Madrid a Asturias” fue el que se pretendió utilizar para extraer los mármoles de Rengos (Cangas del Narcea), hacia las obras del Palacio Real de Madrid, a finales del siglo XVIII.  Y así paso un tiempo lleno de duro trabajo…Carros, carreteros y sus caminos. "Arriero es mi amante con cinco mulas…  tres y dos son del amo… las demás suyas"
 

miércoles, 30 de abril de 2014

COLABORACIÓN: EL TREN BURRA

Autor: Toño Morala

Principios del tren burra de tracción animal, a motor de cebada
       Cómo me hubiera gustado conocer el tren burra; ir de viajero en él como aquellos aguerridos hombres y mujeres, ver de cerca y despacio esta Tierra de Campos tan maltratada y olvidada; este suroeste de nuestra querida provincia de León con tanta historia y buenas gentes.  Admirar los bellos paisajes, cruzar los ríos limpios, admirar la mies, siempre la mies como testigo fiel de su nombre; y todo ese patrimonio histórico, los palomares, y esos pueblos de adobe y silencio…  sonreír al viajero cómplice  y austero con sus mercancías y lentamente, a paso de burra. De ahí le viene el nombre a este tren.
Bonita estampa del tren burra
Se trató de un ferrocarril de vía estrecha, correspondiente a la compañía Ferrocarriles Secundarios de Castilla, que con anterioridad ya poseía líneas que unían Valladolid con Medina de Rioseco (1884) y Palencia con Villalón de Campos (1912). Pero no fue hasta 1909 cuando se materializó en planos la línea Medina de Rioseco con Palanquinos, pasando por Villanueva del Campo, Valderas y Valencia de Don Juan como principales estaciones.
En plena faena
Billetes del tren burra
Para su materialización se contó con la importante influencia del político liberal valderense Demetrio Alonso Castrillo, que el 2 de enero de 1911 era nombrado Ministro de Gobernación. En 1912 dieron comienzo las obras de explanación. La terminación de la línea se efectuó en 1915, inaugurándose el 30 de abril como se recuerda en una calle de Valderas denominada con esta histórica fecha. En Valencia de Don Juan el ayuntamiento lo conmemoró con reparto de bacalao y arroz entre los más desfavorecidos. Como curiosidad hay que decir que su inauguración fue adelantada en unos meses, por el anuncio de la actuación del torero Frascuelo en las ferias septembrinas de Medina de Rioseco.
Obreros reparando vías 
    Más que escribir sobre  fechas y demás, nos importa la leyenda, el anecdotario de tantos años, pero, y sobre todo, nos importa el legado cultural y humano en tiempos muy  retorcidos por los avatares de guerras, crisis, hambrunas…pero no todo iba a ser tan malo. También hubo tiempos de bonanza y de trabajo. “Las Chocolateras”, las pequeñas locomotoras que tiraban de seis o siete vagones… cuentan que los propios viajeros tenían que bajarse y empujar en alguna cuesta al pequeño convoy, pues el carbón era de mala calidad y escaso y de esa manera las calderas tiraban mucho menos.

Jefe de estación, maquinista y fogonero del tren burra.

Locomotora subiendo por una de las pocas cuestas

     Cuentan también que en la cuesta de San Vicente, los mozos se bajaban a por uvas y volvían al tren; les daba tiempo suficiente. También cuentan que los viajeros se encargaban de encender la estufa de carbón en los vagones en el frío invierno. Muchos recuerdan el tren lleno de  grano, y de remolacha de las vegas de los ríos; también hubo mucha madera transportada allá donde no la había, y que era necesaria para la construcción y para el propio mantenimiento del tren en lo referente a las traviesas, que en muchas ocasiones salían de los aserraderos hidráulicos del padre río Esla, tan pronto de Villafalé como de Vega de los Árboles; y también madera para hacer vagones de mercancías y de pasajeros. 

Estación de Gigosos de los Oteros

Estación de Valencia de Don Juan

   La línea, por la orografía del terreno, no dio muchos quebraderos de cabeza a los ingenieros; apenas unos puentes, algún que otro viaducto, y unas cuantos pontones; el resto, como es sabido, era prácticamente llano y sin accidentes de gran calibre.  Estas eran las estaciones desde la salida de  Medina de Rioseco: Palazuelo de Vedija, Villamuriel de Campos, Barcial de la Loma, Castroverde de Campos, Villanueva del Campo, Roales de Campos, Valderas, Campazas, Castrofuerte, Valencia de Don Juan, Fresno de la Vega, Gigosos de los Oteros y Palanquinos.


