martes, 17 de enero de 2017

NOTICIA: Cuando en Rioseco había peleas de toros

Joaquín Alonso reúne la etnografía de este municipio bañado por el Luna Destaca la importancia de la feria de San Mateo.

Un detalles de la arquitectura tradicional del municipio.
IMAGEN MAS -

E. GANCEDO | LEÓN
diariodeleon.es
Lo que más llamó la atención del veterano etnógrafo leonés Joaquín Alonso mientras reunía, ordenaba y analizaba para este libro los ritos y tradiciones del municipio de Rioseco de Tapia fue la tremenda importancia de la feria «de San Mateo y San Mateínes», que todos los años se celebraba el 21 de septiembre en Tapia. «Acudía gente no sólo de la zona, de comarcas leonesas colindantes y de Asturias y Galicia, también de Zamora y Salamanca, generando muy abundantes compras y ventas, sobre todo de lechones y cerdos de ceba en un mercado en el que no faltaban tómbolas, puestos de navajas, de melones y hortalizas, y de escabeche. La sensación de fiesta era total, sin faltar comida, juego de bolos y baile. Sólo las viudas y los enfermos se quedaban en casa».

Alonso, autor de otras obras de referencia para el estudio de la etnografía regional, como Alfarería tradicional en la provincia de León, La casa con cubierta de paja o Arquitectura tradicional de Omaña, explicó que la obra Rioseco de Tapia. Etnografía de un municipio leonés, fue un proyecto que partió de la alcaldesa, María Trinidad García Arias, y en el que lleva trabajando desde antes de 2010. «Quise que el libro tratase sobre la vida tradicional del municipio entre los años finales del siglo XIX y las décadas de los sesenta y setenta del siglo XX», comenta Joaquín Alonso, por lo que, además de realizar encuestas personales, buceó en el Archivo Histórico de León (protocolos notariales y catastro) y en el Gobierno Civil, así como en boletines oficiales, libros de las cuentas de fábrica, diccionarios geográfico-estadísticos y bibliografía general.

«El siguiente paso fue reunirme con los vecinos de cada pueblo, tarea que me facilitó Manuel Díez Álvarez, alguacil del ayuntamiento en aquellas fechas, y a quien siempre estaré agradecido por su seriedad y entrega —amplía el investigador—. Las reuniones se planteaban con varios vecinos al mismo tiempo, lo cual supuso la posibilidad de contrastar lo que se decía. Lo cierto es que tuve unos informantes extraordinarios, algunos de los cuales ya no están entre nosotros». En cuanto a los interesantes cantares incluido en el texto, «en su mayoría me los proporcionó Pilar Lombó, de Espinosa —especificó—. Otros se debieron a Dolores Labrador, Guadalupe Menéndez y Guadalupe Ramos, las tres de Rioseco. De los que fue posible, Héctor Luis Suárez hizo la transcripción musical». El libro, que ha salido en edición no venal y cuya distribución corre a cargo del Ayuntamiento de Rioseco, incluye costumbres tan destacables, a juicio de Alonso, «como la función o Auto de Reyes de Espinosa de la Ribera, que se volvió a poner en escena el 6 de enero de 2001 por el empeño de Pilar Lombó. Poco después ella publicaría por su cuenta la letra del manuscrito, cuyo folleto, al parecer, llegó en su día al pueblo desde Montejos del Camino». «También considero una singularidad —aporta el autor— las luchas de toros que de vez en cuando se celebraban en Rioseco, con el beneplácito, naturalmente, de sus dueños. Recordemos que es algo que fue también habitual en la ribera del Esla».

A Joaquín Alonso le parecen asimismo muy interesantes «tanto el vocabulario como los reglamentos de las distintas Comunidades de Regantes y los estatutos de las cofradías de Ánimas de Rioseco y de Nuestra Señora de Camposagrado (los únicos que se conservan). Incorporarlos al libro supone facilitar datos para estudios posteriores y, al tiempo, favorecer su preservación. Por otro lado, es curioso que no se conserven las Ordenanzas de Concejo, algo que he lamentado porque son fundamentales para conocer y comprender la vida de un lugar».

TALLER INVERNAL: “LA PIANOLA. Enróllate y toca”

Actividad gratuita previa inscripción en el Museo Etnográfico Provincial de León.
Teléfono: 987 311 923. Mayores de 12 años.

