miércoles, 15 de noviembre de 2017

ACTIVIDADES MUSEO ETNOGRÁFICO PROVINCIAL DE LEÓN MES DE NOVIEMBRE 2017

PRESENTACIÓN LIBRO:

“LA HUIDA DEL TIEMPO”.

Autora: Charo de la Fuente Mar

Sábado, 18 de noviembre 17,30 h.
Patio Espacio Peregrino. Planta Baja. Museo Etnográfico Provincial de León
Mansilla de las Mulas. Actividad Gratuita



La Diputación de León a través del Museo Etnográfico Provincial de León en colaboración con la autora Dª. Charo de la Fuente Mar, organizan la presentación del LIBRO:

“LA HUIDA DEL TIEMPO”

El próximo sábado día 18 del presente mes de noviembre, tendrá lugar en el espacio Patio Peregrino del Museo Etnográfico Provincial de León, sito en Mansilla de las Mulas, la presentación del libro “La huida del tiempo”, contando con la presencia de su autora Dª. Charo de la Fuente Mar.

El libro que nos presenta,  “La Huida del Tiempo”, según la autora, es un viaje poético por la propia existencia personal de cada uno, pues hace un recorrido y nos acerca a los momentos cotidianos de la vida, aquellos que ocurren mientras se nos pasa el tiempo de la misma y que nos hacen ser lo que somos, conducir nuestra vida como lo hacemos, evitar aquello que no queremos, o asumir lo inevitable…

Se para en cada instante y congela las vivencias que ocurren en ese imaginario viaje. No permite, como es lógico, que viajemos en el tiempo, eso sólo es ciencia ficción, de momento, pero nos permitirá ver cómo se enredan las variables espacio y tiempo en la vida y la existencia personal, y lo hará de un modo poético, mientras pretende hacernos pensar en el “mientras tanto”, en los momentos vividos, aunque la conclusión sea siempre, en todos los casos y para todos,  que el tiempo pasa, inexorable, y nada podemos hacer por cambiar tal realidad, salvo vivir cada momento que se nos regala…

Lo que la autora quiere, con esta obra, es que antes de “esa huida”, disfrutemos “este particular viaje por el tiempo”…

Al mismo tiempo la autora también hará un recordatorio de su libro anterior dedicado a León, titulado: Tierra de raíces y de amores”. Consta de dos partes diferenciadas. En la primera parte, pinta la tierra y sus raíces y, por ello, sus poemas son un canto a sus orígenes, a lo recordado, a lo acostumbrado, a lo importante y más valorado de ellas. La segunda parte es una vuelta a la vida interior, a los sentimientos, al amor adolescente, al amor a la familia, a las vivencias que marcan y, también, a la esperanza de seguir pisando la misma tierra, manteniendo las raíces y  los mismos amores.

Así pues, les esperamos en esta tarde dedicada a la poesía con una autora de nuestra tierra, que bien seguro llevará a los presentes a pasar una deliciosa velada llena de sentimientos.


ACTIVIDAD REALIZADA


Dª. Charo de la Fuente Mar,
en la presentación de su libro "La huida del tiempo".

Presentación del libro de Dª. Charo de la Fuente Mar, "La huida del tiempo",
en el Museo Etnográfico Provincial de León.




NOTICIA: ¡Estamos en la gloria! La calefacción radiante más antigua

Las glorias, ese sistema económico de entrar en calor durante los fríos inviernos en el sur de la provincia de León y que tanto recuerda a abuelos... "Ande yo caliente, ríase la gente".


