domingo, 30 de junio de 2013

NOTICIA: El histórico molinero que quiso regalar la memoria de su oficio.

LOS VIEJOS OFICIOS
Flavio, de Valle de Mansilla, restauró su molino para que pueda ser visitado.
F. Fernández / Valle de M.

 Flavio de la Puente jamás dejará de ser molinero. Flavio jamás dejará de ser luchador. Flavio nunca dejará de ser paisano.
Lo intuyes, cuando lo ves. Lo notas, cuando te da la mano y ves sus brazos todavía de acero. “No aprietes Flavio”. Él sonríe.
Tal vez recuerda que cuando era luchador muchos rivales ya se lo decían, “no me aprietes” o “tírame con cuidado”.
Flavio de la Puente, del Valle de Mansilla, nació molinero y fue molinero contra viento y marea. “Mi padre ya tenía el molino y lo habían tenido mi abuelo y mi bisabuelo. Mi padre no quería que yo siguiera con ese oficio, por eso con ocho años me mando al Colegio Leonés para que estudiara, pero...”.
Pero... Flavio quería ser molinero. “No es que se me dieran mal los estudios, es que yo quería ser molinero y con trece años dije que me quedaba en casa para ir al molino, era feliz allí. Mi padre siempre madrugó mucho, se levantaba a las tres o las cuatro de la mañana, y para que se me pasara la afición que tenía por el molino me llevaba con él, antes de amanecer. Y a mí más me gustaba, no me daba pereza, yo con tal de ir al molino”.
Y fue molinero. Tuvo que dejar el viejo molino a causa de la concentración parcelaria, que le dejó sin agua, y trabajar en uno eléctrico. Flavio ya se ha jubilado, pero sigue siendo molinero, tanto que se ha empeñado en que, aunque él no muela, haya molino, que esté abierto y sea visitable. “Compré la parte de mis hermanos del viejo molino, el familiar de toda la vida, y lo he ido restaurando pieza a pieza”. Eran 8 hermanos, pero sólo otro y su padre se dedicaron fueron molineros con Flavio.
Huele a nuevo, tiene flores en las ventas, se escucha el agua en el río... “¡Y qué bueno está el vino aquí a la sombra!”.
Flavio y su mujer Teresa; su hija Maite y el nieto, Marco

Mañana lunes abre sus puertas para que vaya a verlo quien quiera recordar este viejo oficio y sus olores. Gratis, por supuesto, como las lecciones que te puede dar Flavio si anda por allí. Se llama El Molino de Marco, que le ha puesto ese nombre en honor a su querido nieto Marco y que es otra manera de lograr que haya otra generación más de molineros en el Valle de Mansilla.
Otro visitante habitual, Toño Morala, repasa los trabajos realizados. “La obra ha tenido una gran trayectoria de restauración, desde la cubierta hasta los pisos, pero guardando toda la maquinaria inicial del molino; desde los cuatro rodeznos movidos por agua, hasta el elevador, las tolvas, las piedras, el pescante y las entradas y salidas del agua; todo un trabajo en un lugar que la naturaleza guarda con gran belleza y que la familia De la Puente ha sabido guardar con celo y tradición”.
Allí te esperan, en la ribera derecha del padre Esla, que también albergará diversas actividades culturales.

sábado, 29 de junio de 2013

NOTICIA:Campeonato de billarda en las fiestas de Dehesas

diariodeleon.es
29/06/2013
Este sábado día 29 se celebra en Dehesas, con motivo de las fiestas patronales, el prólogo al segundo torneo de billarda del Bierzo. La comisión de fiestas de Dehesas organiza este sábado 29, a partir de las 16.30 horas en el recinto ferial, un previo al torneo de billarda, que se jugara en el segundo campo de Flores del Sil, el día 13 de julio. | dl

jueves, 27 de junio de 2013

COLABORACIÓN: PEDRO “EL ACEITUNERO”, ARRIERO VENDEDOR AMBULANTE.

