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domingo, 19 de agosto de 2018

PIEZA DEL MES: AGOSTO 2018


“El Cencerro. Diálogo con los sonidos de antaño”.

Investigador:  D. Fernando Barrientos Martínez
Historiador. Coordinador Cultural.

Sábado, 25 de agosto de 2018
18:30 h.

Área 17 El pastoreo. Planta Primera.
Museo Etnográfico Provincial de León. Mansilla de las Mulas.
Actividad Gratuita



La Diputación de León a través del Museo Etnográfico Provincial de León, en la Actividad “Pieza del Mes”, ha programado para este mes de agosto, una conferencia que evoca los sonidos del mundo rural de nuestra niñez. La pieza elegida para este paseo por el recuerdo es un cencerro expuesto en el área 17 dedicada al pastoreo, la caza y la pesca.

En este caso, será el investigador D. Fernando Barrientos Martínez, Historiador y Coordinador Cultural quien nos hable de este objeto, el cencerro, cencerra, esquila, campano… diferentes palabras para definir un instrumento de percusión que  servía al pastor tanto para marcar el paso del rebaño como para reconocer en cada momento el estado de sus reses y su ubicación. Una pieza que se constituye como elemento etnográfico de primer orden, con diversas variaciones y denominaciones   según su tamaño y características y también según la zona en la que se encuentre; con un modo de fabricación que, con escasas diferencias, se extiende por toda Europa conservando prácticas ancestrales.

Fernando Barrientos hará un recorrido no sólo por la historia de estos objetos vinculados al pastoreo, también por su etimología, su fabricación, y por algo que habitualmente suele pasar desapercibido, el mantenimiento de los mismos. Una tarea que precisaba de conocimientos de herrero, curtidor, guarnicionero… y que era frecuentemente realizada por el propio pastor, de cuya pericia en el desempeño de la misma dependía su prestigio, su estatus y su poder adquisitivo.


Fernando Barrientos Martínez es graduado en Historia por la Universidad de León. Es miembro del equipo técnico del Laboratorio Rural de Historia, Paisaje y Patrimonio dirigido por la doctora Margarita Fernández Mier y actualmente desempeña el cargo de coordinador cultural y turístico en el Ayuntamiento de Gordoncillo, donde lleva a cabo su actividad investigadora y de gestión relacionada con la puesta en valor del patrimonio arqueológico y etnográfico.

ACTIVIDAD REALIZADA
Fernando Barrientos Martínez,
conferenciante de la Pieza del Mes de agosto
Adelina Martínez, Guía MEPL, presentando a Fernando
Barrientos.
Fernando Barrientos en un momento de su conferencia.
El conferenciante mostrando diferentes tipos de badajos.
Público asistente
Fernando Barrientos al lado del cencerro, Pieza del Mes.

domingo, 16 de julio de 2017

Noticias: Olvidadas roperías



Las roperías, hoy olvidadas, fueron un elemento fundamental en los tiempos de esplendor de la trashumancia y los rebaños de ovejas, en ellas se hacía posible toda la intendencia, desde hacer el pan , guardar la hierba y enseres... vivir

| MAURICIO PEÑA
Fulgencio Fernández | 16/07/2017
lanuevacronica
  La cabaña real de El Escorial era la propietaria de la \"señorial\" roperíade
 Truébano de Babia que ahora es de un particular. 
En la temporada coincidían varios roperos. Así, que me vengan a la mente ahora, recuerdo a dos que eran de Tejerina, otro de Prioro, y a Faustino, que estuvo varios años y era de Remolina. Además, mi marido estaba allí siempre que hacía falta. Hacía las labores de ayudante del ropero. Debía presentarse los días que se amasaba y cocía el pan. Y la única paga que recibía por ello era un mollete. Por tanto, existía un cargo que pudiéramos llamarle ropero mayor, que sería el encargado directo de fabricar el pan, repartirlo y ocuparse de toda la intendencia de los pastores del rebaño. Y otra función sería la del ropero ayudante, que era mi marido, que sólo atendía el horno durante el verano». La explicación de la mujer del ropero ayudante de Retuerto (seguramente la única que queda en la provincia como tal, con ese nombre) nos da una idea de la importancia de estos edificios que estuvieron sembrados por todas las montañas que recibían sobre todo rebaños trashumantes.