Toño Morala | 13/11/2017
La tarde se echaba encima en aquellos inviernos tan terribles de frío; la abuela ya andaba detrás del abuelo desde hacía rato…-¡Anda, prende la glorieta, que los más pequeños ya van teniendo frío! El abuelo sonreía, abría la puerta de la cocina y, justo allí, en el pasillo, levantaba la trapa de madera y se ponía a arrojar la gloria… de un cesto grande a los ojos de un niño, el abuelo sacaba restos de manojos de las viñas, una poca de paja trillada, y con una de aquellas cerillas hacía una lumbre pequeña, luego le metía más paja y un manojo grande de los palos de las viñas, lo empujaba con una especie de pala… y el decrepitar del fuegocon aquel tiro al fondo y las llamas, empezaba lentamente a calentar el suelo de aquellas primeras baldosas. Todo un rito que previamente nada quedaba al azar; en la cuadra, pajar, o panera, esperaban los manojos de las viñas podadas en febrero; al lado, la paja trillada esperaba al cesto de mimbre; todas las mañanas, también se prendía el hogar y se ponía la trébede para hacer desde el desayuno, hasta la larga comida. Luego, al mediodía, el abuelo dejaba en el portalón, justo a la entrada de la casa, el cesto lleno para arrojar la glorieta a eso de media tarde; en los días más fríos, la glorieta se prendía por la mañana también. Al momento, todos los chavales nos sentábamos repartidos por toda la cocina, con la advertencia de la abuela… - ¡cuidado con las posaderas que luego se ponen fastidiadas!, decía entre risas. De todas las maneras, en la cocina, ya desde temprano, el hogar, la horneja, estaba prendida todo el día con el pote lleno de agua caliente para lo que fuera menester. Se hacía de noche casi a media tarde, el frío fuera era tremendo, las calles del pueblo estaban vacías, la abuela y madre escuchaban la radio, una de aquellas radionovelas que duraban años, mientras el abuelo y padre iban a la cuadra a dar de comer al ganado y a ordeñar. La hora de la cena temprana, aquellas sopas de ajo y alguna tortilla con lo que hubiera, y el pan, el magnífico pan de masa madre, de hurmiento que hacían las vecinas, cada semana o cada quince días, en una casa diferente. De nuevo un último arrojo a la gloria para mantener parte de la casa algo caliente, y para la cama… camas que ya estaban precalentadas con aquellos ladrillos que se ponían en la trébede… el resto era dormir tapados hasta la nuca con aquellas sábanas de lino y aquellas mantas de lana que picaban la intemerata, hasta hacer calor entre todos los que dormíamos en aquellas camas de uno cinco de ancho y colchón de lana. Pero no vamos a desviarnos de la cuestión que hoy nos ha traído hasta estas líneas. La gloria, la glorieta, la de frío que ha quitado en estas tierras del sur de León, y en otras partes; pero, además, por aquí, el combustible de madera era muy escaso; en mi pueblo, allá en el vallejo y, como plantados por el viento, apenas una hilera de olmos medianos, daban algo de sombra a los pastores en el duro verano de calor intenso; el resto era paja, manojos, rastrojos varios… y con eso se calentaba el personal y se atizaban los hogares para hacer las comidas tan repitadas durante años. 


La gloria, «el sistema más económico de calefacción», consta de tres partes fundamentales: el hogar o boca por donde se introduce y ‘arroja’ la paja, escoba, madera o sarmientos que sirven de lento combustible (se sitúa generalmente en la cocina o en el pasillo que comunica la vivienda con el corral; muchas glorias, también tienen la entrada por el exterior de las casas); una serie de galerías que recorren, bajo el suelo de la casa, las principales dependencias,–la mayoría solo la cocina y parte del pasillo–; y una chimenea o humero recibida en el muro del final de la estancia, por donde sale el humo. Las galerías o conductos subterráneos se hacen a nivel algo superior al del hogar, y constan de una canal principal o cañón que une otros secundarios, precisamente los que llegan a las partes más frecuentadas de cada estancia (las glorias, en las casas más viejas, no recorren todas las estancias de la casa, si no que caldean la cocina y poco más). El canal principal termina en una chimenea, que sube, vaciada en el muro o adosada a él, hasta el exterior; tiene ésta una chapa (el ‘tiro’ de la gloria) que sirve de cortafuego y que se cierra al tiempo que la trampilla del hogar, una vez encendida la gloria, para conservar el aire caliente.