 Autor: Toño Morala

Pedro con la romana y las tripas  que vendía.
     Escribir sobre toda una vida de trabajo de cualquier ser humano en tan poco espacio es difícil y complejo, y que las palabras escritas llenen más de ochenta años de vivencias, de sacrificios  y humildad, también. Pero no todo fueron sufrimientos y malas épocas vividas, también las alegrías, llenaron la existencia de  dos seres entrañables; Pedro “El Aceitunero” y su mujer María. Nacieron a principios de los años treinta en Serranillos, un bonito pueblo de la Provincia de Ávila. Allí se conocieron de críos, allí labraron sus sueños y su amor, y allí comenzaron un proyecto de vida intensa y muy trabajada. Pedro empezó a vender pimentón por toda su zona y La Mancha con apenas diez y seis años. Iba con una vieja mula de la casa familiar. Con esa edad, ni el frío, ni el calor le quitaban  la sonrisa… “¡¡¡Pimentón de La Vera…dulce, picante, ocal…pimentón de La Vera…!!!”, voceaba  Pedro por todos los pueblos  al llegar, y en las plazas y calles se juntaban las mujeres para comprar el apreciado pimentón, con su romana al hombro, su plato gastado, y todo a granel…se vendía todo a granel. Pimentón dulce: de sabor suave. Elaborado principalmente con las variedades Bola y Jaranda. Pimentón ocal o agridulce: suavemente picante al paladar. Elaborado principalmente con las variedades de Jaranda y Jariza. Pimentón picante: pronunciado picor al paladar. Elaborado principalmente, con las variedades Jeromín, Jariza y Jaranda.


Con sus hijas Belén y Paquita.
Uno se recuerda de aquellas películas en blanco y negro, donde los buhoneros buenos hacían sus negocios por los pueblos del Oeste Americano. Iban con  mulas llenas de mercancías, y así, me imagino a Pedro  en aquellos  años. Mientras tanto María trabajaba el campo, iba a la escuela y aprendía  las labores de costurera, y ayudaba en todo en la casa familiar. Así hasta que Pedro aumentó los horizontes y llegó a Mansilla de las Mulas a mediados de los años 50; rápidamente vio que la comarca tenía mucho futuro y se quedó de posada en casa de Cenobia y Tomás. Hasta que un buen día y después de casados, alquilaron por 100 pesetas de las de entonces una casa en la Picara Justina. 
Pedro y su mujer María vendiendo aceitunas en la Fuente de los Prados en Mansilla.
Allí comenzaron una vida llena de sacrificios y austeridad. Pedro en época del pimentón bajaba a La Vera con su mula Azucena, pero no iba de vacío, por el largo camino vendía chocolate, velas, tripas… Llegaba hasta Alcázar de San Juan, Mora de Toledo, Tembleque…ya a la vuelta que tardaba un montón de días, vendía el pimentón, y como buen arriero vendedor, fue uno de los inventores de la logística del transporte. Como no podía llevar en la mula toda la mercancía, facturaba a varias estaciones los sacos; Viana de Cega, Almazara, Villada… Venía por los Melgares, iba vendiendo y recogiendo los mismos, hasta llegar a Villamarco, que ahí tenía el depósito para vender por estas tierras. Había que cargar y repartir el peso en  la mula, pues el espacio era muy pequeño; tenía dos tinos de los de escabeche para las aceitunas, unos cajones para el chocolate y las velas y los  higos pasos, y otros más grandes para el pimentón.


