miércoles, 14 de junio de 2017

COLABORACIÓN: Pregoneros, alguaciles, barrenderos, policías municipales, carceleros, matarifes… oficios de nuestros pueblos…

Autor: Toño Morala

Pregonero y alguacil.

Los mayores de nuestras casas, y otros más jóvenes, aún recuerdan a aquellos pregoneros municipales con el cornetín en mano y la orden municipal en la otra, que iban por plazas y calles, primero tocando el cornetín o corneta o tambor, dependiendo de zonas; y a voz en grito leían el manuscrito o a máquina de escribir con cinta de tinta, las ordenanzas y otras historias para que los conciudadanos se enteraran de las noticias, y de aquellas ordenes municipales tomadas en pleno o comisión de gobierno; la mayoría de veces, el propio alcalde soltaba lastre al secretario municipal o al alguacil y pregonero, y santas pascuas.

El gran José María Copete, pregonero, alguacil y municipal
 de Mansilla de las Mulas durante muchos años

El pregonero era otra de las profesiones más populares en los pueblos de España. Llegaba con su corneta o tambor, y haciéndolo sonar reunía a todos los habitantes para comunicarles noticias importantes venidas de otras ciudades, o acontecimientos extraordinarios dentro del pueblo. Su origen se remonta a tiempos del Imperio Romano, y durante siglos fue el medio de comunicación y publicidad más eficiente. Con la llegada de la radio y la televisión, la utilidad del pregonero se vio relegada a un segundo lugar, abocándolo a la desaparición a lo largo de la segunda mitad del siglo XX. En otras ocasiones el pregonero iba voceando la llegada de algún vendedor ambulante, o aquellos otros que arreglaban todo tipo de cosas, desde el paragüero, estañador, el afilador, el mielero… en fin, todos aquellos acontecimientos que intentaban hacer la vida más cómoda a los habitantes de los pueblos. Más acá, en las torres de las iglesias se ponían altavoces de bocina, y desde algún lugar cercano, se llamaba y se publicitaba todo aquello previo pago de tasa por dar difusión a lo concreto de la venta ambulante y otros añadidos. La historia nos dice que fueron importantes estos oficios que dependían de los Ayuntamientos, y como saben, hay anécdotas para parar un tren.

El típico cornetín del pregonero.

Los susodichos y nombrados oficios municipales eran, en los pueblos pequeños y Villas, pues el de barrendero, alguacil y pregonero, municipales pocos, y con permiso de armas, menos; matarifes en los mataderos municipales de trócola y poco más. Cuando llegó el agua y desagüe a algunos pueblos, eran los propios obreros municipales quienes abrían y descubrían las averías, para que al rato llegara el fontanero y arreglara el reventón de una tubería, o un enganche de extranjis, quiero decir, que no pasaba el agua por el contador pertinente. Aquí sí que había la de de dios es cristo, acudía hasta el juez de paz a poner orden entre los trabajadores y el infractor, cosas de algunos. 

Pregoneros y alguaciles de Villa grande.

Allá por los años cincuenta y sesenta, el trabajo de pregonero y alguacil tenía su aquello; las funciones eran variadas, desde organizar el poco tráfico en el pueblo a golpe de silbato, llamar con el tambor o cornetín para leer en alto el bando del alcalde, o la ordenanza invitando en la Semana Santa a los lugareños a participar, a poner bonitos los balcones, a quitar carros y remolques de las calles, así como en fiestas y otros añadidos como eran acompañar a la corporación en plenos, homenajes, carrozas, desfiles varios… llevar notificaciones de todo tipo, incluidas las del juzgado de paz; en fin, todo aquello que era menester realizar para el buen funcionamiento entre las corporaciones y las buenas gentes de los pueblos; estos hombres eran los que daban la cara en todo y por todo; los que aguantaban el chaparrón cuando las cosas no eran buenas noticias para el vecino.

Copete  ya de Municipal  de Mansilla de las Mulas, 
vigilando unas obras.