Tenemos una amplia descripción de las glorias de finales del siglo XVIII, según la cual, se desprende que las actuales han simplificado sus formas: «A lo largo de la sala más capaz y cómoda de la casa se construye un poyal hueco de bóveda deladrillo, y de cuatro o cinco palmos de altura, que corre arrimado a la pared. En medio de este poyal y al frente, se abre una boca en arco de tres cuartas de alto y casi la misma anchura, cuyo centro forma una especie de hornilla, que en la parte superior tiene un respiradero, esto es, un cañón embebido en la pared o tapia de la espalda y que penetrando por ella, sube hasta buscar el aire libre. El hogar está en el suelo de esta hornilla, y el modo de hacer el fuego se reduce a encender en él unos sarmientos e ir echando encima capas de paja trillada, ni tan lentamente que se consuman del todo, ni tan deprisa que se sofoque y apague la lumbre. De tiempo en tiempo se aprieta la paja y se continúan con las capas. Ese montón se rocía por encima con agua y se cubre y aprieta con piedras para que el fuego se concentre más y más y quede del todo cobijado». Aquí queda esto de aquellos años. Una de las razones de ser de este sistema de calefacción, radica, principalmente, en la utilización de combustibles no leñosos; por ello, es en las zonas desarboladas, como la de Tierra de Campos, donde más abunda. Además, en verano, la gloria es recorrida por una corriente de aire que refresca las estancias. En casas de varias plantas, el inconveniente es obvio, dado que la gloria no calienta los pisos superiores. Generalmente, las glorias se hacen de adobe o ladrillo, y sus techos, o sea los suelos de la casa, suelen ser de baldosas o piezas cerámicas que conservan el calor durante mucho tiempo. Se cree que las glorias pudieran ser estructuras derivadas del hipocausto romano. El hipocausto; es preciso dar algunas pistas históricas para comprender la morfología y el funcionamiento de este gran invento. Tras la Reconquista Cristiana, llegó la Edad Moderna con la repoblación de un territorio cada vez menos arbolado, más cerealista, más modificado por el hombre. Mucho influyeron las grandes deforestaciones que alimentaran los astilleros en la expansión colonialista española, a partir del Siglo XV. Los hipocaustos ya milenarios seguían allí, con su conocida capacidad de combustión lenta por regulación del flujo de aire... el sistema se perfeccionó para prescindir de la leña, cada vez más escasa, y así, quemando paja, ramas finas y desechos agrícolas, este sistema de suelo radiante rebautizado en castellano como gloria ha servido durante siglos para paliar la crudeza de los inviernos. Existe también un pariente menor de la gloria: la trébede, que además de calefacción servía de hogar para cocinar. El vocablo deriva del latín ‘tripĕdis’, trípode de hierro que facilita la cocción de alimentos elevando la olla sobre el fuego: precisamente la trébede es una elevación parcial del suelo de la habitación, con el hogar en la misma dependencia, donde se combinan cocina y gloria. Es una solución más económica pero igualmente funcional. Lo cierto es que, hasta la segunda mitad del siglo XX, la gloria y la trébede conformaron el sistema de calefacción y cocina por nuestras tierras, junto al hogar tradicional. En palabras de un vecino: «era la calefacción que se usaba en la habitación común de la casa, la cocina, donde nos reuníamos todos después de trabajar: el padre en el campo, la madre en la casa, los críos en la calle y escuela…» Y recuerden… «Ande yo caliente… ríase la gente…». Góngora nos sigue.

sábado, 11 de noviembre de 2017

NOTICIA: Agroalimentación, arte y maquinaria se unen en Mansilla

La muestra contará también con música, teatro y la tradicional degustación de bacalao.