Pedro “el aceitunero” y su mula Azucena.
Cuenta que una vez Azucena se desbocó y terminó en alguna de las innumerables lagunas del camino entre Villamarco y Mansilla, hundida hasta las trancas, nunca mejor dicho. Tuvo que descargar la mula, recoger lo caído por el camino y sacar a la Azucena como pudo. ¡Me se perdió el cazo de las aceitunas…! En otra ocasión que había comprado un pequeño carro, le paso lo mismo, al macho le picaría un tábano o algo…y la zarracina fue terrible, todo caído por el camino de La Cenia, y no paró hasta que el bueno de Mundo en Villomar le agarró como pudo y lo paró. Detrás venía Pedro agotado y lleno de mercancía caída. Por ese tiempo María se había quedado embarazada de Belén, la hija mayor. Vivía una hermana con ella y ya empezaron a pensar en poner la tienda de ultramarinos. Recuerdan que cuando nevaba, tardaba en salir más de 8 días y solo podía servir a los bares de la Villa y poco más; ahí comenzó la venta de aceitunas también, las ricas aceitunas que las compraba en Dos Hermanas (Sevilla), y que una vez fue con el  primer Pegaso que se compró en Mansilla. Era de  Negocios y trajeron en bocoyes de madera, unos 13000 kg. de aceitunas. Como no tenía sitio en el almacén ni la tienda, los bocoyes quedaban en la calle; nunca le falto nada. Las variedades más vendidas eran Manzanilla y Picón Limón. En el verano, y dado el trasiego de veraneantes y turistas en  Mansilla, se ponían con un pequeño puesto a vender aceitunas en la Fuente de  los Prados.

Pedro dentro de su furgón  Mercedes tienda ambulante.
Lomas le hizo un carro nuevo que le costó 14000 pesetas. Era cerrado, con cajones antivuelco de la mercancía y tenía rueda de goma. Salía a repartir hasta Cistierna; paraba a dormir en La Alegría, en Gradefes, de allí llegaba por Garfín hasta Valporquero; allí le esperaban todas las noches para que contara con mucha simpatía historias de vecinos y caminos…hasta más de ocho días estaba por fuera vendiendo… Y nació su segunda hija, Francisca. Vino con un pan debajo del brazo. Al poco tiempo compraron el primer furgón, un Mercedes nuevo que les costó 180000 ptas. a pagar en 28 meses. ¡Me duró unos 35 años…! recuerda Pedro y también recuerda que la matrícula para vender la sacaba en Vitoria, pues era la mitad más barato que por aquí. Cuenta María que ella también trabajó lo suyo; atendía la tienda, la casa, la comida, las niñas para ir a la escuela, ponía el cisco debajo del grifo del bidón de aceite, pues en invierno se helaba. El bidón que llevaba Pedro en el furgón, le  pasaba lo mismo, tenía que llevar agua caliente para que se deshelara; preparaba las cajas de fruta, envasaba de todo, desde el arroz  hasta los fideos, pues todo venía a granel y ayudaba por las mañanas temprano a cargar el furgón de Pedro. En las horas que no había clase, Belén y Paquita ayudaban en todo desde bien niñas; tan pronto envasaban, como atendían a la clientela, entraban en la cocina a hacer los deberes, y un largo etcétera. Se caso Belén con  Lucio, que también es vendedor de ultramarinos con furgón, desde hace más de treinta años. Su otra hija Francisca también vende por estos nuestros pueblos con otro furgón…y la tienda ahora la lleva Belén y su hijo Paco, tres generaciones de vendedores de ultramarinos. Larga vida a todos y merecido recordatorio para María y Pedro “El Aceitunero”, el arriero ambulante del pimentón y la sonrisa siempre en la boca…repartiéndola.
 

jueves, 20 de junio de 2013

PIEZA DEL MES: JUNIO 2013

“ESTAMPAS DE DEVOCIÓN”.
La Estampa Religiosa Popular.

Investigador: José Luis Puerto (Etnógrafo, Escritor, Traductor).

Sábado, 22 de Junio 19,00 h.
Patio Espacio Peregrino. Planta Baja. Museo Etnográfico Provincial de León
Mansilla de las Mulas. Actividad Gratuita

Nada más comenzar el verano en pleno solsticio aunque fuera solo por calendario, en el Museo Etnográfico Provincial se programa la realización de la continuada actividad del Programa Pieza del Mes, seleccionando en esta ocasión dos estampas de devoción dedicadas una a la Virgen del Socorro de Valderas y otra al Cristo de Tabuyo del Monte.