Estación de Fresno de la Vega
Estación de Palanquinos




      En estas estaciones y de un montón de pueblos de sus alrededores se juntaban vecinos, viajantes, tratantes de ganado, agricultores, estudiantes de familias pudientes que iban a la capital a estudiar…todo un rosario de idas y venidas, de comercio en las estaciones vendiendo de todo…de todo lo que había. Era normal el meter la bicicleta al tren con las cestas llenas de animales para las diferentes ferias y mercados; gallinas, conejos, pollos, pichones… algún que otro cerdo que los alojaban en la parte de atrás, en un vagón especial para animales más medianos. Así, algunas veces, el paisano venía en bicicleta de vuelta para casa, pues, o bien no había ya tren, o bien, el paisano quería estar más tiempo en la cabecera de la comarca.

Pasajeros subiendo en la estación o apeadero

     Las mujeres trabajaban todo el día, tan pronto preparaban las mercancías para vender y subirlas al tren, como además algunas iban a servir a las casas de los industriales y comerciantes ricos. Los guajes iban a la estación para ver bajar a los titiriteros en fiestas, los afiladores con su rueda, los hojalateros y botijeros; toda una estampa llena de color en unas  tierras llenas de arcilla y paja. Algunos jugaban encima de los vagones en vía muerta con las tremendas broncas del jefe de estación; hombres buenos y solitarios, que vivían encima de la sala de espera, de billetes y equipajes, y donde en el frío invierno, tenían una estufa de hierro fundido para dar calor con  carbón y leña.
En vía muerta, esperando que pasara el de viajeros
      El tren burra, llamado también Secundario de Castilla en estos años  junto a las líneas que                 se unieron a él, llegó a ser el de   mayor longitud de entre los de vía estrecha de España. En total, 226 Km., 35 estaciones y  apeaderos, 400 agentes, varios apartaderos y silos, 4 empalmes con Renfe, 13 máquinas de vapor, 200 vagones de mercancías, 15  coches de viajeros para trenes de vapor y 3 composiciones de "diesel".

Trabajadores ferroviarios del tren burra.

 Todo un entramado logístico y bien organizado; todo el mundo sabía su trabajo, desde el guardagujas y sus cambios de vías, hasta los mozos de cuerda  y maleteros que aguardaban en las estaciones, en los andenes y muelles la llegada de mercancías, el correo y viajeros. Y al llegar al final, había que dar la vuelta a las locomotoras; para ello, las compañías tenían una plataforma o puente giratorio,  donde se daba la vuelta a la máquina y de vuelta al destino. Se recuerda que una locomotora explosionó en Castrofuerte sin dejar heridos, y algún que otro descarrilamiento sin importancia fueron las anécdotas más reseñables que se recuerdan. Otro apartado importante de estos ferrocarriles fueron los años de fielato  y estraperlo. En muchas estaciones había una pequeña oficina para cobrar los impuestos por llevar  mercancías para vender; antes de llegar a la estación, y dada la lentitud del tren, algunos se bajaban en marcha, y de esa manera burlaban a los cobradores. La gama de escondites corporales para guardar las  provisiones y mercancías era todo un lujo; la necesidad aviva el ingenio. Desde guardar, sobre todo mujeres, tabaco, medicamentos…entre las largas faldas, hasta en las espaldas, llevar una panceta atada alrededor del cuerpo.
Saliendo de una de las estaciones 
      Y así pasó todo un tiempo, más de cincuenta años del tren burra. Varios ayuntamientos pidieron al Gobierno en 1942 la prolongación del secundario entre la estación de Palanquinos y León, enlazando en la capital provincial con la línea de vía estrecha que llevaba hasta Bilbao. Sin embargo la propuesta no prosperó. Finalmente, el 11 de julio de 1969 los trenes circularon por última vez en esta línea secundaria, y años después se procedió al desmantelamiento de las vías, quedando abandonadas el resto de infraestructuras ferroviarias: estaciones, casillas, almacenes, puentes, etc. Por iniciativa del Ayuntamiento de Valencia de Don Juan, presidido por Alberto Pérez Ruiz, en 1992 se inició la adquisición de los mencionados edificios y terrenos a FEVE, con el objetivo de convertir el antiguo trazado férreo en Vía Verde. Así se llevó a cabo inicialmente un trazado de escasos 3 kilómetros entre Valencia de Don Juan y la urbanización Valjunco, en el año 1993.La idea cuajó entre otros municipios del trazado del secundario, y en 1995 la Vía Verde se amplió hasta la localidad de Castrofuerte. Ese mismo año se puso en marcha una singular marcha cicloturista con miles de participantes, que recorrieron los casi 80 kilómetros existentes entre Medina de Rioseco y Valencia de Don Juan. Entre otros grandes versos, el poeta chileno Pablo Neruda, dejó escrito en su “Oda a los Trenes del Sur”… “¡Oh tren…explorador de soledades, cuando vuelves al hangar, a las colmenas  del hombre y su cruzado poderío, duermes tal vez por una noche triste un sueño sin perfume, sin nieves, sin raíces, sin islas que te esperan en la lluvia… inmóvil entre anónimos vagones!”…  Entre las estrellas  de las locomotoras, el tren burra, no oxida la memoria.

