miércoles, 2 de diciembre de 2015

COLABORACIÓN: LA PICADURA… LA PETACA… Y EL CHISQUERO


Los abuelos sí  sabían lo que fumaban
Toño Morala
 
Picadura, aquella que llamaban también cuarterón
 
          Qué tiempos aquellos donde fumar era todo un lujo, y donde el tabaco todavía era una cuestión muy natural; no como ahora, que parece ser que los cigarrillos llevan veneno en sus adentros. Hay que decir de antemano que el tabaco mata, eso está muy claro, pero también matan otras cosas…y casi nadie dice nada. Vaya por delante que el que les escribe no es fumador desde hace más de veinte años, y además me encanta entrar en los lugares públicos y que no haya humo. Dicho lo dicho, vayamos al meollo de lo que hoy nos concierne que no es ni más ni menos que aquel tabaco que fumaban los abuelos y  alguna abuela también. Aquellos años de cartilla de racionamiento para el tabaco y para casi todo; y donde la picaresca y el estraperlo hacían de las suyas  para que una población pudiera tener acceso al tabaco y sus elaborados. Algunos después de la dura contienda y posguerra, llenaban sus pechos y calentaban manos y boca con cigarrillos.
Tarjeta de fumador de Alipio Riol, de Reliegos, cartilla de
racionamiento para el tabaco
   Algunos era  lo que metían por la boca durante horas, pues no había  prácticamente nada que comer; duro, muy duro decir esto, pero era la realidad. Los mayores de 18 años podían adquirir la “cartilla de fumador” con sus correspondientes cupones. Como los certificados de defunción tardaban en llegar a los estancos, fumaban hasta los difuntos.
No hacen falta comentarios
Algunos que no fumaban, compraban un cuarterón o tres cuarterones (tabaco de liar con palos que rompían el papel de fumar) o varios paquetes de “caldo de gallina” y los cambiaban por una hogaza de pan de estraperlo (mercado negro). Las elaboraciones de Tabacalera por aquel entonces se podían considerar infumables, tanto por la pésima calidad del tabaco como por lo defectuoso de su elaboración. Recordarán una marca de cigarrillos liados que llevaba el pomposo nombre de “Extrafinos” y que vulgarmente se conocía como “mataquintos”. Raro era el cigarrillo que no llevara un “tronco” dentro (tronco llamaban a las astillas de madera), lo que hacía que se apagara constantemente, y si intentaban arrancarle la astilla corrían el riesgo de que se vaciara entero y se quedaran sin él.
La Sin Bombo, Sublimes, Caprichos,
Celestiales, Chic, España...
También había el tabaco picado para liar; la llamada “Picadura Selecta”, a la que el fumador llamaba “paquete verde” por el color de la envoltura. Con la picadura se podía hacer una selección por medio del cernido, o sea, con un cedacillo fino se le quitaba el polvillo y con otro más  vasto  los troncos, operación que necesariamente se tenía que realizar en lugar adecuado y pacientemente. Como además de malo, estaba racionado, el tabaco de estraperlo constituía la principal fuente de ingresos  para muchas mujeres que a la vez comerciaban con otras historias.
Ya casi al final del racionamiento 1952
Al principio esas cartillas de racionamiento eran por unidad familiar, pasando más adelante a ser individuales. Para liar estas estacas, se utiliza papel de fumar de diversas marcas, entre ellas el Bambú, Jean y el Abadíe; o aquel otro de papel de arroz Smoking. Paquetes de cigarrillos apenas si se elaboraban. Solo "mataquintos", posteriormente Ideales de color amarillo y el "caldo de gallina", que también es necesario liar, aunque el papel lo trae ya el cigarro. Los "estraperlistas" de tabaco siempre actuando a escondidas y siempre en peligro de ser detenidos, tenían  su centro de operaciones en las plazas y calles más concurridas, y se hacían  de señas y tenían sus códigos para que no les pillaran las autoridades; los ricos ese problema no lo tenían, pues siempre había buen tabaco cubano para ellos.
Papel de arroz para liar cigarrillos

 Con tanta  escasez, algunos fumaban de todo lo que fuera natural, picado y para adelante. Tan pronto salguera y virlotos, hojas secas  que se sembraban  en los alrededores del pueblo, y se liaba con hojas de maíz. “Había pobres que recogían las colillas por la calle, juntaban el poquito de tabaco de cada una, lo liaban y lo vendían a los que no podían comprar paquetes”, me comenta un mayor fumador de picadura liada. Entre las pocas mujeres que fumaban, la mayoría se relacionaban con clases altas…Y me sigue comentando…  “Mi otro compañero era el paquete de Ideales, descendiente del Caldo de Gallina y de los tabacos de picadura que daban con la cartilla de racionamiento. Un tabaco áspero y con unas estacas que bien podrían usarse como leña para la lumbre o tizones apagados para  escribir en cualquier parte…” y se echa a reír a carcajadas.
 

Cigarrillos ideales, caldo de gallina..original tabaco que era un lujo

La planta del tabaco fue introducida en Europa por los españoles en su conquista a América. Las primeras semillas se plantaron en campos de Toledo por orden de Felipe II. Utilizado por los indios en sus rituales, además de fumarse,  se podía  masticar, beber o untarse sobre el cuerpo. A  los guerreros antes de la batalla se les soplaba el humo de la planta en la cara. También se echaba a los campos para la cosecha… Y de guajes, de chavales lo de la fumadera nos traía locos; menuda atracción que tenía lo del tabaco, era como si nos quisiéramos hacer los mayores. Los mecheros y cerillas producían una atracción insana por su capacidad de producir fuego, ante el que siempre nos quedábamos atónitos y del que debíamos mantenernos alejados según decían los mayores pues si no… “nos mearíamos en la cama“.
Una de aquellas cajas de cerillas
Las petacas de picadura que se abrían como bocas y se cerraban con un ruido sordo y seco después de depositar en la mano un montoncito de picadura que dejaba en el aire un aroma  del placer que parecía embargar a los fumadores, era un objeto deseable. Ya de mozos aquella famosa frase… “vamos a echar un pito” era lo más leal que existía en la amistad de los pantalones de elefante y la camiseta de Marylin Monroe. Y si en aquellas películas del oeste, los jefes indios firmaban la paz fumando, ¿por qué el tabaco era malo..? nos preguntábamos de niños ya con granos en la cara.

Petaca de tabaco traída desde África (1922)

Anécdotas sobre el tabaco de liar hay para parar un tren, les cuento  una  de mi abuelo…el hombre tenía en el portalón un banco de trabajo con usillo de carpintero también de madera; algunas herramientas, y sobre la pared en horizontal una estrecha  estantería, pero muy larga. Pues bien, le recuerdo con el cigarrillo siempre apagado en la comisura de los labios y todo rechupeteado; así como sobre la estantería, una  veintena de colillas de liado apagadas, y que el hombre iba consumiendo pacientemente. Le daba vueltas a lo que estaba haciendo mientras con el chisquero de mecha, prendía pacientemente las estacas. Sacaba aquel humo por la boca y con aquel olor a tabaco que apestaba se sonreía pícaramente, al ver mi cara de casi asco… me daba unas perronas o pesetas y me mandaba con un  pequeño tubo al estanco a comprar las piedras para el buen mechero contra viento y marea.
Colección chisqueros a chispa y mecha, el contraviento y marea

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