Previamente a las 18 h. en el mismo espacio peregrino se presentará el libro “Un  Carro Chillón II y algo más” que versa sobre la continuación de la serie fotográfica realizada en 1926 por la Escuela de Cerámica de Madrid en Val de San Lorenzo, realizado por el propio Ayuntamiento del Val y editado por la Fundación Conrado Blanco de La Bañeza, contando con la presencia de varios de los autores como son, Concha Casado, José Ramón Ortiz, Miguel Ángel Cordero o el propio ponente de la pieza José Luis Puerto.

Como decíamos, en la Pieza del Mes será el etnógrafo José Luis Puerto el investigador encargado de introducirnos una charla sobre la Estampa Religiosa Popular, sus interpretaciones y significados como una de las fórmulas más emblemáticas de religiosidad popular producida para satisfacer las preferencias de advocación santoral según comarcas y grupos.

Con el fin de propagar y reforzar la fe, a finales del siglo XIV, los monjes predicadores vendían y distribuían estampas con la figura de la Virgen, de los santos o con escenas de la vida de Cristo.
La invención de la imprenta hace que proliferen este tipo de estampas religiosas, que, al ser las más divulgadas, hace que casi todos los grabadores se dedicaran a esta tarea, ya que constituía su principal fuente de ingresos.
Tres son las grandes funciones esenciales que la estampa religiosa popular ha cumplido a lo largo de la historia: en primer lugar, se ha utilizado como signo sensible de piedad y devoción (de ahí que se conozcan también con la expresión de “estampas de devoción”); como refugio contra las penas del purgatorio, en segundo lugar, ya que con este tipo de estampas se ganaban indulgencias; y, en tercer lugar, la estampa religiosa ha sido tenida como talismán contra todo tipo de desgracias y de infortunios.
De ahí que proliferaran en ermitas y santuarios, siendo vendidas en romerías y celebraciones. Quienes las adquirían las llevaban a sus casas, donde las colocaban en sus distintas habitaciones (salas, cocinas, cuadras del ganado incluso, dependiendo de qué tipo de estampa y qué advocación), con un afán tanto devocional, como protector, e incluso decorativo.
Aparte de en las propias ermitas y santuarios, otro de los modos de difusión de tales estampas religiosas populares ha sido el de su distribución, a través de toda la geografía española (cada advocación en el área de irradiación de su culto), por parte de ciegos y de santeros, que recorrían pueblos y localidades extendiendo, de ese modo, las devociones.
La contrarreforma católica, tras el concilio de Trento, trajo consigo el triunfo de la imagen, que, controlada por la Iglesia, se convierte –de modo combativo y militante- en medio de promoción, propaganda y adoctrinamiento, al tiempo que en instrumento sentimental de la devoción.
Los patrocinadores de las estampas religiosas populares, particularmente de las estampas de devoción, impresas en láminas de distintos formatos, suelen ser o bien devotos particulares, o clérigos, cofradías, o también órdenes religiosas que están al frente de algún santuario.
Abundantes ya en el siglo XVII, como producto de la contrarreforma, podríamos decir que su auge y plenitud se produce a lo largo del siglo XVIII; entrando ya, a lo largo del XIX, en un proceso de popularización y decadencia en cuanto a su ejecución artística.

ACTIVIDAD REALIZADA

D. José Ramón Ortiz del Cueto (Director MEPL) y D. José Luis Puerto

D. José Luis Puerto


ACTIVIDADES MUSEO ETNOGRÁFICO PROVINCIAL DE LEÓN. Mes de Junio 2013


PRESENTACIÓN PUBLICACIÓN:
“Un Carro Chillón y algo más II”

Autores: Concha Casado, José Ramón Ortiz, Miguel Ángel Cordero, José Manuel Sutil, Javier López y José Luis Puerto.

Sábado, 22 de Junio 18,00 h.
Patio Espacio Peregrino. Planta Baja. Museo Etnográfico Provincial de León
Mansilla de las Mulas. Actividad Gratuita

El próximo sábado día 22 del presente mes de junio, tendrá lugar en el espacio Patio Peregrino del Museo Etnográfico Provincial de León, sito en el Convento de San Agustín de Mansilla de las Mulas, la presentación del segundo volumen del coleccionable “Un Carro Chillón y algo más”, editado por el Ayuntamiento de Val de San Lorenzo y patrocinado por la Fundación Conrado Blanco de La Bañeza.