En una de las estaciones, tren mixto de pasajeros, correo y mercancías. 

viernes, 7 de febrero de 2014

COLABORACIÓN: ZAPATEROS REMENDONES

       Uno de los oficios más antiguos que existen
En el centro Joaquín  el padre, a la derecha Benito y  a la izquierda Joaquín hijo,
el último zapatero de Mansilla después de cinco generaciones de zapateros.
Autor: Toño Morala
Los zapatos sólo los usaban aquellos que podían, los que tenían dinero o bien para los días de lluvia; por eso cuando usaba los zapatos en días serenos solía decirse. ”Mira don nadie que lleva zapatos, y está sereno”. Los zapateros remendones, como siempre los han llamado, aunque otra denominación excelente era la de "zapateros de viejo", estaban situados por las pequeñas entradas de las ciudades y algunas veces trabajaban hasta en la propia calle. Allí sacaban su banqueta  y mesa. Tan artistas eran, y son los que quedan, que prácticamente de unos zapatos que estaban para tirarlos los convertían en nuevos con suelas, tacones, cosidos, remaches, cordones y hasta lustrados, que así te los dejan a la hora de la entrega.
Oficio un tanto especial y con connotaciones peyorativas sin saber el por qué. Lo popular y artesanal en cuestiones de menudeo…  se conoce que eran menos vistas que aquellas grandes empresas llenas de mano de obra y oprobio. Los zapateros tienen una larga historia de anécdotas y vida.
Los tres hermanos, Manuel, Carlos y José, en el taller de Camilo,
 aprendiendo de su padre Manuel del Valle.
 Historias como la de la familia Polledo, que desde hace más de ciento sesenta años  se dedicaban a la zapatería. Los primeros de la rama familiar eran naturales del pueblo asturiano de Noreña; pueblo desde donde salieron un montón de zapateros allá por principios de 1820. La gran mayoría eran remendones ambulantes. Muchos emigraron hacia tierras amigas como León, Cantabria, Galicia. Los Polledo siempre trabajaban y fabricaban todo tipo de zapatos.

Antonio Fernández ,yerno de Carlos del Río.
 El bisabuelo, nacido en el año 1848,  ya se casó en Mansilla, en la villa también nació el abuelo Luis en 1873. Joaquín padre nació también en Mansilla en 1905; y el último zapatero del pueblo, Joaquín, nació en 1936; su hermano Benito trabajó durante años, pero luego se marchó a trabajar a correos. Una  gran saga de zapateros, que siempre fabricaron buen calzado a la par que reparaba. Uno de los fabricados de Joaquín durante años, entre otros, fueron las botas camperas del famoso Pencho el de la sala  de fiestas “La Estrella”. Personaje importante al que gustaba vestir como mejicano. Hay un documento que explica que en Noreña residían… «2.300 habitantes, de los que 200 son zapateros, 56 carpinteros, 34 curtidores y 14 sastres». Esos zapateros hablaban el “Mansolea”, una jerga gremial y defensiva para no ser entendidos por los extraños a su profesión. Y se dice que no había unidad de las tropas carlistas que no llevara en sus filas a un zapatero de Noreña, que además era un negocio lucrativo para ellos porque así no gastaban en fonda, ropa o comida. Los zapateros también desempeñan otras funciones relacionadas con el cuero, como la reparación y fabricación de cinturones y bolsos; la inserción de orificios o el cosido de otros objetos.
Estantería con hormas para fabricar zapatos en el Taller de Camilo.
 