La feria volverá a congregar a cientos de personas este sábado en Mansilla.
 JESÚS F. SALVADORES -
P.R.B. | REDACCIÓN
Desde tiempos inmemoriales, las ferias han contribuido desde siempre al sostenimiento y desarrollo de Mansilla de las Mulas. La del tomate —durante la etapa estival— marca un antes y un después en cuanto a calidad de los productos y ventas, pero es cada 11 de noviembre con la de San Martín cuando la villa alcanza sin duda su máximo esplendor. Una muestra multisectorial que crece con cada edición donde hay cabida para todos los sectores —en la explanada de La Fragua— y en la que se hace grande una de las mejores exposiciones de maquinaria agrícola de la provincia —en la avenida de la Constitución. Lo que comenzó como una feria ganadera es ahora el mejor escaparate posible para el comercio.

Y aunque como tal sólo se celebra cada día 11 de noviembre, al coincidir en fin de semana le acompaña un programa de actividades extenso —viernes, sábado y domingo— en el que no faltarán la música, la tradicional degustación de bacalao, el campeonato de mastín leonés o las representaciones teatrales, entre otras muchas cosas.

Las puertas de la feria abrirán de forma oficial el sábado a partir de las 12.00 horas con la recepción de autoridades, aunque ya habrá actividad desde mucho antes. Como suele ser habitual, el recinto ferial se concentra en el entorno de la avenida de la Constitución, en dos espacios diferenciados: una parte de la feria bajo carpa con más de cuarenta stand de productos agroalimentarios y artesanales; y otra parte al aire libre donde se expone la maquinaria agrícola, a lo largo de más de cuatro mil metros cuadrados. A ello hay que añadir el mercadillo multitudinario repartido por las calles y plazas de la villa. Por otra parte, este 2017 se cumplen 100 años de la celebración de las ferias mensuales en Mansilla. Por tal motivo, hasta este viernes puede visitarse la exposición de fotos relacionadas con las ferias de Toño Ceballos y Félix Llorente en la Casa Cultura, de 18.00 a 20.00 horas. Visitar Mansilla de las Mulas este fin de semana es conocer a fondo lo mejor de la artesanía, de la maquinaria y de la gastronomía, entre otras.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

VISITA TEATRALIZADA: NOVIEMBRE 2017

“Un paseo por la Feria de San Martín a través de las piezas del Museo”.

Recreador histórico: Pedro J. Mora Barrientos

Sábado, 11 de noviembre a las 17, 30 h.

Museo Etnográfico Provincial de León. Mansilla de las Mulas.
Actividad Gratuita

El Museo Etnográfico Provincial de León de la Diputación de León, por celebrarse en la Villa de Mansilla de las Mulas desde época medieval cada 11 de noviembre la Feria de San Martín, se suma a ésta con una actividad lúdico didáctica relacionada con la interpretación histórica y de cultura inmaterial sobre la importancia de las Ferias y Mercados.

Esta actividad especial se desarrollará en la sede del museo en forma de Visita Teatralizada a las 17:30 h. del día 11 y estará a cargo del recreador histórico, Pedro J. Mora Barrientos encarnando la figura de un mercader, quien nos contextualizará las reuniones mercantiles a través de las áreas del Museo que tienen relación con ferias, mercados, venta ambulante, tiendas de ultramarinos, etc.

Los Mercados históricos de algunas localidades de León se documentan ya desde el siglo XI, acaparando la mayor actividad mercantil y comercial de la época. Poco más tarde, a principios del siglo XII, surgieron de forma estable las Ferias, que poseían un dominio comercial espacial y material más amplio que los Mercados, siendo posiblemente en la provincia la Feria de Sahagún (alrededor de 1152) la que posea mayor antigüedad constatada.

Mercados y Ferias comercializaron toda clase de productos (granos, legumbres, hortalizas, tocino, fruta, pan, aceite, manteca de vaca, queso, ultramarinos, escabeche, paños, lino, linaza, lienzos del país, loza, alfarería, madera, aperos y artículos de lujo). Protegidos por la realeza, en el siglo XIII algunos de estos mercados y ferias consiguieron ser francos, es decir, libres de pagar impuestos. Esta herencia, sirvió para potenciar la productividad y las relaciones económicas que se desarrollaron exponencialmente hasta finales del Antiguo Régimen y previo al desarrollo de los nuevos medios de comunicación (trenes, viarios, explotaciones, nuevas demandas, etc.), que hicieron que a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX hubiera un nuevo empuje de nuevos mercados y ferias, que en gran medida han sobrevivido hasta nuestros días.