Sábado, 21 de enero. Taller: de 17:00 h.  a 19:00 h.
Sábado, 18 de febrero. Taller: 17:00 h. a 19:00 h.

Patio Espacio Peregrino. Planta Baja. Museo Etnográfico Provincial de León
Mansilla de las Mulas.  


El Museo Etnográfico Provincial de León de la Diputación de León, comienza el desarrollo de un nuevo Programa de actividad, con un claro deseo de continuidad a partir del Seminario Didáctico de la pianola que tuvo lugar el pasado 18 de junio, para introducir de manera activa a jóvenes y adultos en el uso musical del Museo, y en este caso a través de un instrumento musical muy especial, La Pianola.

El Museo con programas musicales  como éste le toma el pulso a la tradición musical culta española y europea, pero desde el formato de Escenario Abierto, para que todos los que se apunten, “se enrollen y toquen”(los rollos de pianola),  puedan sentirse intérpretes musicales o aquellos que tengan formación o virtud al piano tengan la posibilidad de expresión artística hacia el gran o pequeño público que quiera asistir gratuitamente.

Es a través de uno de los objetos más apreciados, La Pianola o piano mecánico, que fruto de un depósito llegara al Museo, haya sido restaurada y afinada, y fuera presentada el Día de los Museos de 2015, ahora junto a la colección de más de 800 rollos de pianola tanto de Música Clásica, Ópera, Zarzuela y Música Española puedan ponerse en uso musical para todos aquellos que con más de 12 años quieran recoger el reto de convertirse en Pianolistas por un Día, brindándoles el Escenario y Público del Patio Espacio Peregrino del Museo.


Así pues les invitamos a conocer el ingenio de la pianola, a ser pianolista por un día. A descubrir una forma diferente de interpretar música. Con un solo movimiento de pedal será capaz de interpretar música clásica, valses, zarzuela, tangos etc. La música irá surgiendo como por arte de magia, será una manera diferente de pasar la tarde del sábado que nos transportará a las épocas cuando la música solamente sonaba en grandes salones de casas magníficas hasta la aparición del gramófono cuando la música ya llegó a todas las clases sociales.

viernes, 13 de enero de 2017

NOTICIA: Procesión y bendición de los animales en la fiesta de san Antón


diariodeleon.es
Los vecinos de Paradilla de la Sobarriba celebran el domingo la festividad de san Antón, con una misa a las 13.00 horas animada por el grupo Acedera y la posterior procesión por las calles de la localidad. Al término del recorrido, se realizará la tradicional bendición de los animales y el reparto de los panecillos de San Antón. | dl

San Antonio Abad. MEPL

NOTICIA: Luthier, el hacedor de la música

El luthier, uno de los más bellos oficios de la historia que conjuga unas manos increíbles para trabajar todo tipo de materiales, sobre todo la madera, y un amor por la música que le lleva a investigar hasta la perfección del sonido.

Una más que bella estampa de un antiguo taller de luthier con ventanal,
 que huele a madera y barnices; en ocasiones las melodías suenan a cielo.

