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sábado, 5 de septiembre de 2015

COLABORACIÓN: TRATANTES DE GANADO, UN OFICIO EN EXTINCIÓN...

LA DE ANIMALES QUE HAN MOVIDO POR TIERRAS DE FERIAS Y MERCADOS PARA EL DURO TRABAJO Y LA SUBSISTENCIA…

¡A JUNTAR LAS MANOS… Y PARTIR LA DIFERENCIA…! Decía el que terciaba.

Autor: Toño Morala

Típica estampa en el año 1957 en una feria de ganado.

La historia también está escrita sobre el trabajo y el buen hacer de hombres y mujeres que lucharon en el medio rural, y en él sobrevivieron con dignidad, honestidad, responsabilidad con lo de todos, lealtad a la palabra dicha, y un respeto por la vida, que hoy en día está en declive; parece ser que al ser humano de ahora le entró la peor de las enfermedades… el olvido a cambio de no se sabe el qué. Y dentro de esas tareas que la propia naturaleza fue creando para la sobrevivencia de la espacie y otras muchas, nuestros antepasados fueron creando oficios que hoy casi están en extinción. Además ocurre que algunas de estas profesiones fueron las que ayudaron a mantener y a desarrollar la inmensa tarea del progreso. Se imaginan sin esa cadena de aconteceres, que sería hoy de nosotros.

Estos buenos hombres, generalmente, pero también muchas mujeres tienen mucho que contar en el trato, han sido los que de viva voz traían y llevaban las noticias, generaban un comercio de tú a tú sin grandes complicaciones, y lo más importante, la palabra de los paisanos iba a misa; no hacía falta notarios. Para ser tratantes había que tener unas características muy especiales, capacidad de persuasión, “labia” que diríamos ahora, saber y apreciar la calidad del ganado sin mostrar interés, temple para no calentarse, etc. Eran características de la personalidad difíciles de aprender y el acceso a ese mundo era habitualmente difícil.

Aquí hay tratantes...y muy buenos.

Solía ser oficio de determinadas familias que se transmitía de padres a hijos como si de una herencia se tratase. Hacia los tratantes había una especie de admiración y respeto y hasta su indumentaria era característica; blusón negro, sombrero o gorra y vara de avellano o cacha. Al principio se vendían más animales de trabajo, que de abasto para la alimentación, de ahí que se les pusiera nombres tan familiares; hay que darse cuenta que estos animales estaban en las casas durante años (con suerte y muchos cuidados de los agricultores y ganaderos).

Antigua foto de tratantes de ganado
con su típico atuendo,
blusón, sombrero o gorra y
 vara de avellano o cacha.
Vacas de trabajo, bueyes, caballos, yeguas, mulas, burros… claro que el tener bueyes no estaba al alcance de todos. Los demás animales tenían una vida más corta, y en el caso de los cerdos se engordaban para el sacrificio y punto. Los que han estado en alguna feria, mercado o plaza de ganado, y fueron observadores, se acordarán del rito de los tratantes con  los vendedores de ganado… cuando las partes lanzaban sus envites del estilo de… “no digo que no”, “todo puede ser”, “si se puede saber”, “como saber se puede saber todo”, “se puede pero no es lo correcto”, “como poder, se puede”.  En el segundo asalto la cosa se aceleraba, y el tratante soltaba un órdago de… 10.000 pesetas, el vendedor arrugaba el ceño… pedía 12.000 pesetas y ahí entraba el maestro que terciaba… “A juntar las manos, y partir la diferencia”; el trato estaba cerrado; y pobre de aquel tratante o ganadero que se echara para atrás en el trato, ese ya no compraba más ganado en toda la vida; las voces corrían como la pólvora. Pedimos disculpas por no nombrar a todos los tratantes, pero en esta semblanza quedan todos nombrados y recordados en sus pueblos, amigos y familia, y también están en la memoria de la vida.

Cerrado el trato con el que terciaba de por medio.

Algunos, de chavales, tenían que llevar a los animales caminando del ramal, llegaban a la feria y mientras el padre o abuelo hacía algunos mandados o iba a la caja, el chaval se quedaba con el animal o animales. En aquella ocasión el chaval había oído en la casa que “La Chata” una vieja vaca parda la querían vender por 8.000 pesetas… se le acercó un tratante y le preguntó si la vendía, a lo que el chaval dijo que sí algo nervioso… “¿Cuánto pides...?”, ya más seguro… “¿Cuánto mandas?” –“la vaca ya pasa de 15 años….te doy  nueve billetes…” a lo que el chaval le dijo que diez billetes; en esto llegó uno que terciaba en el asunto y dijo… “a juntar las  manos, y la diferencia a la mitad”… el chaval había vendido su primera vaca. El tratante cogió la tijera y le puso en el cuarto trasero su marca… al rato llegó su padre y le montó una bronca… pero el trato estaba hecho… casi llorando le dijo que la había vendido por 9.500 ptas. Ahí el padre le cogió por el hombro, y cuando llegaron a casa se lo contaron a la madre… y la buena de la madre le metió en la hucha que era una caja metálica de parches de bicicleta, 50 ptas. Así se hizo uno de los grandes tratantes de nuestra Provincia. Anécdotas hay para parar un carro…

Los dientes nunca engañan...