A principios del siglo XIX en la provincia se celebraban ferias en 27 localidades, lo que suponía 33 convocatorias al año, a las que hay que sumar 15 mensuales de los feriones del entorno berciano, de los que queda actualmente la feriona de Villablino. El motivo principal era la compra-venta de ganados, que podían variar según la fecha del año.


La Feria de Mansilla de las Mulas se suma a las históricas y de protección real, puesto que aparece citada ya en la primera mitad del siglo XV y en 1485 los Reyes Católicos ya reconocen su importancia y apoyo decidido en oposición a la de León ciudad, puesto que ambas compartían sus fechas a mediados del mes de noviembre, siendo fundamentalmente las transacciones de ganado de lo que en las dos ferias se trataba. La feria mansillesa fue afamada sobre todo por las transacciones de ganado caballar y mular, razón que produjo incluso la incorporación al nombre de la Villa. 

ACTIVIDAD REALIZADA

Pedro J. Mora en varios momentos de la visita teatralizada




SEMINARIO DIDÁCTICO: NOVIEMBRE 2017

“LA PIANOLA: Enróllate y Toca”.

Investigador: Fernando Pariente Arias.
Pianista, Profesor del Conservatorio Profesional de Música de León

Viernes, 10 de noviembre 17 h. Taller Didáctico
Actividad gratuita

Patio Espacio Peregrino. Planta Baja. Museo Etnográfico Provincial de León
Mansilla de las Mulas.


La Diputación de León a través del Museo Etnográfico Provincial de León, este mes de noviembre junto con el Conservatorio de Música de León han programado un Seminario Didáctico dedicado a la música, será D. Fernando Pariente Arias, Pianista y Profesor del Conservatorio Profesional de Música de León quien realice este taller con los alumnos del conservatorio acercándoles a la pianola, instrumento musical desconocido para muchos al ser utilizado solo durante un pequeño periodo de tiempo desde la segunda mitad del siglo XIX hasta la aparición del gramófono. Esta actividad está abierta para quienes quieran asistir como público general hasta completar el aforo.

La pianola con la que cuenta el museo es un depósito realizado por Dª Consuelo Valle Fernández en el año 2014, anteriormente, en el año 2010 había donado más de 800 rollos de pianola.

La pianola o piano mecánico es un instrumento musical que incorpora el mecanismo del piano al que se agregan elementos mecánicos y neumáticos para permitir la reproducción automática de la música perforada en un rollo de papel. El rollo o cinta de papel se desliza sobre el lector –barra metálica– que consta de una serie de orificios, denominados “flauta de pan”, dispuestos horizontalmente, y unidos a unos tubos que conectan con el mecanismo. El lector tiene tantos orificios como notas tiene el instrumento. La entrada de aire se origina a partir de dos pedales, accionados por el ejecutante, llega a los fuelles donde se almacena y éstos aportan la cantidad de aire necesaria para la producción del sonido y para impulsar el movimiento de la cinta programada sobre el “lector”.

Los rollos que posee el museo contienen adaptaciones de música de baile como valses, tangos etc,  música docta y de salón como habaneras, mazurcas y reducciones para piano de conciertos,  también cuenta con sinfonías y suites de óperas y de música popular.

Así pues les invitamos a conocer el ingenio de la pianola. A descubrir una forma diferente de interpretar música. Con un solo movimiento de pedal la música irá surgiendo como por arte de magia, será una manera diferente de pasar la tarde del viernes que nos transportará a las épocas cuando la música solamente sonaba en grandes salones de casas magníficas hasta la aparición del gramófono cuando la música ya llegó a todas las clases sociales.