Y en esas estuvo durante más de tres décadas José María Copete, pregonero, alguacil, y más tarde municipal armado de la Villa de Mansilla de las Mulas. Copete era un hombre muy querido y respetado en la Villa; aunque nacido en Asturias, pronto llegó a estas tierras y se quedó hasta su fallecimiento hace ahora algo más de veinticinco años. Cuando marchaba de vacaciones, tenía que dejar el arma, la pistola, en el cuartel de la guardia civil. Tiene en su currículo, entre miles de cosas, el haber ayudado en aquel atraco a la sucursal de la caja de ahorros de Mansilla, por lo que fue reconocido públicamente por la entidad y por el consistorio.

 Copete y un coche mal aparcado, a tomar nota…

Hombres que siempre estaban atentos a las jugadas de algunos forasteros, que ayudaban a las vecinas mayores con la compra, buscaban a los niños perdidos por traviesos; en fin un largo etcétera. Otro oficio era el de carcelero, el último de Mansilla se llamaba Santos y vivía en el propio Ayuntamiento; no hace falta el explicar cuál era su cometido. Luego estaban aquellos de oficios varios, aquellos que prendían las calefacciones de carbón y leña en el duro invierno en los colegios y edificios públicos, siempre a la sombra y casi en silencio, hacían su trabajo y así durante toda la vida, muchos años de saber los problemillas de las bombas de agua, los desagües, incluso de la luz, cuando era a 125 voltios y las calles se quedaban a oscuras a la primera tormenta de agua y truenos. 

Pedrín, Basilio, Cesar y Vicente Moro, trabajadores del
 Ayuntamiento de Mansilla de las Mulas, hacían de todo.


También tenían que espalar las calles cuando había nieve, echar sal… cuando más trabajo había era por ferias y mercados, fiestas… y si el pueblo o villa estaba cerca del río, alguna vez, tuvieron que trabajar noche y día para ayudar, y mucho, en inundaciones y demás; podaban árboles de parques y plazas, barrían las calles… así estuvieron también los grandes, entre otros, Pedrín, Basilio, Cesar y Vicente… un montón de años haciendo de todo y mirando por el bien común en la Villa de Mansilla de las Mulas. Otros de los trabajos de estas buenas gentes consistía en tocar las campanas donde no había campanero, poner en hora y engrasar los relojes del campanario y del propio Ayuntamiento, abrir y cerrar las llaves de agua en averías; avisar al vecindario de cualquier desarreglo y arreglo de calles… cuidar los cementerios. Muchos años atrás, estas buenas gentes cobraban en especie por esos trabajos, y eran los alcaldes y curas quienes daban las ordenes y pagaban… y también cobraban las tasas de las basculas en ferias y mercados, y cobraban por anunciar por calles y plazas a los vendedores ambulantes, titiriteros… también se encargaban de los acontecimientos sociales; nacimientos, bautizos, bodas y defunciones; para esto último el encargado era el campanero que era el que sabia los toques y llamadas de campana. También existían aquellos voceros ambulantes que gritaban por calles y plazas previo permiso municipal… ¡Cacharrero! ¡EI traperooo! ¡Botelleeero! ¡El afiladóoor! ¡Cuchillos, navajas que afilar!, esta era la primera forma oral de la publicidad. Este es, también, el sistema de que se valieron los pueblos para enterarse de las noticias, por medio del pregonero. Y así es como daba las horas y el estado del tiempo el sereno cuando decía… ¡las doce y sereno! ¡Colchoneeeero! ¡Vendo piedras de mechero! ¡Paragüero! Los gritos de la calle, o sea los pregones callejeros se reprodujeron en comedias y sainetes costumbristas. Ricardo de la Vega en la escena primera del sainete titulado "El señor Luis el Tumbón o Despacho de Huevos frescos", saca a los vendedores pregonando sus mercancías… ¡Naranjas! ¡Camuesas! ¡Qué ricas! ¡Qué ricas! Siempre con la misma retahíla, un año y otro, recorriendo todos los pueblos y anunciando las noticias de la vida. "De parte del señor alcalde, se hace saber...". Anunciaba, el pregonero,… con su gorra de plato y bien visibles las letras V P (Vox pópuli: Voz del pueblo) encima de la Visera, que algunos con su habitual socarronería, traducían por "Vino Puro".

En plena faena.


2 comentarios:

  1. ¡La intrahistoria del pueblo que no aparecerá en los libros de hitoria! Pero, en realidad, es la auténtica historia. Me ha gustado la evocación.

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  2. Muchas gracias, abrazos, Toño Morala...

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