          Parece simple pero abundando en las explicaciones se recuerda que esta de Retuerto (Valdeburón) era la ropería ‘central’ de las cabañas ganaderas de Rojas, la famosa Condesa de Bornos. Esta importante ganadera alquilaba hasta las décadas centrales del pasado siglo más de quince puertos y cuarenta majadas por lo que, explica la buena mujer, «igual se juntaban más de cien pastores que trabajaban para la condesa. Por tanto, el ropero no se aburría al tener que dar de comer a tanto personal». El testimonio de esta mujer de Retuerto está recogido en el libro de vivencias de pastores ‘Las palabras de la soledad’, de Enrique Valdeón, Carlos Martínez Mancebo y José Manuel Regalado.

          Es muy apropiada la descripción de la ropería y los recuerdos de la de Retuerto por ser, por una parte, la que aún permanece aunque sin actividad y, por otra, por haber sido una de las más importantes en una de las comarcas por excelencia de la ganadería de ovino, Valdeburón. La otra sería Babia, también con varios edificios similares al de Retuerto. Las explicaciones de la mujer nos llevan a otros usos de la ropería, al margen de vivir allí el ropero: Tenían allí su dormitorio, un cuarto con una cama. En la misma parte derecha hay un almacén para la harina y también se guardaba la masera y el cedazo para cerner la harina, que se traía desde Tierra de Campos en carros tirados por vacas. El horno estaba nada más entrar a mano derecha», en lo referente al pan. «A mano izquierda se guardaba la sal y cosas de los chozos: cencerros, avíos de las merinas y otras cosas que no se llevaban a los puertos. En la parte alta estaba la tenada para guardar la hierba, pues a las yeguas, que servían para transportar el pan hasta los puertos, había que darles algo de comer. En general bajaban los motriles, haciendo el viaje de ida y el de vuelta en el mismo día».

          Ya está hecho el dibujo de la ropería tipo y los oficios que acarreaba, pero de la importancia de las mismas puede dar otro dato interesante lo que parece una anécdota: «A veces, si el ropero era aparente y tenía ganas de juerga, la cocina servía como lugar de reunión, a modo de hila, y allí acudían los mozos y gentes del pueblo». 

          Señala el experto en ganadería ovina y rebaños Manuel Rodríguez Pascual que las roperías son «ejemplos de una muy interesante serie de edificios que fueron propiedad de grandes ganaderos o instituciones». El propio Jovellanos, en 1792, recogía muchas en sus escritos (aunque confundió a los propietarios de las de Truébano y Quintanilla): «En Babia se apacientan en verano como trescientas mil cabezas de ganado merino, y son del Paular, Guadalupe, Perella, Escorial, Salazar, Sesma, Dusmet, Albas de Salamanca, Muro (Someruelos), Ondátegui (Hospital de Segovia). El Paular tiene su ropería en Truébano, El Escorial en Quintanilla, Guadalupe en Beberino, Sesma en Riolago y Salazar y Ondátegui allí. Fernández Nuñez, en la Mesa, Infantado en Torrestío, Negrete en Valdeburón». A ellas habría que añadir las de la montaña de Riaño, pues el Marqués de Perales tenía en Las Salas, hoy viviendas familiares, y en la comarca de Gordón se conserva la de Beberino, perteneciente al monasterio de Guadalupe, como ‘delata’ un retrato de la Virgen Morena de Guadalupe que se conserva en la fachada de la parte de la ropería que aún se conserva. Estos monjes Jerónimos parece que alquilaban la mayor parte de los puertos de la cercana Tercia. Ya en la ribera del Torío, al lado del puente medieval de Serrilla, podemos ver un centro de turismo rural bautizado como lanuevacronica., rehecho hace pocas décadas. 

          Una más que interesante serie de edificios (hay bastantes más) que nos recuerdan mejores tiempos para lo que fue un motor de nuestra economía, la ganadería ovina.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

NOTICIA: El adiós de un pastor

Toño Bardón, de Guisatecha, con las ovejas que ha seleccionado para quedarse
con ellas y entretenerse después de la jubilación. / MAURICIO PEÑA

Fulgencio Fernández | 01/11/2015
Toño ‘el pastor de Guisatecha’ lleva 30 años con las ovejas, un oficio que le gusta pero que está muy mal. Se rinde, el día 12 hace 65 años y "no espero ni un día más, se ha puesto más que imposible"
Lo dice sin dudar: «El día 12 de diciembre cumplo 65 años y ese mismo día me retiro, no espero ni media hora más. Para perder dinero, que lo pierda el Gobierno, porque para mi tener las ovejas en invierno es perder dinero». Lo dice convencido, es Toño Bardón, uno de los últimos ganaderos de oveja de Omaña, de Guisatecha, su pueblo. No está cansado, le gusta su oficio, «y cuando esté jubilado voy a seguir andando 8 ó 10 kilómetros diarios por el monte, no lo dudes». Pero se rinde. «Entre los precios, que son ridículos, que en todo el invierno no vendes nada y la cantidad de papeles que te piden... anda hombre».