ACTIVIDAD REALIZADA

Fernando Pariente y público en un momento de la actividad

Fernando Pariente y alumnos del Conservatorio.

Fernando Pariente mostrando cómo funciona la pianola

NOTICIA: Monjes, boticarios y herbolarios

Monasterios y conventos han servido de dispensa para muchas curas gracias al buen hacer de sus inquilinos, quienes siempre han sido grandes conocedores de las bondades de lo natural.

Los monjes han ofrecido históricamente curas a base de hierbas
en los hospitales que regentaban a lo largo del Camino de Santiago.

lanuevacronica.com
Toño Morala | 06/11/2017
Siempre me han llamado la atención esas pócimas, hechizos, brujería, hierbas que curan… esa mezcla de espiritualidad, fe, tradición, cultura en los hábitos de curar las enfermedades del ser humano y, también la de los animales domesticados, que al fin y al cabo, era de las mejores medicinas para curar el hambre, quizás la peor enfermedad a la que han llevado a millones de humanos, otros «humanos» en pos de enriquecerse para morir igualmente. El egoísmo, esa patria de la naturaleza; esa actitud de la que se puede huir, pero que tan difícil es esquivarla a lo largo de la vida, ha tenido su parte de culpa en los grandes avatares de la sobrevivencia de los pueblos y las tribus.


Ese mensaje tan solemne de las diferentes escrituras teológicas con mandamientos, reglas, memorándums y otros por el estilo, han estado muy bien para aquellos que siguieron y eligieron una vida monástica llena de silencio y precariedades. Poner una vida al servicio de los diferentes dioses, que al final , parece ser que todos son el mismo, ha sido una de las fuentes de sabiduría a lo largo de los siglos, y en ese transcurrir del paso del tiempo, el ser humano tuvo un montón de dolencias y enfermedades que se tuvieron que ir curando con remedios de muy alta estima en muchas ocasiones; en otras, no tanto, pero se fue paliando y atrasando la muerte. Y en estas cosas, parece ser que la fe, también ha ayudado; pero sin lugar a dudas, el conocimiento sobre la observación de la naturaleza y sus ventajas, la botánica, y dejarlo en el boca a boca, en un principio, para luego, con la escritura, dejar las recetas y fórmulas en buenas manos para el estudio y la inventiva de los más pacientes y abiertos a la sabiduría; y aquí entran las monjas y monjes, los monasterios, los conventos… las huertas sagradas de las hierbas y plantas que curaban y siguen ahí. 

Hoy nos vamos a muchos siglos atrás, para contarles la hermética vida de aquellos monjes boticarios que concentraban todas sus fuerzas en generar nuevas pócimas y fórmulas, con aquellos morteros y pilones que tan sabiamente manejaban y que recetaban tanto a los miembros de las congregaciones, como a los habitantes de los pueblos y aldeas más cercanos a los monasterios, prioratos y conventos. 


Y aquí entra esta «farmacia monástica», aquellas boticas donde se preparaban los ungüentos, pócimas, pomadas, fórmulas secretas que guardaban celosamente los boticarios monjes y que se pasaban de congregación en congregación como salvavidas de los más necesitados. Y en el Camino de Santiago, por todas sus rutas, se fueron creando en la mayoría de los monasterios y conventos, hospitales y boticas para curar las enfermedades de los peregrinos que iban o regresaban de Santiago, así como para uso interno y para los habitantes de los pueblos cercanos a ellos; y en esas boticas, monjes y mancebos se fueron formando en el gran arte de la farmacia. Muchas de estas fórmulas venían del mundo romano o se aprendieron de los musulmanes y judíos. Así ocurrió con la botica del monasterio de Santo Domingo de Silos que se fundó en 1705 a petición del pueblo de Silos. A lo largo del Camino de Santiago se difunden y preparan entonces medicamentos diversos; existían los mismos en Jaca, Pamplona, Estella, Nájera, Burgos, Frómista, Carrión, Sahagún, León, Foncebadón, Villafranca del Bierzo, el Cebrero, Portomarín y finalmente en Compostela, entre otros muchos que también quedaban un poco apartados del camino, pero que también tenían botica. La vida de Fray Benito Curiel, un monje boticario en Silos ha sido muy importante para esa comunidad. 


