viernes, 5 de agosto de 2016

EDITORIAL: SIEMPRE HABLÓ CON LAS MANOS. SEVERINO PRIETO CORDERO




Autor de texto y fotos: 
José Ramón Ortiz del Cueto. Director del Museo Etnográfico Provincial de León.

Dicen que el Patrimonio Inmaterial se reconoce entre otros en los conocimientos y en las actividades que el ser humano ha ido desarrollando de manera colectiva para dar respuesta a múltiples necesidades económicas, sociales, culturales, etc. siendo la Memoria, la que encierra los saberes tradicionales que de forma prácticamente oral, visual y manual se han ido trasladando a través de las generaciones.


Pero es sobre todo en la memoria individual de aquellos que mediante una actividad, las más de las veces llevada a oficio, han escrutado de manera pormenorizada todo el torrente de experimentación de ensayo, acierto y error, para que a lo largo de una vida (y casi siempre cerca del final) hayan pasado unas veces de meritorios, aprendices, oficiales a finalmente maestros y otras del inicial y simple placer electivo del ocio puntual a conformar el centro vital de lo lúdico personal.


Independientemente, Severino profesional o aficionado a la cestería, lo que sí consiguió es llegar a ser un maestro (en todos los sentidos). Desde su capacidad de manipulación, hasta su capacidad de transmisión y también por qué no, de las formas que tuvo de comunicación.


Y es que Severino, aprendió a leer en las manos, de aquellos que en cestería tuvieron que contarle…y aunque nosotros, los no iniciados, materialistas de lo objetual, siempre se nos fuera la vista hacia el objeto final que condensaba todo el saber tradicional, lo cierto es que lo que mejor transmitía eran sus manos, que nunca escondieron para sí ni e saber atesorado, si su destreza en el manejo de juncos, mimbres y paleras, sino su capacidad de enseñar a todo aquel que quisiera oir, ver o hacer.


Ahí residen varias de las grandezas que nos dejó, su lenguaje visual y material, sus formas de esculpir la fibra vegetal, su incansable anhelo y voluntad de comunicación y participación en cualquier foro social que en formato de encuentro o feria, le permitiera transmitir su conocimiento, más que para obtener reconocimiento, por el placer de compartir, con la firmeza del que es sabedor de que su arte es fruto del esfuerzo, de la voluntad, de la tenacidad y de la capacidad de experimentar cualquier derrotero que tuviera a las fibras vegetales de la cestería como núcleo central de su práctica.


Por suerte nos quedan su forma de expresión, acción en imágenes y su fruto objetual que ya forman parte de la cultura tradicional leonesa, en las que este maragato ha formado parte activa no solo como Severino el Cestero de Viforcos, sino Severino el que no faltaba a las ferias del Val, Astorga, Lorenzana o tantas otras más y finalmente seguir enseñando a partir de él, en el Museo Etnográfico Provincial de León, sus cestos, costureros y demás.


Severino, gracias por hablar.


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