domingo, 30 de junio de 2013

NOTICIA: El histórico molinero que quiso regalar la memoria de su oficio.

LOS VIEJOS OFICIOS
Flavio, de Valle de Mansilla, restauró su molino para que pueda ser visitado.
F. Fernández / Valle de M.

 Flavio de la Puente jamás dejará de ser molinero. Flavio jamás dejará de ser luchador. Flavio nunca dejará de ser paisano.
Lo intuyes, cuando lo ves. Lo notas, cuando te da la mano y ves sus brazos todavía de acero. “No aprietes Flavio”. Él sonríe.
Tal vez recuerda que cuando era luchador muchos rivales ya se lo decían, “no me aprietes” o “tírame con cuidado”.
Flavio de la Puente, del Valle de Mansilla, nació molinero y fue molinero contra viento y marea. “Mi padre ya tenía el molino y lo habían tenido mi abuelo y mi bisabuelo. Mi padre no quería que yo siguiera con ese oficio, por eso con ocho años me mando al Colegio Leonés para que estudiara, pero...”.
Pero... Flavio quería ser molinero. “No es que se me dieran mal los estudios, es que yo quería ser molinero y con trece años dije que me quedaba en casa para ir al molino, era feliz allí. Mi padre siempre madrugó mucho, se levantaba a las tres o las cuatro de la mañana, y para que se me pasara la afición que tenía por el molino me llevaba con él, antes de amanecer. Y a mí más me gustaba, no me daba pereza, yo con tal de ir al molino”.
Y fue molinero. Tuvo que dejar el viejo molino a causa de la concentración parcelaria, que le dejó sin agua, y trabajar en uno eléctrico. Flavio ya se ha jubilado, pero sigue siendo molinero, tanto que se ha empeñado en que, aunque él no muela, haya molino, que esté abierto y sea visitable. “Compré la parte de mis hermanos del viejo molino, el familiar de toda la vida, y lo he ido restaurando pieza a pieza”. Eran 8 hermanos, pero sólo otro y su padre se dedicaron fueron molineros con Flavio.
Huele a nuevo, tiene flores en las ventas, se escucha el agua en el río... “¡Y qué bueno está el vino aquí a la sombra!”.
Flavio y su mujer Teresa; su hija Maite y el nieto, Marco

Mañana lunes abre sus puertas para que vaya a verlo quien quiera recordar este viejo oficio y sus olores. Gratis, por supuesto, como las lecciones que te puede dar Flavio si anda por allí. Se llama El Molino de Marco, que le ha puesto ese nombre en honor a su querido nieto Marco y que es otra manera de lograr que haya otra generación más de molineros en el Valle de Mansilla.
Otro visitante habitual, Toño Morala, repasa los trabajos realizados. “La obra ha tenido una gran trayectoria de restauración, desde la cubierta hasta los pisos, pero guardando toda la maquinaria inicial del molino; desde los cuatro rodeznos movidos por agua, hasta el elevador, las tolvas, las piedras, el pescante y las entradas y salidas del agua; todo un trabajo en un lugar que la naturaleza guarda con gran belleza y que la familia De la Puente ha sabido guardar con celo y tradición”.
Allí te esperan, en la ribera derecha del padre Esla, que también albergará diversas actividades culturales.

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