El matriarcado de Tomasa Madera y su historia de vida daría para un buen libro; 18 hijos tuvo, de ellos vivieron 14, de los catorce casi todos los varones fueron tratantes y carniceros…Leonardo, Andrés, Nano, Nicolás, Antonio y Julián…  fue ella la que inicio esta saga junto a su marido Nicolás Láiz y a él y a sus hijos los conocen en el trato como los “Madera”. En una ocasión venían Nicolás y su hijo Leonardo hacía Mansilla, era el año de 1946, en plena posguerra; traían 14 vacas compradas y los de la gorra roja se las decomisaron;  tuvieron suerte, entre ellos estaba un hijo de otro tratante muy conocido de la Sobarriba que les conocía y les dijo que cogieran las bicicletas y se largaran pitando. De aquel disgusto nació Pedro Madera, otro de la saga, hijo de Nano y Estela, a Estela se le cortó la leche del disgusto y fue Luisa, la fresquera, quien le amamantó; una buena vecina que había dado a luz a Toño Ceballos (fotógrafo de la Villa) con unas horas de diferencia… Pedro y Toño son hermanos de leche.

Nicolás Láiz Castañeda, más conocido como el tío Madera;
iniciador de una gran saga de tratantes de ganado en Mansilla de las Mulas.

Agapito Fernández
Aquí entra la historia de Agapito Fernández, vinculado a Riello de Omaña, uno de los grandes tratantes de ganado a nivel nacional, que comenzó su andadura allá por los años veinte. Tenía cebadero en Riello de Omaña, y era muy respetado en toda la Provincia, era un hombre de ley, y comerció él y sus hijos en el difícil mercado de carne de Madrid, entre otras ciudades; en una ocasión  a principios de los años 50 mandó recado a Nano para que fuera a comprar dos grandes bueyes de más de 900 Kg. a Villamoros; Pedro que era niño iba en la barra de la bicicleta con su padre, y así se fraguó una amistad para toda la vida; jamás se pagaba comisión en estos tratos.

Tratante de la ribera del Esla,
Nano Láiz Madera, hijo de Nicolás.




Tijera del tratante Agapito Fernández
para marcar el ganado comprado.








Otra de las familias de buenos tratantes de ganado de Mansilla, e industriales carniceros fueron los Fernández; de muy atrás vienen estas generaciones. Faustino y sus hijos, Tinín, que vendió muchos animales y carne al ejército, y Jesús, aparte de tratante y carnicero, estuvo toda su vida vinculada a la cultura, de ahí el apodo del “carnicero ilustrado”, dejando huella allá por donde ha pasado. Me contó muchas historias; pero me quedo con aquel comentario de él… “Estamos perdidos, ya no se hacen una buenas patatas guisadas con carne de oveja…”.

Jesús Fernández, el "carnicero ilustrado",
de Mansilla de las Mulas, tratante de ganado.

No solo eran tratantes los que se dedicaban a las vacas, bueyes, terneros, caballos… también lo eran los gocheros. Eliecer y su Hijo Pedro Giraldo eran tratantes de cerdos, bajaban a Badajoz, y traían caminando piaras de cerdos negros con más de 150 cabezas; llegaban a Mansilla y desde la Villa iban por los pueblos vendiendo. Eran unas grandes personas, dejaban los cerdos fiados y los cobraban cuando la gente podía pagarles. En una ocasión algunos cerdos se les escaparon y cayeron a la presa de Carballo, mucha gente del pueblo les ayudó; pero fue Nano con un caballo y maromas los que más salvó… menuda ruina si se hubieran ahogado en aquellos años de tanta hambruna.

Otros tratantes gocheros vendían lechones por los pueblos; es el caso de Amando Laez, de Reliegos, o aquellos de Jabares de los Oteros, los hermanos  Domingo y Crisantos Martínez. No hay que olvidar a las mujeres que también eran tratantes…alguna hubo con ganado mayor… pero donde mejor se desenvolvían era con  aquellos animales de corral: gallinas, pollos, conejos, pichones…iban cargadas a las plazas, mercados y ferias, y allí también se batían el cobre regateando precios y trueques. Después apareció la famosa figura del pollero, peculiar tratante que en primavera acudía con su camión cargado de gallinas y demás aves de corral. En ovino también había buenos tratantes, entre ellos, Carlos J. Mateos de San Román de los Oteros, Pepón de Benavides de Órbigo, los hermanos Carpintero de Quintanas de Rueda…

De todos son conocidas las grandes ferias y mercados de ganado, pero quiero resaltar algunos nombres de pueblos donde se celebraban, y que con el paso del tiempo se dejaron en el olvido, entre ellas; Puente Almuhey, Quintanas de Rueda, Vegas del Condado… y para ir terminando, que se me acaba el espacio… de vez en cuando llegaba algún tratante asturiano y soltaba aquello… “Qué, oh, ¿algún xatu pa vender…?” ¡Junten las manos… y la amistad a medias…!