Toño Morala | 09/01/2017
lanuevacronica.com
Tenía el que les escribe un vecino que era zapatero remendón y, a la par, reparaba instrumentos varios; él no fabricaba, solo restauraba… que si un clavijero, un puente, un mástil… cambiaba la piel a los tambores; también tocaba el saxofón en la banda municipal. Era una gran persona y alguna tarde de domingo nos llevaba al bombé a verles tocar; una maravilla para los oídos de un niño con más tapial que oído, pero bueno… así era la cosa. Alguna vez pasábamos por la zapatería y entrábamos a saludarle, y nos llamaba poderosamente la atención el olor de la pequeña zapatería, así como algunos instrumentos y maderas que tenía colgados del techo, al fondo del pequeño local. El buen hombre falleció a principios de los años setenta. Cuando pasábamos por la zapatería siempre nos acordábamos de él; hacía años que no recordaba ni siquiera su cara, pero al comenzar esta narración, me he acordado del buen zapatero, músico y reparador de instrumentos varios. También arreglaba algunos de la banda municipal, y casi siempre los de los chavales que comenzaban a dar clases en el conservatorio. El otro día hablé por teléfono con un quinto mío del barrio y le recordé la historia y lo recordaba entrañablemente; además él, mi amigo, trabajó un tiempo de aprendiz los sábados con el zapatero y me contó algunas cosas más; entre ellas, que daba cera y barnizaba muy cuidadosamente algunos instrumentos de cuerda… cambiaba las cerdas de los arcos de violín, el violonchelo, la viola o el contrabajo.
Hubo luthier que no supieron que lo era, como un recordado zapatero remendón
También que tenía varios puentes siempre fabricados y que muchos días iba a las carpinterías cercanas a rebuscar pequeñas maderas para múltiples usos, y que las cuidaba mucho. A su manera, y sin saberlo, quizás, era un maestro luthier a la antigua usanza; y seguro que alguna vez construyó algún instrumento desde el principio y no la sabíamos; en fin que la historia está contada. Hoy, también tendríamos que escribirles sobre las nobles maderas que sirvieron y sirven para fabricar artesanalmente multitud de instrumentos de todo tipo; pero lo importante es el maestro luthier, nombre bonito donde los haya, y que además acompaña a ese halo casi mágico y de cuento que tienen estas buenas gentes. Les quiero imaginar tranquilos y solitarios; siempre atentos a la buena mirada a las maderas con las que trabajan, y siempre pensando en fabricar un instrumento que suene muy bien y que el músico le saque todo el partido melódico que pueda o sepa. Lo de los músicos lo dejamos para otra ocasión. Cuando se escucha el sonido de cualquier instrumento musical, se piensa en primer lugar en la cultura a la que pertenece y en el virtuosismo del quién lo interpreta. Sin embargo, pocas veces se hace un reconocimiento a quienes con sus manos hacen posible que la música perdure y evolucione a través de la historia. Son los artesanos musicales o luthiers, los responsables de darle forma a los más diversos materiales, para que en las manos de consagrados intérpretes hagan posible el humano encuentro con las artes sonoras convertidas en ritual, en festejo o íntima contemplación.

En la Edad Media el artesano que construía instrumentos musicales se le conocía como ‘Hacedor’ de instrumentos, profesión que se consideraba unida a las de tañedor de instrumentos y maestro de danza. En el siglo XVI en España, esta profesión no se considera oficial, se le conoce como violero y guitarrero, posteriormente como lutero por asociación al luth o laúd, que era el instrumento más popular. En el siglo XVIII el luthier tenía el monopolio de la construcción de instrumentos de cuerda frotada y pinzada y desde esta época la lutería se asocia generalmente con las ciudades de Cremona, Mirecourt y París y a las familias: Amati (el padre y sus tres hijos, Cremona 1505 – 1684), Antonio Stradivarius y sus dos hijos (Cremona, 1644-1742) y los Vuillaume (Mirecourt y París, 1700-1875).

El gran mito del oficio fue sin duda Antonio Stradivari, de Cremona, el gran Stradivarius
El más famoso luthier de la historia nació en 1644 en la ciudad de Cremona, Italia. Tras abandonar frustrado su inicial deseo de llegar a convertirse en un gran violinista, entre los años 1667 y 1679 se convirtió en aprendiz de Niccolò Amati, otro famoso luthier italiano. En un principio, Antonio sólo se dedicaba a realizar tareas ordinarias y sencillas de reparación en el taller de Amati, pero su especial habilidad y talento lo llevaron a realizar cada vez trabajos de mayor importancia. A los 17 años, ya consiguió que se le encomendara la fabricación de un violín en su totalidad, demostrando haber alcanzado la maestría de su maestro Amati en un tiempo asombroso. Tuvieron que pasar otros tres años, hasta 1670, para que en los instrumentos del genial alumno apareciera el letrero prestigioso: «Antonius Stradivarius Cremonensis Faciebat Anno…» (Antonio Stradivari de Cremona, fabricado hacia el año…), seguido de la fecha de fabricación, una inscripción que, desde hace cientos de años, coleccionistas y músicos sueñan con leer algún día en un violín de su propiedad. En 1683 se instaló por su cuenta en la Piazza San Domenico de Cremona, el mismo edificio que su maestro, y pronto adquirió fama como creador de instrumentos musicales. Alcanzó la perfección que ha sido motivo de minucioso examen y estudio, particularmente en lo que atañe al fenómeno de la sonoridad. Sólo a sus violines se les reconocen las cualidades de todos sus predecesores en un solo instrumento: fuerza, dulzura, poder y expresión. Es precisamente entre 1700 y 1725 cuando construyó sus más preciados violines superando en calidad a los posteriores; se calcula que construiría alrededor de 13 al año. 