Durante siglos, las boticas de los monasterios situados a lo largo de las rutas jacobeas, (como lo fue Sobrado, situado en el denominado Camino del Norte), ofrecieron ayuda, alojamiento y alimento, a los peregrinos que se dirigían a Compostela. A lo largo del Camino son varios los hospitales que prestaron sus servicios a los caminantes, como el de Roncesvalles, San Marcos de León y O Cebreiro y numerosos son los cenobios que acogieron tradicionalmente a los peregrinos, como sucedió en Sobrado y Oseira. Varias abadías benedictinas en Galicia contaron, también, con una botica para atender a caminantes y enfermos pobres, como las de San Martín Pinario, Samos, Celanova o Ribas de Sil y otro tanto hicieron las cistercienses de Sobrado, Meira, Montederramo y Oseira. En cuanto al utillaje de la botica, pues imaginárselo tiene su aquel, menudos tiempos… Pero fue numerosa la existencia de piezas: balanzas (de dos tipos: la romana y la propia de botica, utilizada ya en el siglo XVIII), tamices, retortas, pildoreros, pesas, espumaderas, baños (de arena, de María, de reverbero, de vapor), crisoles (de hierro fundido, plata o porcelana), otros (manga de Hipográs para el filtrado grasero, de papel de estraza), embudos, matraces (de forma redonda con caños más o menos alargados), prensas para exprimir (normalmente la de tornillo), tamices, vasos (de vidrio, cobre o hierro), peroles y cazos, alambiques (numerosos y de diferentes tamaños, formas y materiales, como vidrio o barro vidriado), morteros (de piedra, madera, vidrio, cobre o bronce) o espátulas y, como elemento de mayor identidad de la botica, el conjunto de botes o «botamen».

Las boticas de los monasterios a lo largo del Camino de Santiago ofrecían cura  a los peregrinos
A lo largo de la Edad Media la instrucción del monje boticario se llevaba a cabo por medio de formularios de medicamentos, los denominados Hortus sanitatis, auténticas joyas, muchas veces adornadas con interesantes dibujos y gráficos. En el transcurso de los siglos, el aprendiz de boticario se incorporaba a un monasterio de la Orden en que hubiera botica, en la cual, llevaba a cabo un período de estudio y servicio a las órdenes del monje boticario. Y para ir cerrando esta pequeña historia de los monjes boticarios, lo hacemos con dos apuntes. El primero sobre la botica del Monasterio de San Benito de Sahagún. Como monasterio situado en el Camino de Santiago, contaba con hospital desde el siglo XI. En el siglo XV, en la villa de Sahagún había hasta cuatro hospitales, y una leprosería en las afueras (seguramente todos pertenecientes al enorme abadengo de San Benito, que comprendía diferentes prioratos, parroquias y monasterios en las provincias de León, Palencia, Santander, Zamora y Valladolid). En 1794 se incrementó el número de camas y aunque se conocen pocos datos, la existencia de la botica debió correr en paralelo. Algunas de estas noticias: en 1614 el monje boticario era fray

Diego de Seada; el Catastro de Ensenada de 1751 recoge que la botica está administrada por el seglar Nicolás Calvo Nistal y tres mancebos; en la segunda mitad del XVIII el responsable era fray Remigio Pérez, natural de Fuentes, diócesis de Astorga; fray Romualdo Escalona, monje de San Benito, describe que a la botica se accedía por la esquina del claustro que cae entre Mediodía y Poniente. Finalmente en el mes de mayo de 1834 un gran incendio destruyó gran parte del monasterio, lo que unido a la Desamortización provocó que en 1837 la botica fuese vendida a un boticario de Valencia de Don Juan. Y el de San Pedro de Eslonza. Cuentan que el Padre Feijoo (1676-1764), benedictino, gran filósofo, naturista, botánico, cuando vivió en el Monasterio de San Pedro de Eslonza, estuvo varias veces en Valduvieco (1706), recogiendo plantas medicinales para la botica del monasterio y descubriendo fuentes. Tiene varios escritos sobre las propiedades del agua, y relata algunas costumbres. 