Año 1955. Feria de ganado en Riello de Omaña.

jueves, 25 de junio de 2015

PIEZA DEL MES: JUNIO 2015

“EL ODRE DE VINO. Vino y sociedad”.

Investigador: José Alonso Martín.
                      Fotógrafo y estudioso de las tradiciones en Castilla y León

Sábado, 27 de junio 18,30 h.
Área 14: El alimento y su producción. Planta Primera. Museo Etnográfico Provincial de León
Mansilla de las Mulas. Actividad Gratuita



                La Diputación de León a través del Museo Etnográfico Provincial de León, este mes de junio en el Actividad  “Pieza del Mes”, ha programado la disertación sobre un objeto que forma parte  de la exposición permanente como es el odre o pellejo de vino, uno de los recipientes más antiguos utilizados por el hombre para el transporte de líquidos, que, si bien tiene una historia de miles de años, se vino utilizando en la provincia de León hasta finales de la década de los años 70 del pasado siglo. En esta ocasión será D. José Alonso Martín,  quien nos mostrará bajo la perspectiva de un fotógrafo, cómo el vino se integra a través de la historia en todos los aspectos de la vida del hombre.

         No se puede determinar con exactitud el origen del uso del pellejo de vino pero hay múltiples pruebas de su utilización en la Antigua Grecia y en Egipto, así como en otras civilizaciones antiguas. Además de contención y transporte del vino también se utilizaba para contener agua, aceite, miel, leche, cereales etc. así como para hacer la mantequilla con el pellejo del cabrito. Así mismo el pellejo u odre fue utilizado por los antiguos griegos en las fiestas dionisias, en las fiestas Escolias (del griego askos, odre) donde se practicaba el askoliasmos, concurso cuyo objetivo era mantenerse el mayor tiempo posible en equilibrio sobre un pellejo lleno de vino.
      El pellejo de vino se realiza a partir de pieles de cabra o de macho cabrío. Se atribuye su origen a los pastores por la necesidad que tenían de portar agua para lo cual utilizaron las pieles de su propio ganado.

      D. José Alonso ha elegido esta pieza para disertar sobre ella ya que el pellejo es un elemento muy importante en su labor fotográfica, al ser la fiesta del "Vitor" de Mayorga una de las primeras que fotografió hace veinticuatro años. Hablará sobre la relación del vino con la música, con la literatura, con la religión, del vino como alimento medicinal o como elemento fetiche. El vino favorecedor de las relaciones sociales, como producto prohibido, el vino como motor de una gran industria colectiva pero individual al mismo tiempo, en la que también alberga otras profesiones complementarias por las que genera riqueza social y económica. El vino como seña de identidad y protagonista de las tradiciones de algunos pueblos por las que se pone de manifiesto valores  de convivencia colectiva por los que se reafirma la existencia del mundo rural. Para todo esto se apoyará en fotografías y documentos sonoros y de vídeo.
Como colofón del acto interpretará una canción compuesta para la ocasión incluso se guarda una carta en la manga a modo de sorpresa, con la que pretende que el público participe y se divierta. 

Asimismo, José Alonso aprovecha esta ocasión para donar un libro suyo titulado "Por los senderos de la tradición", del año 2007, en el que recoge el trabajo fotográfico en el que lleva inmerso durante más de veintitrés años para que forme parte de los fondos bibliográficos del Museo.

Bodega situada en Fontecha del Páramo
ACTIVIDAD REALIZADA

D. José Alonso Martín
Fotógrafo y estudioso de las tradiciones de Castilla y León


Pieza del Mes de Junio.
 Museo Etnográfico Provincial de León.

Pieza del Mes de Junio.
"Odre de vino".




D. José Alonso Martín finaliza
la Pieza del Mes "Odre de Vino" con su guitarra.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

PIEZA DEL MES: NOVIEMBRE 2014

“La bregadora. Panaderos, maestros del hurmiento”.

Investigador: D. Antonio Morala, escritor, columnista e investigador.

Colaboración musical: D. Diego Acebo Frades, experto en música tradicional leonesa

Sábado, 15 de noviembre 17,30 h.
Área  El alimento y su producción. Planta primera. Museo Etnográfico Provincial de León. Mansilla de las Mulas. Actividad Gratuita




El presente mes de noviembre que nos va llevando irremediablemente hacia el frio y largo invierno leonés, el Museo Etnográfico Provincial de León ha organizado dentro del Programa Pieza del Mes, la disertación sobre la bregadora de pan, elemento muy sencillo en cuanto a su construcción, pero cargado de una gran importancia antropológica, por todo lo que rodea al mundo de la transformación y elaboración del pan como elemento básico e indispensable en la dieta de las sociedades tradicionales. Tal es así que, incluso la propia sabiduría popular ya nos lo pone de manifiesto con el refrán “Con pan y vino se anda el camino”.