Stradivarius firmó su último violín a los noventa y dos años de edad. A partir de 1730, muchos violines fueron firmados Sotto la Desciplina d’Antonio Stradivari F. in Cremona, y fueron probablemente hechos por sus hijos, Omobono y Francesco. Tras haber tenido una fructífera y longeva existencia, murió en 1737, con 93 años, dejando 1,100 instrumentos entre violines, violonchelos y violas, de los cuales, cerca de 650 se conservan a fecha de hoy. Esta historia cuenta que el mismo Stradivari encontró un árbol dentro de un río de cuyo tronco de este árbol creó algunos de sus más renombrados instrumentos. Esta teoría se encuentra justificada a través del concepto de vibración que adquieren los materiales con el tiempo. Se dice que la propia madera adquirió la vibración del río, lo que le da un sonido único e irrepetible. También, la leyenda le persigue… Una poética que afirma que Stradivarius extraía sus materiales de la madera de los barcos naufragados. El insecticida… Las termitas y la carcoma eran un peligro constante e implacable en la época. El uso de unos polvos insecticidas desconocidos habría resultado ser el inesperado causante de su bello sonido.

Y para ir acabando. Les dejó un relato de la casa sobre el tema: El violín… Demasiado tiempo en aquel estuche de madera y terciopelo rojo; demasiado olor a polvo viejo y a resina descompuesta. Abierto a la vida después de tantos años, al luthier le sobrecogía tanta belleza entre sus manos. Nadie osó tocar, ni siquiera abrir el estuche con aquel viejo violín que el abuelo había regalado a su hija más pequeña desde que la tuberculosis se la llevó con apenas doce años. La tristeza en aquella casa fue el pan de cada día durante toda su vida. Al final, una sobrina ya muy mayor se hizo cargo del violín entre otras cosas, y a su vez, una nieta desempolvó el magnífico instrumento. El luthier miró tiernamente al violín; le quitó las viejas cuerdas, y lo dejó descansar sobre una mesa. Lo miraba fijamente, lo escrudiñaba lentamente; parecía que algo no le cuadraba, y así se pasó unas horas; limpió cuidadosamente el clavijero, desmontó el cordal y el puente… al diapasón le pasó varias veces la mano y sus dedos…, le dio un poco de cera sobre la caja y lo cubrió con un viejo trapo de algodón. A la mañana siguiente no estaba el violín. No entendía nada, lo había dejado desmontado… al rato llamó a la puerta un viejo con largo pelo lacio y largas patillas. Traía el violín de la niña. Se despojó de la capa, dejó el instrumento encima de la mesa ante la atenta mirada del luthier. Éste se quedó sorprendido… y le preguntó que quién era… el viejo se echó la capa encima y le dijo… «Anoche me llevé el viejo violín… y estuve tocando para la niña de las trenzas negras, entre las estrellas y la luna llena… y me llamo Niccolò Paganini…».

martes, 10 de enero de 2017

NOTICIA: Así se gobernaban los pueblos

El rescate y edición de las Ordenanzas de Abelgas de Luna prueban cómo el concejo regulaba antaño cada detalle de la vida cotidiana y el uso racional de los recursos.

El viejo crucero ubicado junto a la puerta de la iglesia.
- club xeitu

E. GANCEDO | LEÓN
diariodeleon.es
Cómo y cuándo se podía cortar leña del monte. Cuánto debía pagar el infractor o aquel que prendiese fuego sin causa justificada. Qué ganado componía cada vecera y quién debía hacerse cargo de ellas. De qué tipo de impuestos estaban libres los ‘pobres de solemnidad’ y cómo podían ayudarles el resto de los vecinos...

Las ordenanzas de Abelgas de Luna constituyen, y lo dice el autor del libro, «un material inédito y un interesantísimo ejemplo de ordenamiento concejil en la Montaña Occidental durante el siglo XVIII». Pablo García Cañón, natural de Salientes, licenciado en Geografía e Historia y profesor del IES Obispo Argüelles de Villablino, ha sido el encargado de redactar el estudio previo y de transcribir estas antiguas leyes a partir de documentos rescatados por el Club Cultural Xeitu para producir un libro (tercero de los Breviarios del Cuvachín) que da buena cuenta de cómo se han venido organizando por sí mismos nuestros pueblos antes de la llegada de la modernidad.