Algunas herramientas con nombres muy bonitos son las que usaban y usan los zapateros; el cortador o fleje para cortar el cuero; el abridor de hendidos que sirve para escavar la suela; el famoso martillo de remendón o para asentar las piezas; varios tipos de leznas para hacer agujeros en la piel; las tenazas de montar que se utilizan para sujetar el corte y el forro; hierros de lujar que sirven para el abrillantado de los cantos, martillo  galgo, que sirve para clavar los tacones largos; escofinas para perfilar…y sobre todo el trípode o burro donde apoya el calzado para todo tipo de arreglos, la manopla de cuero que deja los dedos libres, y la palma de la mano cubierta  para no hacerse daño; el tirapié o correa que sujeta las piezas al muslo, y ese mandil de cuero que resguarda pecho y piernas para no cortarse con ninguna de las herramientas comentadas; hay más, y además , muchas están fabricadas por ellos mismos. El zapatero remendón sigue empleando las viejas herramientas para realizar sus composturas e incluso zapatos artesanos o para pies con malformaciones.

Ciriaco Blanco en su taller de zapatería

En la capital, también van quedando algunos zapateros remendones, aunque la mayoría, a la vez que reparan calzado, se ayudan de otros ingresos como son hacer copias de llaves, fotocopias, afilados…pero todavía subsisten zapateros remendones a la antigua usanza. En la Plaza de Omaña queda el yerno de Carlos del Río, que en 1960 abrió la zapatería, y que desde el año 1984 lleva Antonio Fernández de igual manera y casi con las mismas herramientas de su suegro; también fabrican calzado y plantillas ortopédicas, cinturones…Otro clásico de nuestra cuidad es la zapatería de Camilo, grandes artesanos del calzado ortopédico y reparación que tiene su taller en Daoiz y Velarde. Manuel del Valle entre otros trabajadores zapateros se jubiló en el año 2000 después de trabajar de zapatero casi cincuenta años haciendo buenos zapatos, ahora  son sus hijos José y Carlos quienes llevan desde hace años la zapatería de Camilo; fabrican  su propias hormas con buena madera de haya. Manuel, el otro hermano también tiene zapatería en la calle Miguel Zahera. La historia de Primitivo Blanco es también para museo. Tiene el taller en Roa de la Vega, y detrás tiene tres generaciones de zapateros. Lorenzo Blanco fue el precursor de la saga, aprendió el oficio en el hospicio de León…y de ahí le viene el apellido de Blanco; luego su abuelo Primitivo, y  luego su padre Ezequiel.
Zapatería de C. Del Río en la Plaza de Omaña en León.


En San Mamés, y desde el año 1965, y venido de Aguilar de Campos, Ciriaco Blanco y su hijo Daniel, regentan la zapatería del barrio. Estos artesanos siguen las formas de trabajo tradicional desde hace un montón de años, y comentan que ahora la gente les lleva, por la crisis, los zapatos cuando están en peores condiciones; pero ellos los reparan de maravilla, y  a seguir caminando. Todos grandes artesanos. Pedimos disculpas a los no nombrados; por suerte, todavía quedan por la provincia algunos zapateros remendones tradicionales, he aquí una pequeña muestra.


Rotulo de la zapateria Blanco en San Mamés.
En cuanto a la historia de esta profesión podemos remontarnos a tiempos muy antiguos, hace unos 15 mil años o más, cuando el hombre de las cavernas comenzaba a proteger sus pies al amarrar piel con una especie de cordel alrededor de los mismos. Pero la guasa también cuenta, y no hay que olvidar…"No soy ZAPATERO, soy reparador de calzado".”Zapatero que no charla…el trabajo falla”.

Todavía en activo, uno de los zapateros remendones,
 
Primitivo Blanco en Roa de la Vega (León)

jueves, 14 de noviembre de 2013

LOS CURTIDORES PARAMESES. Charla-Coloquio



LOS CURTIDORES PARAMESES. Pasado, Presente y Futuro
Genaro González, Artesano y 5ª Generación de Curtidores.
José Ramón Ortiz del Cueto, Antropólogo y etnógrafo.
Viernes 15 Noviembre 20,00 h. Centro Cívico Santa María del Páramo.