En su disertación, el investigador nos introducirá en el funcionamiento y características de las antiguas bregadoras de pan, así como en la vida de aquellos personajes que con su trabajo ponían, todos los días, sobre la mesa de cada casa un alimento esencial, los panaderos, maestros del hurmiento. El trabajo de investigación lo realizará D. Toño Morala, escritor y costumbrista de la tradición popular, que será acompañado por D. Diego Acebo, músico de raíces leonesas y otras, en la que se disertará sobre la gran historia del pan bregado y todo lo que lo rodea: instrumentos, acciones, técnicas, oficios relacionados, etc. Entre otras cosas, el investigador expondrá aquellas maneras e inventivas de nuestros ancestros para sacar adelante uno de los panes más sabrosos y con el trabajo de elaboración más duro que se realizaban en estas tierras. Se realizará un repaso sobre las bregadoras, estos artilugios inventados en Castilla y León, y que se llevaron por todo nuestro país e incluso al extranjero. Toda la disertación estará solapada con poemas que recitará el propio investigador y con unas tonadas leonesas al son de instrumentos de antaño, todo ello relacionado con el pan, su elaboración y la dimensión sociológica del mismo, que nos mostrarán el inmenso patrimonio inmaterial que  tiene asociado este alimento tan importante.

Resulta, por lo tanto, una ocasión excelente para mostrar una de las piezas más humildes pero de mayor importancia para el sustento de la sociedad tradicional leonesa que atesora el Museo Etnográfico Provincial de León, como es la bregadora de pan, así como una ocasión única para conocer los entresijos, símbolos, acciones y características de uno de los alimentos por excelencia de la Humanidad, que fue y sigue siendo el pan y sus derivados y que, aunque con menor presencia, se mantiene hoy en día como un alimento de referencia en la provincia de León.

ACTIVIDAD REALIZADA

Toño Morala en un momento de su exposición

Público asistente

Diego Acebo Frades

Toño Morala y Diego Acebo

 

miércoles, 15 de octubre de 2014

COLABORACIÓN: LA BOTA Y EL ODRE.

“Cuando el tabernero vende la bota, o sabe a pez o está rota”

Autor: Toño Morala

Esto no es ninguna suerte… la inteligencia natural de los ancestros, era mucho mayor y más resolutiva de lo que ahora algunos pensamos… hay que diferenciar entre los que bebían o beben a bota y pellejo de vino, y los otros. De todas las maneras, que no nos toquen los tinglados, que por encima de la bota no hay nadie, salvo el espacio que resuelve una respiración a tiempo.

Una familia de boteros.
Todo esto viene a cuento de la bota y pellejo para guarecer el vino; ese laureado recipiente, en otros tiempos, generalmente hecho de piel de cabra que sirvió para aquilatar una parte del ser humanitario, que no humano, que todos y todas llevamos dentro. Ya Keats vislumbró los claretes franceses, lo que nunca dijo, era  que los bebía a bota… ¡manda carajo… un gran poeta como él. Y no se lo perdonamos…faltaría más!

Transportando en carro los pellejos de vino.
Ahora toca un punto y aparte; el pellejo y la bota tienen la palabra…hablad en vuestro nombre, que el mío…está ausente. Por decir que no quede, pero un buen trago de vino por bota, se deja besar el vino entre los labios, y no hace falta nada más que acompañarlo con un buen trozo de chorizo o queso… y de ahí viene uno de aquellos refranes populares… “A la bota dale el beso después del queso”…ahí queda eso. O aquel otro refrán que dice… “Hable mi vecino y tenga mi bota de vino”.

La historia de la bota se pierde en los tiempos más remotos. Encontramos testimonios escritos de su existencia ya en la antigua Grecia (Homero en la Odisea cuando su héroe Ulises emborracha al cíclope Polifemo dándole vino en odres), en la Biblia (Noé emborrachado por sus hijos), en el inmortal Quijote de Cervantes (cuando el viejo hidalgo destroza a mandobles y estocadas los pellejos del ventero) y a lo largo de todo el Siglo de Oro de la literatura española las referencias se multiplican.