El acto de presentación tendrá lugar a las 18´00 h, contando con la presencia de Concha Casado, Conrado Blanco, Mª Azucena Fernández de Cabo, José Luis Puerto, Javier López-Sastre, Miguel Ángel Cordero y José Ramón Ortiz.

Se trata de fotografías realizadas por el profesor de la Escuela Madrileña de Cerámica, Aniceto García Villar, a lo largo del Curso de Verano de dicho centro educativo, llevado a cabo en Val de San Lorenzo a lo largo de seis semanas durante los meses de agosto y septiembre del año 1926. García Villar, era el reportero gráfico de los Cursos que realizaba la propia Escuela durante los veranos.

Así como en el primer volumen, los protagonistas en gran parte fueron los alumnos de la Escuela de Cerámica, que convivieron junto a los vecinos del pueblo, en este caso son los propios habitantes de la localidad maragata los que toman el relevo.


En las páginas del libro, encontraremos todo tipo de respuestas en cuánto a la indumentaria que lucen los vecinos del pueblo así como los alumnos de la Escuela ataviados con trajes maragatos. Así mismo, toda la arquitectura que se refleja en las imágenes del pueblo de Val de San Lorenzo, queda descrita con todo tipo de detalles. Por otra parte, la mayoría de los personajes (vecinos del pueblo) que aparecen están identificados con sus nombres e incluso con los apodos con los que eran más conocidos entre ellos.


En la portada del libro, toma un protagonismo especial, el fundador y director de la Escuela, Francisco Alcántara. El Curso de Verano de Val de San Lorenzo, sería el último al que acudió como director, dado que al término del mismo se jubilaría y cedería la dirección a su hijo Jacinto Alcántara.

El acto de presentación tendrá lugar a las 18´00 h, contando con la presencia de Concha Casado, Conrado Blanco, Mª Azucena Fernández de Cabo, José Luis Puerto, Javier López-Sastre, Miguel Ángel Cordero y José Ramón Ortiz.

miércoles, 19 de junio de 2013

COLABORACIÓN: Juegos perdidos.

Autora: Matilde Díez Martín

JUGANDO A HACER LA COLADA
Alfarería.
El mundo infantil
Juegos perdidos: Jugando a hacer la colada.
Pieza: Colador.

Es una pieza cuyo uso estuvo generalizado y  que se perdió  a principios del siglo XX  por lo que son escasos los testimonios sobre ella.
Se conocen coladores  de diversos materiales: cerámica, cestería, madera, piedra.
A esta pieza también se le denomina coladero, cuezo, barreñón para colar, coció,  tina,  codo,  cossi,  coladoriu, colaeru, coladem, boguen, bugadeiro …
Se han documentado coladores en  varios alfares, como en Arrabal del Portillo (Valladolid), Calanda  (Teruel), Mota del Cuervo (Cuenca), Alhabia (Almería), Cuart (Gerona).





 Ficha:
Comunidad: Castilla y León
Provincia: Valladolid
Localidad : Arrabal del Portillo
Alfarero: Miguel Ángel Tejero
Material: barro rojo sin aditivos
Técnica: torneado.
Cocción: horno eléctrico.
Pieza: Colador.
Uso: juguete.
Medidas: Altura: 10 cm. Diámetro boca: 5,50 cm. Diámetro base: 5 cm. Peso: 152 gr.

Morfología: pieza globular con un cuello alto y un vertedero en  la base. Sin asas.
Decoración: no tiene
Sello marca de alfarero: no tiene
Datación: pieza actual SXXI
Localización: colección particular
Bibliografía: Escenografías para el Belén blog.