Desde Santa María del Páramo se quiere efectuar un homenaje a los curtidos y las fábricas que se desarrollaron en este municipio leonés, a través de la celebración ya en el 2012 del 125 aniversario de la fundación de la Fábrica de Curtidos González de Santa María del Páramo.

Para ello se programan actividades la tarde del viernes 15 de Noviembre, en donde se realizará a las de 17 a 20 h. el taller “Trabaja el Cuero” impartido por Genaro González y Alejandro Ballesteros dirigido a mayores de 12 años.

A las 20 h. se proyectará el audiovisual “El Curtidor” de Joaquín Alonso y Tomás Martínez, para a continuación realizar una charla-coloquio presentada por Genaro González y José Ramón Ortiz del Cueto, que como artesano local y como antropólogo respectivamente, analizan la historia de los curtidos que existieron en Santa María desde el siglo XIX hasta la actualidad, en la que la Fábrica de Curtidos González representa el último exponente fabril, así como una ocasión única para conocer un auténtico sitio-museo por su continuidad en función, elementos interpretativos directos y la oralidad del patrimonio intangible asociado a su cultura material.

En este orden, Genaro González como artesano fabril representa a la quinta generación de una saga familiar de curtidores, y por lo tanto el mayor conocedor de su historia familiar, aventura empresarial y mimo artesanal.

No en vano el proceso de curtido de las pieles ha continuado de igual forma desde su inicio en 1887 por parte del fundador, D. Froilán González (tatarabuelo del actual), variando únicamente algunos medios sustituidos, los menos, en los procedimientos de trabajo manuales por máquinas y auténticos ingenios, facilitando solo en parte algunas tareas de grandes, pesadas o de prolongado esfuerzo.

Pastores, ganaderos, pellejeros, tramperos, cazadores, arrieros y demás surtían de la materia prima a los curtidores, quienes preparaban finamente la materia mediante procesos con herramientas y materias vegetales, taninos y minerales, para convertir las pieles en cueros. De su resultado se surtían una pléyade de gremios, artesanos y oficiantes tales como guarnicioneros, talabarteros, zapateros, albordoneros o guardamecileros que daban forma final a la materia para uso y servicio básico, directo, artístico o complementario de personas y animales.

De la donación de una muestra de herramientas al Museo Etnográfico Provincial de León, sirvió para realizar en éste un análisis, conmemoración y exhibición, de la fábrica de curtidos aludida y de los procesos de trasformación y producción de la materia, siendo objeto en el museo del Programa de la Pieza del Mes en Marzo de 2012.

Otras y diversas han sido las acciones de difusión que ha tenido dicha fábrica en el mundo del patrimonio etnográfico. Cabe recordar sendos documentales del proceso de curtido del cuero en dicha fábrica realizados uno por la productora documental Pyrene en 2003, especializada en temas etnográficos de carácter nacional que eligió esta fábrica para representar “El curtido de las pieles” en España, así como otro realizado con la documentación del etnógrafo Joaquín Alonso y Tomás Martínez y que será el proyectado en el encuentro, así como de los diversos videos y entrevistas realizados en prensa, radio y TVE o TVCYL y presentes en redes sociales:

Hoy la continuidad de los curtidos, representa un esfuerzo ímprobo el mantener abiertas las instalaciones para su función comercial de materia prima ante la competencia extraeuropea y también escasez de profesionales dedicados al proceso de creación de artesanías o utillaje en cuero, si bien representa la última oportunidad en León de conocer este relicto aún vivo, testimonio y por qué no, museo de sitio, ecomuseo o museo vivo, con unas posibilidades inestimables como recurso didáctico y lúdico de primer orden para España, León y más para Santa María del Páramo.

Si bien todo ello necesita de un claro y decidido apoyo público y privado en su nuevo rol en la conservación, exhibición y difusión, como instigación a la continuidad de conservación de este oficio en la fábrica y de transmisión de los conocimientos ancestrales, animando asimismo a la complementariedad turística, patrimonial y didáctica que puede suponer para el municipio paramés la visita y conocimiento de ésta y de su patrimonio material e intangible aún en uso, como nueva forma de viabilidad para este oficio en vías de extinción.

Más información:
http://www.elcurtidorartesano.com/taller-y-conferencia-en-santa-maria-del-paramo/