Ligera, flexible, resistente, respetuosa con el medio ambiente, de fácil trasiego, impermeable, práctica, higiénica, atractiva, de simple pero perfecto diseño, la bota de vino es, a la vez, legado de nuestro pasado y un producto libre de los imperativos de la moda que encandila a quien sabe disfrutar de los placeres básicos de la vida.
Un maestro artesano de Odres en su fábrica
de pellejos para vino y aceite.
Después de seleccionar y retirar la piel, se limpia y se curte con tanino obtenido de la mimosa y otros. Después del curtido del cuero de cabra, se recubre con brea (el pez) extraída de los árboles de enebro o pino. El tono se purifica a altas temperaturas y se utiliza para impermeabilizar el cuero en el interior de la bota. La piel está ligada a una forma con una cuerda hecha de lino, aunque casi todas las cuerdas utilizadas en la fabricación de la bota de vino eran de cáñamo hasta 1970. El cosido se realiza con las "tablas", especie de pinzas de madera de unos 60-70 cm. de longitud, que se usan para pillar y juntar los bordes de la piel que van a ser cosidos; unidos los bordes, se pone alrededor de ellos la "trenza" (trenzado de cuerda fina de cáñamo) que se cose a ambos lados para cerrar las aberturas. El agujero por donde pasa el cabo de cáñamo torcido se realiza con las "leznas", herramientas de madera compuestas por el "macho" que está provisto de un aguijón y la "hembrilla", que se ajusta al macho y contiene sebo como lubrificante. El cabo se tensa con los "palillos de atar", que son huesos de manilla de cordero o cabrito que han de estar crudos para que estén duros y se pueda hacer más fuerza con ellos. Una boquilla hecha de resina prensada se añade para verter y beber.

Pellejo para vender en la tienda.

Y hay que cuidarla… una bota de vino está hecha de material orgánico y, a diferencia de una botella de plástico, se necesita algo de preparación y mantenimiento por el propietario. Antes de verter la primera cantidad de vino, la bota debe ser calentada, frotada, inflada, enjuagada con agua y rellena con vino durante cinco días, que luego se desecha. Entonces, la bota se puede utilizar para almacenar el vino para beber.


Preparando el pellejo, uno de los envases que han servido
ancestralmente para el transporte del vino y otros líquidos.
La avería más frecuente consiste en el "repelón". ¿Qué es un "repelón"? Simplemente consiste en que, al unirse las dos caras interiores de la bota por, sea cual sea el motivo, y al intentar despegarlas de forma inadecuada, se produce un arrancamiento de la pez en una de las caras de la bota, o en las dos, dejando a la misma sin impermeabilizante y, naturalmente, permitiendo la salida del vino. ¿Cómo se evita? Si por cualquier circunstancia se produce el hecho de que las caras interiores de la bota se peguen, es fundamental despegarlas con sumo cuidado, bien calentando la bota hasta que la pez se ablande lo suficiente para que, soplando despacio por el brocal, la bota se hinche sin ofrecer resistencia. En caso de dificultad para despegarla pueden introducir por la parte ancha del brocal agua caliente, la cual producirá el mismo efecto.


Dos mozos acarreando
 el pellejo de vino...y las botanas

El pellejo (odre); generalmente es de color negro, suave, y con la forma del animal en cuestión; se usa más para transportar el vino y venderlo más o menos rápido; tiene otro tratamiento diferente al de la bota, y sirve para almacenar otros líquidos como agua o aceite, a parte del buen vino. Sabían que los artesanos pellejeros siempre compraban las pieles en nuestra tierra; donde llegó a haber más de 25 fábricas de curtidos; el frío de nuestra tierra hacía que las pieles fueran más fuertes y con mayor dureza.


En 1906 en la estación del norte, pellejos de vino a tutiplén.
Las pieles, preferentemente de macho cabrío, eran las que más se utilizaban, ya que tiene mayor consistencia y tamaño de piel o "casco" que la de la cabra, más fina y pequeña. El peso idóneo del ejemplar oscilaba entre los 30-35 kilos, que supone una capacidad de uso de alrededor de 80 litros. Después de despellejar y quitar carne y pelo, se curten y se cosen; y para las demás aberturas, como el ombligo, turmas, etc., se cierran con "botanas", piezas de madera de roble, planas y de forma tronco-cónica con una acanaladura en el borde para facilitar su atado a la piel por la parte del pelo con hilo de cáñamo.