Sin partidos políticos y mediante usos asentados en el perfecto conocimiento del terreno, la localidad montañesa regulaba —entre todos los vecinos y con ayuda de derecho consuetudinario a veces puesto por escrito tal y como revela este libro— cada brizna de hierba y cada porción de terreno fértil para procurar el más perfecto equilibro entre presencia humana y equilibrio natural. De este modo, las ordenanzas «por las que se rige y gobierna la villa de Abelgas, concejo del mismo nombre, Montañas del Reino de León» —como reza el texto original— «constituyen una fuente histórica y documental de gran valor que nos permiten conocer en profundidade los numerosos parámetros sociales y económicos que rigieron aquellas sociedades campesinas del occidente astur-leonés en el Antiguo Régimen», continúa en el estudio preliminar Pablo García Cañón.

En concreto, el volumen recupera el concejo general, reunido a toque de campana, celebrado en Abelgas el 30 de diciembre de 1759, estando presentes el juez ordinario (Juan Álvarez de Omaña), el síndico general (Pedro Álvarez), el escribano (Baltasar Alejo Flórez), dos regidores (Domingo Álvarez y Manuel Álvarez) y otros tantos vecinos, quienes acuerdan encargar a Andrés Álvarez y Francisco Álvarez Melcón que procedan a redactar las ordenanzas, «por ser ambas personas de la más satisfación e inteligencia». Posteriormente, este cuerpo legislativo, como repasa García Cañón, «debía ser refrendado por los vecinos en concejo». Se suceden a continuación 85 capítulos en los que se regulan «con una meticulosidad y casuística abrumadora, aspectos diversos del comportamiento de una comunidad en los múltiples campos de la vida cotidiana».

De la vecera al monte

Veamos unas muestras. Si el lector se fija en las veceras, comprobará que en Abelgas había, al menos en esa época, «vecera de vacas, añojos, yeguas, cabras, ovejas, carneros, machos cabríos, corderos machos y lechones, quedando exento de vecera los gochos, el caballo de silla del párroco, un caballo padre, los toros destinados a cubrición, un verrón y las dos reses que se le concedían al vecino que tenía el perro mastín».

O por ejemplo los pastos, como las boerizas, que eran los de mejor calidad, allí donde pastaban los bueyes de labor. En las ordenanzas existen normas muy detalladas «de su acotamiento, de las fechas a partir de las cuales esta clase de ganado puede pastar en esos lugares y de otras cuestiones —narra el autor—. Por ejemplo, se establece que los bueyes puedan entrar en las boerizas a partir del día de Nuestra Señora de Septiembre; sin embargo, la normativa prohíbe bajo fuertes penas pecuniarias la introducción de otra clase de ganado, tanto de la villa como foráneo, salvo los toros ya capados, y esto sería del ocho de septiembre en adelante».

Especial cuidado observan estas leyes a la hora de mantener en buen estado los montes: «Se sanciona a las personas que incendien el bosque y se establecen cotos de madera en los que ésta no se puede coger sino es con permiso expreso del concejo», ejemplifica García Cañón, haciendo ver que las disposiciones forestales giran en torno a dos preceptos: potenciar la plantación de masas arbóreas y promover su conservación. Se obliga a los vecinos a plantar al menos tres plantas de álamo o de otra especie cada año, penaliza la deforestación incontrolada y los incendios, etc. Sin embargo, en ciertos parajes «se autorizaba talar madera cuando se construyese una casa nueva, para arreglar alguna que corriese peligro o por extrema necesidad». Todo, así pues, bien razonado y explicitado.

El arriendo de los puertos a los rebaños trashumantes de ovejas merinas (que anualmente rendían a Abelgas la nada desdeñable cantidad de 12.750 reales de vellón), el vino (la única taberna del pueblo no podía quedarse sin suministro más de ocho días y no podía negar la venta de vino a nadie, excepto pasada la medianoche) son otros asuntos de los muchos incluidos, algunos de ellos tan curiosos como el hecho de no permitirse en la villa la presencia simultánea de más de dos mastinas, para evitar así que los machos abandonasen sus lugares de vigilancia y se enzarzasen en peleas durante la época de celo. Además de eso, se penalizaba sabiamente «a todo aquel vecino o forastero que de cualquier forma maltratase a estos animales».

domingo, 8 de enero de 2017

NOTICIA: Las luces se apagan en el museo minero

El Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León cerrerá el próximo 31 de enero la muestra con la que ha rendido homenaje a los utensilios que utilizaban los mineros para iluminarse bajo tierra.