El colador de  la fotografía, que bien puede ser considerado como juguete, con tipología similar a uno encontrado en Pedraja, Valladolid, (Primitivo González, Cerámica preindustrial en la provincia de Valladolid),  reproducido a escala  para Escenografías para el Belén por Mibako, es un recipiente,  en forma de tinaja , con una salida de agua en su parte inferior y a la que  se  ha  provisto de un gran cuello  troncocónico invertido.
Una informante de Villaluenga  de la Vega, Palencia, me describía su uso de esta forma:
"Cuando hacía buen tiempo, hacíamos la colada, preparábamos una gran olla con agua hirviendo y una buena cantidad de ceniza La ropa se ponía a remojo un día  entero con agua y jabón, del que hacíamos en casa con grasa y sosa, luego se lavaba. Bien lavada se  colocaba la ropa , que debía de ser blanqueada , en el colador. En la boca del colador se pone un paño de colar, que es un  trozo de tela"- el que me enseñó era un cuadrado de tela de lino rústico hilado y  tejido en telar manual- "de forma que haga un poco de bolsa  y pueda contener las cenizas y se echa por encima el agua hirviendo. La ceniza  produce una lejía que pasa a la ropa y la blanquea, por abajo se recoge el agua que sale por el drenaje y se vuelve a verter sobre la ceniza. Esto debe de realizarse muchas veces.
Al día siguiente, se vuelve a lavar la ropa  con el mismo agua con el que se realizó la colada y jabón .
Tras este nuevo lavado, se vuelve a repetir el proceso de colado con más agua caliente y  más ceniza.
Una vez bien  limpia la ropa se aclara y se tiende al sol".

 A este proceso que era muy laborioso y  se hacia  una o dos veces al año, se le llamaba hacer la colada, que comprendía todo el proceso de lavado y blanqueado y duraba tres días.
En  las referencias bibliográficas hemos encontrado distintas versiones en cuanto a las veces que se hacía la colada que varia desde una dos veces al año a hacerlo  semanalmente, esto parece estar relacionado con el nivel económico de la familia y el numero de sus miembros  y de si había o no chiquillería.
También hay distintas formas de preparar la lejía, en algunos lugares se  hecha la ceniza en el agua  y se bate y este agua se  hecha  sobre  la ropa, en otros se pone la ceniza en el paño y se hecha el agua caliente sobre ella.
En cuanto al número de veces que se hace esto, deben de ser muchas y empezar con el agua caliente para ir subiendo la temperatura, según el cancionero popular:
“Tres calentitas
 Tres calentando
 Tres espumientas
 Tres ferventando“

Aunque también hay versiones que aumentan el número de veces que se debe de realizar este procedimiento, hasta conseguir que el agua salga hirviendo por el vertedero.
Las familias pudientes contrataban mujeres que hacían este trabajo: “las que no tienen para criadas tienen que hacer la colada”.
La llegada de las lejías industriales, el agua y las primeras máquinas de lavar dieron  por resultado que este trabajo desapareciera y los coladores se dejaran de fabricar en los alfares.
Las jóvenes lavanderas ya no acuden con sus cestos llenos de ropa a  lavar, mientras cantan, en la orilla del río  y  las  mujeres mayores ya no preparan la lejía para blanquear la ropa, que así estaba distribuido el trabajo. Mientras, las más pequeñas, observan  y practican con sus juguetes.


Cocio y cocio de  juguete (1875). Museo Etnográfico de Terque
Exposición del juguete tradicional.
En la actualidad la ropa la lavan máquinas, con jabones y lejías industriales, pero  la expresión- hacer la colada- ha quedado entre nosotros para el proceso de lavado y tendido de la ropa
M.D.M.
 
LA CAZA DEL GRILLO
Alfarería.
El mundo infantil.
Juegos perdidos: La caza del  grillo.
Pieza: Grillera.

Eran tiempos en los que los niños no tenían ni ordenadores ni consolas y la televisión no había ocupado un lugar preferente en la casa, los niños de esta época, como los niños de todas las épocas, pasaban su tiempo de ocio jugando y uno de esos juegos era: cazar grillos.
Este era un juego de verano, había otros juegos de invierno.  Los grillos solo grillan en verano, durante el periodo en el que el macho busca llamar la atención de la hembra y para cazar grillos, es imprescindible que el grillo cante porque el cazador debe de guiarse por el oído.
 