En su Teatro de mundo, obra VIII, dice: «Un buen régimen para la salud es la siesta. Mis monjes la practican y no gozan de peor salud que el resto». Otra: « Si quieres vivir sano, la ropa que traes por el invierno, tráela por el verano». Dice también que los labradores de la zona empleaban la Piedra Lipis, Vitriolo azul de cobre, para rociar las semillas antes de sembrarlas. El P. Feijoo, dice que hasta los burros de por aquí son listos. Cuenta que la acémila del monasterio sabía leer el calendario, pues todos los jueves iba a León cargada de recados; y si no la ataban el martes, al miércoles desaparecía.

NOTICIA: Nace la asociación de artesanos Concha Casado

Villar del Monte acoge esta iniciativa que tendrá sede en dos pajares de teito restaurados.

Restauración de un pajar en Villar del Monte. LÓPEZ SASTRE -


ANA GAITERO | LEÓN
El alcalde Francisco Simón, tuvo palabras emotivas hacia a Concha, y recordó como luchó por la conservación de los pajares mediante la técnica tradicional de teitar con cuelmos de centeno. Uno de estos pajares ya fue recuperado con fondos de la Junta de Castilla y León, a instancia de Concha Casado, aunque necesita nuevas reparaciones.

La asociación albergará una exposición con los productos artesanales de las personas asociadas. Por ahora cuenta con especialidades como madera, instrumentos musicales, alfarería, mosaico romano, pasamanería, encajes, bordados, tejidos con paja de centeno, tejidos a telar, hilados, carátulas para máscaras, cuero y cestería de mimbre.

En el encuentro participó Jesús Antonio Martínez Lombo, responsable del registro artesano de la Junta en León y explicó los detalles de la ley de artesanía de Castilla y León, tipos de carnets artesanos, etc.

Su padre Jesús Martínez Hernandez, con una memoria prodigiosa, fue un invitado de excepción como testigo directo del funcionamiento del molino de arder al que llevaban la linaza varios pueblos de Cabrera, como Corporales o Valdavido.

En la jornada hubo también una muestra artesana en la plaza Concha Casado y un cuentacuentos abarrató el salón de actos de la Asociación Villar del Monte. La jornada tuvo una gran acogida tanto de parte del público local de Cabrera como de personas que llegaron desde Madrid, Barcelona, León y hubo hasta algún asistente de Estados Unidos.

El plato fuerte se reservó para la anochecida. En una gran hoguera, con un asador de castañas gigante, manejado hábilmente por los mozos cabreireses se inició el magosto acompañado de abundantes viandas, regadas con buenos vinos y exquisitos postres.

La música que aportaron los gaiteros de Quintanilla de Yuso puso la guinda a este encuentro en el que el lema más repetido fue: «Todos unidos lo conseguiremos todo», subraya Nati Villoldo, presidenta de la Asociación Cultural Villar del Monte: Vida, Costumbres y Tradiciones y directora del Centro Didáctico Museo del Encaje de Tordesillas que cuenta con una delegación en el pueblo caibrerés.

Villoldo resalta que las asociaciones culturales de Cabrera unidas, luchan por la recuperación de su cultura y patrimonio. Son gente de acción que no se para en los lamentos. Una de las las jornadas de esta fiesta de otoño la dedicaron a sembrar de centeno las zonas quemadas por el devastador incendio que asoló La Cabrera el pasado verano «con el fin de que sus raíces puedan contener las tierras de la erosión».