Los populares candiles también se usaban para bajar a la mina. DL -

J.M. CASTRO | SABERO
El próximo 31 de enero finaliza la exposición Rincón de Luz, un espacio expositivo dedicado a la iluminación en la mina y actualmente alberga la exposición Candiles, linternas y faroles. Muchos han sido los ex mineros o personas ligadas con la minería que han desfilado por el espacio expositivo y que han reconocido alguno de los modelos con los que ellos habían trabajado en la mina.

El Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León, con sede en Sabero , recoge con esta exposición ciento dieciséis modelos de lámparas de diferentes épocas, tipos y características. Todas estas piezas son propiedad de Fernando Cuevas, coleccionista y gran estudioso de la iluminación minera. El empleo por el hombre de la luz artificial, distinta a la que el fuego proporciona, se remonta, al Paleolítico. Las lucernas, fruto de la evolución sufrida por aquellas primitivas lámparas, comenzaron a usarse de forma masiva paralelamente al desarrollo de la agricultura, que proporcionó combustibles como el aceite de sésamo, aceite de semilla de lino y, sobre todo, aceite de oliva. Serán los mineros romanos quienes emplearan por vez primera estas pequeñas lámparas en sus explotaciones a lo largo de todo su imperio, si bien existe constancia de que con anterioridad ya habían sido empleadas por egipcios, micénicos, fenicios (que las comercializaron) y griegos. En los siglos III y II a.C., los romanos comenzaron la fabricación de las mismas, imitando a los modelos griegos, e introduciendo modificaciones (dándole más altura al depósito y las paredes, y cerrando la parte superior de las lámparas) hasta llegar, en el siglo I a.C. a la producción de lucernas típicamente romanas, llegando a dominar el comercio de las mismas incluso en la misma Grecia. Tanto las lucernas como las lámparas de arcilla y los candiles medievales seguirían empleándose hasta principios del siglo XVI, en que los candiles de hierro irían sustituyendo paulatinamente a estas atávicas lámparas. A pesar de ello, y hasta 1750, en muchas minas sajonas siguieron usándose lámparas de arcilla que consumían sebo de carnero o de caballo. En España, los candiles han sido siempre un producto típicamente popular, elaborados por hojalateros, herreros y artesanos del metal. Generalmente construidos en hojalata o hierro, y excepcionalmente en metales más nobles como el latón o el bronce. El carácter distintivo de las linternas viene dado por ser totalmente cerrados y provistos de cristal, para evitar con esta forma el que las corrientes de aire pudiesen apagarlos. Su uso se mantuvo a lo largo del siglo XIX, hasta que la aparición de las lámparas de acetileno sustituyeron a las viejas lamparillas de aceite de estas linternas. a exposición podrá verse hasta el mes de enero, en horario de museo, con entrada gratuita.

La exposición cuenta con 116 modelos de lámparas
de todas las épocas de la minería. CASTRO -




sábado, 7 de enero de 2017

NOTICIA: Busto: "Llenamos el vacío de gaita que había en León y alfoz"

MÚSICA TRADICIONAL La Agrupación de Gaitas Virgen del Camino, Agavica, presenta este sábado en el Teatro San Francisco su estandarte en un concierto en el que estarán acompañados por Norberto Magín y Luis Mondelo.

La agrupación de gaitas Agavica en el Aeropuerto de La Virgen del Camino.
Fulgencio Fernández | 07/01/2017
La actividad de la Escuela de Música de La Virgen del Camino ha supuesto un salto de enorme calidad en la vida cultural de este municipio. Uno de los frutos de esta Escuela es, sin duda, Agavica, la Agrupación de Gaitas de la localidad que, recuerda su director Rafael Busto, "nació en las clases de la escuela, entre mis alumnos de gaita y percusiones tradicionales por ese impulso natural de llevar a la calle las enseñanzas de clase, pues parece su lugar natural de expresión".