A principios de verano, los niños  salían  al campo con sus grilleras y escuchaban atentamente el canto  del grillo para poder localizarlo, esto requería oído fino, pues  la longitud de onda en la que canta  hace difícil su localización, había que demostrar mucha  pericia y habilidad para ser un buen cazador de grillos. Se iba caminando sigilosamente hasta que el canto del grillo cesaba, eso significaba que estaba cerca, entonces se localizaba la madriguera, que es un pequeño agujero en el suelo. Una vez  localizada, ayudados por una paja para hostigarle  y algún liquido para inundar su habitáculo,  hasta que se le hacía salir, se le daba caza y se procedía a  colocarlo en la grillera.
 
La grillera es el juguete necesario para este juego. Juguete es todo objeto  elevado a esta categoría, con lo cual cumple esta función cualquier objeto que sirva para el fin previsto, en este caso servir de jaula para el grillo.  Solía  ser  una caja de cartón, una lata, un bote, cualquier cosa que el mismo niño  arreglaba, pero alguno más afortunado podía tener una pieza  como esta comprada a algún alfarero local o en los mercados semanales. También  había  grilleras de alambre  y de paja,  incluso alguna que se hacia con alfileres, llegada la época del  plástico aparecieron unas jaulitas de multitud  de colores.
 
El grillo  cautivo era alimentado con hojas de lechuga  o trozos de pepino y así se podía disfrutar de su canto durante todo el verano.
  Los grillos y las grilleras eran objetos de  comercio entre los  chicos  ya que el que no era habilidoso  cazando podía tener un grillo a cambio de alguna otra cosa de su propiedad, como ese cromo que  faltaba para completar el álbum.

 Es muy posible que éste, como  otros juegos,  proceda de una costumbre ritual. En este caso ,el tener los grillos como símbolo de  buena suerte y vitalidad, hecho bien documentado en la cultura china, o como termómetro natural pues los campesinos conocen bien que el canto del grillo varía con la temperatura ,a más calor más  rápido es su  “cri_cri” .En la cultura occidental tenemos el mito de Titono. Titono envejeció tanto que llegó a convertirse en un grillo y así se convirtió el grillo como símbolo de una larga vida.
 
  Ficha
Comunidad: Castilla y León
Provincia: Zamora
Localidad: Toro
Alfarero: desconocido
Material: barro rojo, sin aditivos.
Técnica: torneado.
Cocción: Horno de leña.
Pieza: grillera.
Uso: juguete
Medidas: altura:11 cm. Diámetro boca: 3 cm. Diámetro base: 7 cm.
Peso: 258 g
Morfología: pieza globular con cuello largo y estrecho perforada por  31 orificios de 4mm de diámetro situados de forma aleatoria en el cuerpo. Sin asas.
Decoración: no tiene.
Sello, marca de alfarero: no tiene.
Otros: 3 Pegaduras y restos de escurrido de vidriado.
Datación: SXIX
Actuaciones: no tiene.
Localización: Colección particular
Bibliografía: Inédita.

 
Uno de los alfares que continua haciendo preciosas grilleras es el de Villafranca de los caballeros (Toledo), que documentan Natacha Seseña en su libro  Guía de los alfares de España y Juan  Manuel Pradillo en  Alfareros Toledanos.

De esta actividad nos ha quedado la expresión ANDAR A LA CAZA DE GRILLOS  cuando un adulto se ocupa de cosas inútiles y sin ningún provecho, en referencia a los juegos de  niños.

M.D.M.


 

jueves, 13 de junio de 2013

NOTICIA: «Estos libros son para consultarlos, no para que estén criando polvo»

e. gancedo | león 13/06/2013
La etnógrafa Concha Casado, en la biblioteca etnográfica
que lleva su nombre en el Museo de Mansilla de las Mulas. ramiro
No lo ha hecho para que críen polvo en el ponedero de un estante. Todos los libros, artículos, manuscritos, trabajos de campo y recuerdos personales de Concha Casado Lobato, el legado de una vida casi por entero dedicada al estudio, divulgación y puesta en valor de las tradiciones leonesas, ha quedado ya depositado en la llamada Biblioteca Etnográfica Concha Casado del Museo Etnográfico de León con sede en Mansilla de las Mulas. El objetivo, «que la gente venga hasta aquí y consulte este material», según dijo y remachó varias veces la veterana etnógrafa que ayer ofició, junto a la presidenta de la Diputación, Isabel Carrasco, la inauguración de este nuevo espacio para la investigación.
 
