miércoles, 22 de abril de 2015

COLABORACIÓN: ¡A LA HIERBA…!

Por nuestra montaña, de junio a agosto, hay que recoger la hierba para el duro invierno

 Autor: Toño Morala

Con el rastrillo amontonando la hierba
 
Ya no quedan varas de hierba o balagares por los prados de nuestra montaña, apenas si queda ganado en los puertos, y apenas si hay gentes en los pueblos. Acabaron  con todo los malos políticos, los intereses particulares y personales… y lo que es peor, engañaron a un montón de personal diciéndoles que en las ciudades se vivía de maravilla. Ya no comento más al respecto.
 


Amontonando la hierba para llevar a las tenadas o hacer balagares


Antaño, se iba a la hierba desde junio hasta principios del mes de agosto, dependía de las zonas, del tiempo, de cómo estuvieran los prados para segar, y un largo etcétera que no viene al caso; pero el caso es que había que trabajar de lo lindo para que los animales tuvieran hierba para el duro invierno. Los paisanos y paisanas se preparaban para llegar a los prados, algunos muy pindios; llegaban en carro de vacas hasta donde llegaba el camino, después, tiraban de caballerías y forcaos, o  angarillas encima de burros o caballos.
 
Forcao en Retuerto
 De esa  manera recogían la hierba y la bajaban para las tenadas, heniles,  y cuando  no había sitio, hacían los balagares o varas de hierba  en prados más cercanos a las cuadras. La Bertolini, todavía no había llegado… y cuando llegó, solo la usaban para los prados más suaves; para los de cuesta arriba… ahí no había nada que hacer, a segar a guadaña, que previamente a la puerta de la casa, o debajo de cualquier soportal, el paisano la picaba con paciencia y sabiduría. Cabruñar llaman en sitios varios a este trabajo, y también llevaban el pequeño yunque y el martillo especial para hacer ese trabajo en los prados. Al cinto o atado con una cuerda siempre el segador llevaba el cachapo, también llamado zapico, canao, depende de las comarcas…  es un recipiente de madera, cuerno o metal destinado a transportar la piedra de afilar la guadaña durante la siega. Si eres diestro, siempre se lleva en el lado izquierdo de la cintura. El filo de la guadaña pierde su capacidad de corte durante el uso, y debe afilarse cada cierto tiempo, para lo que la piedra debe guardarse en agua. Es un utensilio exclusivamente europeo, asociado a la guadaña, la siega y la ganadería generalmente bovina. Hay que meterle un poco de hierba para que haga de cuña y no se pierda la piedra de afilar que va adentro.

Un paisano picando la guadaña. Queda muy poca gente que sepa
cabruñar la guadaña.
 
 Podríamos hablar y escribir largo y tendido sobre la recogida de la hierba; los más mayores todavía se acordarán de segar a guadaña, de picarla, de afilarla, de saber sostenerse en los prados más pindios, y de tener mucho cuidado de no rebanarse una pierna o mano al apoyarse sobre los inclinados prados. A veces, la guadaña estaba por encima de la cabeza, uno tenía que saber muy bien lo que hacía pare evitar graves accidentes. 
Después de segar, hay que bajar la hierba hasta el camino transitable; las maneras de bajarla iban desde poner unas cuerdas o maromas cruzadas en el suelo, atarlas y cargarlas sobre los hombros; cargar el burro o caballo garañón sobre las angarillas, unos soportes que se cargaban a tope, apenas se veía el animal, o aquellos forcados con suelo de madera a modo de trineo, y que enganchados a los animales entraban en estos lugares tan inaccesibles para los carros. 
Carga de hierba sobre angarillas. Década de los 50
Las praderías de alta montaña tienen como denominador común su riqueza  en buenos henos para el ganado, de ahí que algunas ganaderías minifundistas se instalaran en esas zonas. Ahora parece ser que ya no les quieren recoger la leche, el ganado de carne vale poco dinero, y apenas es rentable tener animales en los puertos, quedan cuatro buenos ganaderos, y en cuanto se jubilen, a ver quién tira del ganado. Algún joven hay por ahí, pero si las administraciones  no hacen más por mantener este tipo de explotaciones, se acabará por abandonar los pastizales y los montes, y lo comunal, y ya  no habrá quién lo cuide.
Toda la familia a la hierba hasta el perro.