Cargando los pellejos de vino en la bodega.
La comercialización del vino se realizaba antes casi exclusivamente con pellejos; era similar a lo que hoy sucede con las bombonas de butano; un establecimiento se abonaba y se le llevaba un pellejo de vino lleno, y cuando lo tenían vacío se cambiaba por otro; incluso el pellejo se usaba directamente en el despacho de vinos. Hoy, con el cristal y los camiones cisternas, esta profesión tan tradicional e importante en su día, ha perdido la importancia que tenía en otros tiempos. De estos odres o pellejos saben mucho por la montaña leonesa.
Botas de vino en una tienda de pueblo.
La Bota de vino en “El Quijote”… "...Pero lo que más campeó en el campo de aquel banquete fueron seis botas de vino, que cada uno sacó la suya de su alforja; hasta el buen Ricote, que se había transformado de morisco en alemán o en tudesco, sacó la suya, que en grandeza podía competir con las cinco...".
Don Quijote sueña que se halla en batalla con un
Gigante y rompe unos pellejos de vino.
En este apartado especial, queremos hacer un pequeño recordatorio a unos de los artesanos maestros de la botería afincados en Mansilla de las Mulas desde el año 1903; se trata de aquellos nobles, trabajadores y muy buenas personas, Pedro Llamazares, natural de Villafeliz de la Sobarriba, y de Baltasara García, natural de Robles de la Valcueva; matrimonio feliz y que empezaron con la pequeña fábrica de botas y pellejos para vinos; para más adelante y a base de mucho esfuerzo y trabajo, abrieron la tienda de vinos, ultramarinos, y casa de comidas más conocida con el nombre de “Las Boteras” en honor a su trabajo artesano; en su fábrica se hacía todo el proceso, desde cortar el pelo de las pieles, hasta hacer la pez en aquellas calderas de cobre. Tuvieron quince hijos, y según iban creciendo, los más mayores fueron aprendiendo el noble oficio de boteros. Justi, Tino, Esteban y Andrés, fueron los que más ayudaron en la empresa familiar, quedándose luego con la tienda dos de las hijas del matrimonio. Eran tan buenas sus botas y odres para vinos, que las vendían por toda España, y sobre todo para la montaña leonesa, y la cercana Asturias. ¡No hablemos mal de nadie, que somos de carne humana…que no hay pellejo en el mundo, que no tenga una botana!; una de las celebres frases de Pedro “El botero”. Toda esta pequeña historia nos la cuenta uno de los nietos nacido aquí en Mansilla, y que ha sido uno de los comerciantes pescaderos de la Villa hasta su jubilación; se trata de Valeriano Laez Llamazares (Nanín). La memoria de las cosas y de la vida sigue gracias a hombres como Valeriano.


Pedro Llamazares y Baltasara García,
los dos maestros boteros para vinos desde 1903,
afincados en Mansilla de las Mulas.
Fachada de la tienda de Vinos, Ultramarinos y Casa de comidas
de Pedro y Baltasara en Mansilla de las Mulas.
En la parte de atrás, estaba la fábrica de botas y odres para vino.

martes, 7 de octubre de 2014

NOTICIA: "REPOSTEROS" llega a la Casa de León en Madrid.

Paul Sarmiento       03/10/2014

La exposición 'Reposteros', que ofrece una enorme belleza en su muestrario y que ha dejado ver su éxito en León capital, se ha inaugurado oficialmente este viernes en la Casa de León en Madrid.


'Reposteros' recoge una muestra de la producción de las artistas leonesas Gema García Juárez y Zulima Álvarez Hidalgo realizada según la técnica tradicional de origen medieval del repostero, piezas que resultan de la combinación de distintas telas y que, comúnmente, refleja símbolos heráldicos o escenas bíblicas.

Estas dos artistas mantienen viva en León una tradición en la que profundizó durante muchos años en la Real Sociedad Económica de Amigos del País el también leonés Saturnino Escudero, y que en su origen se llamó “tela de mulas” puesto que los “reposteros” eran telas decorativas con las que los señores cubrían el equipaje en sus viajes en los tiempos medievales.

La exposición ha contado en León con un enorme éxito, algo que sin duda repetirá ahora en Madrid de la mano de la 'Casa de León' en la capital de España.

miércoles, 11 de junio de 2014

PIEZA DEL MES: JUNIO 2014

“A la luz del candil. De cómo se veía en el Pasado”.

Investigador: Adelina Martínez González
                      Guía Cultural del Museo Etnográfico

Sábado, 14 de Junio 18,30 h.
Área  La casa. Planta Baja. Museo Etnográfico Provincial de León
Mansilla de las Mulas. Actividad Gratuita


El presente mes de Junio coincidiendo con el CONCIERTO DE MÚSICA a cargo del Grupo Cosmos dentro del Memorial Ángel Barja, que acogerá el Museo Etnográfico Provincial de León el mismo sábado 14, se presenta de manera previa en el Museo el Programa Pieza del Mes, en esta ocasión se ha elegido una pieza que nos retrotrae a un tiempo en el que una forma de iluminación en las oscuras noches era la del candil aceitero.
Cocina de llar. MEPL

Con el título “A la luz del candil. De cómo se veía en el Pasado”, será Adelina Martínez González, Guía Cultural del Museo Etnográfico Provincial de León, quien nos introducirá en el origen de los candiles aceiteros y su evolución desde las lucernas de la época griega y romana hasta que ya a principios del siglo XX estas lámparas de aceite se circunscriben más al ámbito rural al ser sustituidas por la lámpara incandescente.