Y después nació la Asociación Cultural (Agavica) para coordinar las actividades del grupo y siguieron creciendo. Otro de los frutos fue el estandarte, que también crearon los propios componentes, a partir de que uno de los miembros,Amador Souto, donó unas telas muy antiguas de lino que tenía en casa, del siglo XIX. "Después se formó una comisión integrada por Asun, Carmen, Maite y Marga, también del grupo para la realización de un estandarte que representa a esta agrupación". 

El acordeonista Norberto Magín
Este estandarte es el que presentan en el concierto de esta noche en León. "Hemos buscado que represente a nuestra tierra; con el verde del color de La Virgen del Camino, nuestra patrona y de la que cogimos su nombre; unleón coronado de nuestra ciudad, y el gallo de San Isidoro de León. También representa nuestra forma de vestir, un picado en paño granate por nuestra ropa tradicional, la forma del estandarte por el medievo y el verde por nuestro traje oficial. Además hemos bordado todos nuestros símbolos: el nombre de Agavica, nuestros instrumentos, gaita, bombo, redoblante y panderetas". Y al hablar de bordar no quieren pasar por alto "las numerosísimas horas que Marga ha pasado en compañía de una aguja y un bastidor".

Y para ‘vestir’ la puesta de largo del estandarte un gran concierto en el que además harán un repaso por su repertorio y sus ‘trabajos’ más habituales, según explica Busto: "Haremos una parte de temas tradicionales, rememorando nuestras presencias en dianas, pasacalles, procesiones... una segunda de bailes populares, en los que también participamos con frecuencia; y cerramos con temas más actuales y modernos; contando además que en los descansos para que se cambien los miembros del grupo de ropa actuarán otros dos profesores de la escuela, Norberto Magín y Luis Mondelo, es un lujo contar con ellos".

Señala Rafael Busto, berciano que lleva en el mundo de la música tradicional desde los 14 años y no deja de dar gracias al destino por poder dedicarse de manera profesional a lo que siempre había sido su hobby, que su origen berciano fue el que seguramente le llevó a la gaita. "En El Bierzo es uno de los instrumentos estrella, si fuera leonés seguramente habría acabado en la dulzaina, pero...". Esta circunstancia y la añadida de ser profesor en la Escuela de La Virgen del Camino permitieron que naciera esta banda que, explica su director, "viene a llenar ese vacío de bandas de gaitas que existía en la ciudad de León y en los importantes pueblos de su alfoz. No había tradición y ha sido acogida de una manera magnífica, tanto las clases como la banda. No puedo decir otra cosa a la vista de los resultados, en el año 2016 la banda ha tenido entre 35 y 40 actuaciones en los lugares más diversos, sobre todo de Castilla y León y Asturias, y en muchas de estas actuaciones nos dejan apalabrados de un año para otro. Creo que son una cifras muy importantes en este mundo de la música tradicional". 

Luis Mondelo, intérprete de chifla y tamboril.
Agavica cuenta en la actualidad con 27 integrantes, entre gaiteros y percusionistas. Las gaitas utilizadas están afinadas en Do, y la percusión utilizada son panderetas y tambores tradicionales. Señala el director, Rafael Busto, que "están afinadas en lo que se llama afinación temperada o moderna por no utilizar el término de gaita gallega, que siempre induce a equívocos. A mí personalmente no me gusta nada utilizar esa terminología de gaita asturiana, leonesa o gallega, pues no se ajusta a la realidad de lo que hacemos".

Busto lleva en la música tradicional desde los 14 años cuando entró en un grupo de bailes de Ponferrada. "Era mi hobby, me formé como gaitero de forma autodidacta y, con el tiempo, ya cursé estudios superiores de gaita en el Conservatorio". 

Y así llegó a la Escuela de Música de La Virgen del Camino, de la que, dice, "no es porque trabaje allí, funciona muy bien, está creciendo, se matricula mucha gente de León y San Andrés y ya tiene una matrícula de más de 400 alumnos que estoy convencido de que le han dado un vuelco a la vida cultural, sobre todo musical, del municipio, que tengo en tendido que va a acometer una ampliación".

Busto viene tres días a dar clase, otro acude a Fabero, también a Bembibre, los fines de semana con su grupo de Ponferrada... "No me quejo, cuando tu hobby es tu profesión no puedes pedirle nada más al destino".