Distinguida en octubre del año pasado con la Medalla de Oro de la Provincia, momento en el que mostró de manera oficial su intención de donar todos sus materiales a la Diputación, doña Concha, como es conocida en toda la provincia, se encontraba ayer especialmente feliz al ver cuidadosamente colocados y catalogados todos sus libros. No obstante, la cantidad es tal —el material editado se acerca a las 3.000 unidades y el total, con recuerdos, premios, fotografías, objetos personales y demás, a casi el doble— que otra parte de los volúmenes espera turno para ser ubicada en una sala aneja, mientras que muchos materiales secundarios se encuentran en los almacenes.
 
A Concha Casado lo que le alegra —lo dice a menudo— es que la gente «valore lo que yo valoro», y por eso ayer comentaba con alegría cada foto antigua que la llenaba de recuerdos de juventud al verlas aparecer en un audiovisual preparado por el director del museo, José Ramón Ortiz del Cueto, para acompañar e ilustrar el acto. Ante un numeroso público de amigos, familiares, compañeros y representantes institucionales, doña Concha volvió a lanzar, a sus 93 años, su invariable grito de guerra: «¡Tenemos que salvar las artesanías»! Y es que a pesar de que su movilidad se ha reducido mucho y de que «si no apunto algo, se me olvida» (dijo, aunque su discurso volvió a pronunciarlo entero de memoria), la autora de El habla de la Cabrera Alta o Indumentaria tradicional leonesa continúa rastreando documentos y trabajando en la medida de sus posibilidades.
 
Mientras tanto, Isabel Carrasco agradeció a Concha Casado «en nombre de toda la provincia» su gesto de entregar a la Diputación («que es lo mismo que decir a todos los leoneses») «el legado entero de su vida y su trabajo»: libros y artículos antiguos y modernos, suyos y de otros autores, muchos descatalogados y de difícil acceso; material audiovisual, revistas, reconocimientos... Tras las declaraciones oficiales, la comitiva contempló la flamante Biblioteca, en la que se encuentran seleccionadas algunas de sus obras más señeras (la tesis sobre el leonés de la Cabrera que mereció Premio Extraordinario, luego editada en forma de libro) o el gran volumen sobre trajes populares de León, Zamora y Salamanca.
 
Pero además, existe entre este material libros antiguos de gran valor, como las Ordenanzas de la ciudad de León de 1669, el Libro de la salida del Pósito de la ciudad de León de 1790, el Fuero de Sepúlveda, diversos libros y legajos datados entre los siglos XVI y XVIII y entre ellos varios ejemplares originales de La Pícara Justina, del siglo XVIII, así como diversos ejemplares de historia y literatura relacionada con León de los siglos XIX y principios del XX.
 
Según la catalogación hecha por el propio museo, «las materias de mayor tratamiento de sus publicaciones destacan los de agricultura, aperos, alfarería, arquitectura, artesanía, cerámica, ceremonias, curtidos, dialecto, folclore, indumentaria, forja, joyas, religiosidad, ramos, ritos, y sobre los monasterios de Carrizo, Otero y Nogales».
 
El investigador Pío Cimadevilla, además, ha destacado de la personalidad de doña Concha que es «un referente lingüístico-etnográfico de clara relación con la Escuela de Hamburgo de F. Krügger y su método de estudio ‘palabras y cosas’, bajo la influencia de Dámaso Alonso, Menéndez Pidal y Julio Caro Baroja». Y subraya la importancia concreta de dos títulos: La biblioteca de un escritor del siglo XVII: Bernardino de Rebolledo, y la Colección Diplomática del Monasterio de Carrizo.