Recogida de la hierba en Morgovejo

La ubicación de los prados seguía las vertientes de los arroyos que bajaban de los montes, los alrededores de los manantiales y las vaguadas húmedas. “Cuando los prados se tenían en renta, en el mes de enero era cuando había que dejarlos. Hasta enero eras tú dueño de ellos, a no ser que el dueño te lo requiriese. Había gente que llevaba de renta tierras y prados. El pago era en dinero, pero poco…”, comenta un pequeño ganadero de montaña. Se madrugaba mucho para ir a segar y hacia las nueve se paraba para tomar "la parva" o almuerzo que llevaban las mujeres para el prado, pues se empezaba a segar al amanecer. Los hombres, a continuación, seguían segando hasta mediodía; bebían vino de las botas que los niños se encargaban de que estuviesen llenas y frescas. Cerca del medio día, paraban de segar y "revolvían"(daban la vuelta) a la hierba que se había segado la víspera y después "almorzaban" a base de cocidos, embutidos, etc. Eran las mujeres y los niños quienes, por regla general, daban la vuelta a la hierba, después se amontonaba; a la mañana siguiente y ya con sol, se volvía a esparcer hasta su curación. Había que ser un experto en cargar el carro… de lo contrario es mejor no hablar de la que se podía preparar. Y el duro trabajo de ir a la hierba se terminaba cuando los heniles estaban llenos, y el ganado estaba brillando por los buenos pastos de la montaña.

Bajando por el prado, con el freno de la sabiduría.

Como tantos símbolos, la guadaña encierra un significado dual: representa la muerte pero también la cosecha, acabamiento y renacimiento, consumación y esperanza. Principio y fin. Pero el cine ha eclipsado otra iconografía de la guadaña que no sea la muerte, desde Vampyr (1931) de Carl Theodor Dreyer hasta  La cinta blanca (2009) también titulada El lazo blanco, de Michael Haneke, en la que un campesino destroza con la guadaña un campo de repollos, como si cercenara cabezas; una escena que pone los pelos de punta. Uno se resiste a ver a la guadaña como símbolo de muerte… les cuento una pequeña historia. “De niño, podía pasarme horas viendo a mi abuelo segar un  prado de hierba y, de hecho, me las pasaba contemplando la danza de la guadaña: el giro de la cintura con el trazo elegante del semicírculo de derecha a izquierda, el magnífico compás, el siseo en el tajo de la hierba... Y el perfume de la hierba que yo recogía en brazados e iba formando pequeños montones mientras mi abuelo segaba. Cada cierto tiempo, le daba la vuelta a la guadaña y la apoyaba en el extremo del mango, sacaba la piedra de afilar que llevaba sujeta entre el cinto y el pantalón de mahón, y la pasaba por el filo de la cuchilla, dos veces de izquierda a derecha por encima y dos veces de derecha a izquierda por debajo del corte, y otras dos veces por cada lado. A menudo, mientras afilaba la guadaña, silbaba “ay Carmela”. Luego volvía a meter la piedra de afilar en el cinto, daba la vuelta a la guadaña y seguía la danza de la siega”. Y además no se daba nada de importancia; siempre le recuerdo sonriendo y guiñando el ojo en plan broma.
Vara de hierba en Villamanín
 
 Era muy amigo de muchos asturianos… y contaba otra bonita historia… esta vez con ironía,  pero con buen corazón. “Lo cierto es que en la montaña leonesa, el asturiano es objeto de broma: el que hizo el molino de Juan Horcadas, en un cerro, sin agua, fue un asturiano; el que se empeñó en coger la Luna, antojándosele que era un queso, porque estaba reflejada en el río grande desde el puente Torteros, y llevó un chapuzón, fue un asturiano; los asturianos no comen más que boroña (pan de maíz), y beben vino cuando pasan el Puerto. Y están envueltos siempre en niebla, y tienen brujas y duendes, y sus vacas y sus ovejas son pequeñas… los males que ocurren aquí son causados por asturianos. Si el Cierzo hiela los arbejos (guisantes) y las patatas, es que el asturiano se puso la montera; si llueve en primavera, es que lloran los asturianos. Es el asturiano “loco y vano, poco fiel y mal cristiano”, según la copla leonesa.   Mancebo Valbuena, J. J., Lazo de almas, León, 1936, 1960. Sería muy bueno saber qué opinan los vecinos asturianos de las gentes de la montaña de León. Sé que hay grandes lazos de unión entre las buenas gentes, entre hermanos hijos del carbón y de la montaña. “Unce las vacas Ramona, que nos vamos para la hierba, échame un zapico de leche que tengo seca la lengua… segador que estás segando debajo de la burrina, si  no corta la guadaña… saca la piedra y afila”
Sin vara de hierba no hay vida.
 
 

3 comentarios:

  1. Retuerto no existe. Es MONTUERTO

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    1. Estimado amigo,
      Le adjunto enlace:

      https://www.google.es/search?q=retuerto+leon&rlz=1C1GGGE_esES409ES409&espv=2&biw=1024&bih=653&tbm=isch&tbo=u&source=univ&sa=X&ei=w8o8VcOTEMuz7gaioYCwBA&ved=0CCwQsAQ

      Ahí puede ver la existencia de este bonito pueblo de la montaña oriental leonesa.

      Saludos.

      Toño Morala

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