 En esta ocasión se ha elegido un candil utilizado en la provincia de León realizado con chapa de hierro con una cazoleta circular de base plana con piquera estrecha acabada en punta. En el borde opuesto lleva un astil ancho presentando en la parte inferior dos pantallas o espejuelos rectangulares y otro espejuelo romboidal en la parte superior del cual arranca un vástago fino o garabato que permite colgar el candil a la pared. A pesar del pobre material utilizado es una pieza de inigualable belleza.

Funcionaba con aceite que se introducía en la cazoleta se le echaba aceite en su interior y se le ponía una mecha de algodón o lienzo cuya punta salía por la piquera una vez encendida era la que proporcionaba la luz al ir absorbiendo poco a poco el aceite.

Los artesanos que realizaban estas piezas eran los hojalateros. Se dedicaban a la elaboración y reparación de utensilios y recipientes de uso doméstico a partir de láminas de hojalata o chapa galvanizada, de forma artesanal. Era realizado por hombres, de transmisión patrilineal en un contexto familiar. Requería un conocimiento de una técnica de trabajo. El hojalatero ofrecía sus productos en el mercado y reparaba todo tipo de piezas realizadas con chapa de hierro como palanganas, calderos, cántaros, canalones, embudos, etc.


También será una ocasión para hablar de otros tipos de iluminaria que hay expuestos en la exposición permanente del museo como son los candiles de aguzo, los faroles de aceite, el candil de carburo o el quinqué de hierro y de compartir experiencias de las vivencias que aún tenemos de haber visto en casa de nuestros padres o abuelos estos tipos de objetos que tantas veladas y filandones iluminaron.




Exposición de iluminaria. MEPL

ACTIVIDAD REALIZADA

D.ª Adelina Martínez en la Pieza del Mes de Junio.
 
Pieza del Mes de Junio. "A la luz del candil".

Pieza del Mes de Junio. "A la luz del candil".
Pieza del Mes de Junio. "A la luz del candil".

domingo, 5 de enero de 2014

COLABORACIÓN: PANADEROS: Maestros del Urmiento

Autor: Toño Morala
 
Leo y José Ramón Viejo en su horno de pan de Mansilla de las Mulas por los años sesenta
 
Hoy vamos a escribir sobre uno de los oficios más antiguos que se conocen. Hacer pan es muy     sencillo; hacerlo bien, un  trabajo solo para expertos y maestros de la masa de harina, el urmiento, agua, sal…  y manejar los hornos de leña a  la temperatura justa y nunca dejar que se apaguen; que mantengan siempre el suelo del horno y su entorno caliente. Antiguamente no existía la levadura química; por estas tierras nuestras, el urmiento se pasaba de unas casas a otras para el próximo amasado en un cacharro de barro, y así a través del tiempo se fueron  creando unos panes naturales y llenos de sabor. El consumo de pan en los últimos años se ha reducido notablemente. El sistema de vida de una sociedad diezmada por tantas modas, publicidades, comidas rápidas, y un largo etcétera, ha ayudado a que cada vez se consuma menos pan y de menor calidad. Últimamente con la crisis  ha aumentado un poco más el consumo, así como se han abierto panaderías  especializadas en hacer buenos panes de todo tipo.
 
Amasadora y bregadora con mismo motor, y pesa, obrador de Pulquerio
 
Pero  volvamos  a los panaderos de antaño, aquellos que  hacían pan con la harina de trigo y otros cereales traídos  por los labradores. Le llamaban “el canje”… les daban una cartilla para la retirada del pan, o lo apuntaban en una libreta y el beneficio del panadero era no adelantar dinero en la compra de la harina, (en los buenos años de cosecha; si no era al revés, adelantaba la harina el panadero) y el porcentaje de agua y urmiento que llevaba el pan. De esa manera  ganaba todo el mundo; el labrador y el panadero. En años difíciles, la cuestión del  pan dejaba mucho que desear, desde las cartillas de racionamiento, hasta las malas artes de algunos panaderos para sacar más beneficio ayudaba a que grandes poblaciones tuvieran menos
acceso al pan diario. De esa manera, era normal que se mezclaran varias harinas a parte de la de trigo. El de centeno era el pan de los más pobres, el pan negro de la posguerra. El blanco, el de harina  de trigo se reservaba para las clases más pudientes. Las grandes hogazas de hasta tres kg. llegaban a durar hasta tres semanas metidas en las arcas de noble madera cuando se amasaba  en las casas  por turnos en los pueblos. Pero al final los panaderos se llevaron la palma en lo referente  a fabricar pan como en las casas, y de ahí se fue perdiendo esa sana costumbre. La masa madre no es otra cosa que agua y harina. Por lo tanto, un pan como los de antes, hecho con urmiento, no tiene nada más que agua, harina y sal. Nada de química, nada artificial.
 