Lleva 30 años con las ovejas, le quedan más de 200, a las que ya buscó salida, llegó a tener más de 400. «No es cuestión de tener por tener, 420 ó 430 son las que yo puedo atender, porque yo las cuido, estoy con ellas. Y esas mismas son para las que hay terreno, que aquí el terreno es el que es».

- ¿Y el invierno?
- Pues si viene bueno, mejor; y si viene malo, te fastidias, pero yo no he sido nunca de los de bajar a la Ribera ni de subir a los puertos. Yo con rebaño como toda la vida en estos pueblos, cuando había vecera, lo que pasa es que ahora la vecera la tengo yo.

Toño es pastor a la vieja usanza. Da tabardo, cacha, mastín y radio. «Sí es verdad, la radio me entretiene mucho, pero no me da nada de miedo estar solo, pensando en mis cosas, escuchando...».

Con 14 años me fui a Madrid a trabajar, no tenía ningún derecho, han pasado cincuenta años y estoy igual. Y viaja con los recuerdos a cuando decidió dedicarse a las ovejas. «En casa siempre hubo ganado, y me gustaba, pero eran vacas».

Como todos los chavales de nuestro León rural un día ‘aventó’ los vientos de la aventura y con catorce años se fue para Madrid, a buscarse la vida. «Entré de botones en un restaurante, pero no aguanté demasiado porque aquello era duro para nada. El otro día, con esto de jubilarme, lo pensaba: Entonces no teníamos ningún derecho y ahora nos los han quitado. Estamos otra vez en el mismo punto».

Punto fijo del que no sale cuando recuerda por qué se decidió por las ovejas. «Las vacas también me gustaban y era lo que había en casa. Pero la inversión necesaria era mucho mayor y la leche tenía muchos problemas entonces (1985); es decir, estaban como ahora, tampoco en esto parece que ha pasado el tiempo».
Había estado también unos años trabajando en la autopista pero «me gustó lo de las ovejas, ser independiente, ser mi propio jefe».

Reconoce Toño Bardón que no fueron malos los inicios, que no eran malos tiempos para este tipo de ganadería. «Es cierto, hubo 15 ó 20 años que era rentable, le sacabas rendimiento, que es lo único que pides, pero después empezó una cuesta abajo tremenda. Y sigue sin acabarse la pendiente. Ahora mismo en invierno pierdes dinero. Después de aquellos años buenos, que vendías todo el año, llegaron unos en los que vendías por el verano y te ibas arreglando pero ahora es que ya ni el verano es  lo que era». Por eso él se apea, antes de que llegue el invierno, en todos los sentidos.

Pero no se va cansado del ganado sino de la administración, de la situación de los ganaderos, del olvido de tantos. De hecho, explica, «me voy a quedar con 8 ó 10 ovejas, para entretenerme, para ir con ellas al monte, para que limpien paciendo los terrenos de alrededor de la nave y la casa y no se conviertan en maleza y para si un día quieres comer un buen cordero tenerlo». E insiste, «que yo voy a seguir pateando el monte, que me encanta, lo que no me gusta es andar por las carreteras, me siento incómodo, como la soledad del monte... ¿Has visto cómo está estos días de otoño?».

- ¿Y los lobos?
- Ahí están.

- ¿Los ves?
- No los ves, te ven ellos a tí, el lobo es el animal más listo que te puedes echar a la cara.

- ¿Y los sientes?
- Yo no tanto, pero los perros se vuelven locos cuando sienten que están cerca.

- ¿Te han hecho mucho daño?
- Es la ley de vida del monte.

- ¿Eres cazador?
- Lo fui.

- ¿Te cansaste?
- Cuando empecé con el ganado y a disfrutar del monte como que lo miraba de otra manera lo de cazar. Y cada vez está peor, ahora lo de la caza es casi un seguro de accidente, sale mucha gente que tiene mucho miedo y nada más que se mueve algo dispara... Y no siempre es un jabalí.

Toño Bardón camina por el monte con una agilidad impropia de quien está a las puertas de la jubilación.

- No fumarás.
- Ahora no, fume mucho, pero lo dejé radical.

- ¿El médico?
- No, el tute y el mus. Es el vicio que tengo, la partida, y eso de salir a la calle a fumar, debajo de las goteras, no me gustó nada. Tenía que elegir entre el mus y el tabaco y elegí.

- Serás el campeón del mundo del mus o, al menos, de Omaña.
- Del mundo, con Elena la del bar de El Castillo es muy difícil que nos ganen, posible sí, pero complicado.