Horno de Nazario, el panadero de la estación de Santas Martas (Valdearcos)
 ¡¡A la una, a las dos, a las  tres de la mañana se levanta el panadero con calzones de badana…apareja a su borrico y le echa el alforjón y se marcha a vender pan…allá donde le llaman…al buen  pan de León, mozas acudir… que lo vendo barato, que me tengo que ir…!! Y otra canción popular, esta vez de panaderas. ¡¡A la entrada de León y a la salida hay una panadera, cuánto me mira…ay que panadera, ay que panaderilla, el alma me lleva… Dime, panaderilla, ¿cómo va el trato?…La harina va subiendo y  el pan se vende barato…!! Una de las leyendas o cuentos que se antojaban de contar por las ferias, tabernas y caminos fue aquella… 
“Un panadero quería conocer al gran emperador, y este, que se enteró de sus deseos, no dudó en hacer realidad su sueño, pero lo hizo disfrazado de mendigo. Comenzó a comer pan, pero el panadero lo echó a puntapiés, entonces alguien le advirtió que era el gran emperador. Arrepentido, el panadero le llevó a comer junto con su séquito a la mejor casa de comidas de la ciudad que conocía y podía pagar. Durante la comida tomó la palabra el gran emperador diciendo: - fijaos: este hombre es capaz de gastar 10 monedas de oro en un banquete porque soy importante, pero es incapaz de darle un pedazo de pan a un mendigo hambriento”
 
Horno de Pulquerio, el panadero de Villamoratiel de las Matas, del año 1961
El origen del pan es incierto; aparece con las primeras civilizaciones. Se atribuye a los egipcios la consolidación de la técnica de panificación, así como la elaboración de pan fermentado. También cuentan que los romanos aprendieron el oficio de los panaderos en el siglo II a. C., por el contacto con la cultura griega. En las ruinas de Pompeya se han encontrado restos de panes carbonizados acabados de salir del horno, que permiten conocer con mucho detalle su elaboración y su forma. Hacían panes redondos, cuadrados, trenzados, en espiral, coronas, planos, hechos con moldes de diferentes formas o formas especiales. Marcial en sus Epigramas, describe unos panes con formas eróticas y critica a la mujer que los encargaba.
 
Cuenta del pan de Justo Morala…
Pulquerio en Villamoratiel de las Matas.
 La barra o pistola es el formato más demandado por el consumidor español, con el 75% de cuota de mercado, seguido muy de lejos por las baguettes(10%), las chapatas (7%) y el payés (4%). Según los datos del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, la ingesta de pan en 2012 se situó en 36,12 kilos por persona en España, uno de los países europeos donde menos se consume. La caída del pan en nuestro país ha sido espectacular en las últimas décadas. En el año 1964 se comían 134 kilos anuales per cápita, casi cuatro veces más que hoy. “La campaña de desprestigio en los últimos años ha sido nefasta, por parte incluso de nutricionistas, que en los regímenes de adelgazamiento lo primero que quitaban era el pan”, se lamenta un maestro panadero.
 
 El agua, junto con la harina, es elemento primordial en la calidad del pan. Componente subestimado del que a menudo solo se tiene en cuenta su proporción respecto de la harina, la peculiar naturaleza química de ciertas aguas de manantial son determinantes en la obtención de las propiedades organolépticas de un buen pan. Dicen que donde hay buena agua hay buen pan; el contenido de bicarbonatos cálcico-magnésicos del agua de los manantiales,  además de permitir el uso de harinas flojas, confiere a la miga del pan de una textura muy suave. Los tipos de pan tradicional de León son: la hogaza, pan de montejos; son barras de pan muy cocidas y de corteza gruesa y crujiente. Se dice que este pan recibe ese nombre debido a que es propio de la localidad cercana a la ciudad de León, de Montejos del Camino. Pan leonés: son barras de pan anchas y altas con los picos redondeados y la corteza muy crujiente y espolvoreada de harina. Su masa se prepara con harina de trigo. Es el tipo de pan, junto con la hogaza, más frecuente en nuestra provincia… “Si le preguntas a un buen panadero dónde está el secreto de un buen pan, te dice que en la silla, en el tiempo”.
 
Puerta con contrapeso  y luz  del  horno de Pulquerio en Villamoratiel de las Matas.
 Allá por finales de los años sesenta y principios de los setenta, hubo un cambio importante en la fabricación de pan, empezaron a juntarse algunos de los panaderos de las comarcas  y empezaron a trabajar en cooperativas. De esa manera  trabajaban menos y no se hacían la competencia; hubo y hay todavía algunas cooperativas que siguen funcionando como la de Mansilla de las Mulas.  Para terminar dejaremos una impronta…Pan y circo: Frase tomada del latín panem et circences, expresión del poeta romano Juvenal quien, en sus sátiras criticaba la corrupción en Roma en los tiempos de César. Actualmente, sirve para ilustrar las únicas aspiraciones de las masas populares… Pero eso sí, que nunca nos falte el pan, el urmiento de cada día.
 
Uno de los hornos de la cooperativa Panificadora del Esla.
 
 
El guaje ya quiere aprender a hacer pan