martes, 14 de enero de 2014

NOTICIA:La Diputación restauró 50 bienes etnográficos e invirtió 150.000 euros


Entre otras cosas, se rehabilitaron dos casas de concejo, un crucero y cuatro molinos.

dl | león 14/01/2014
La Diputación de León invirtió el año pasado 151.000 euros para poner en marcha los trabajos encaminados a la recuperación y el mantenimiento del Patrimonio Inmueble de Interés Etnográfico y piezas provenientes de la tradición leonesa.
Por lo que se refiere al patrimonio inmueble, la institución provincial colaboró durante el pasado año con 133.000 euros. Entre los elementos que se han recuperado gracias a la aportación de la institución provincial se encuentran nueve antiguas escuelas, dos Casas Concejo, cuatro molinos, un pozo, un horno, tres fuentes, tres lavaderos y una cubierta, un crucero, un campanario de uso civil y una cabaña, pertenecientes a nueve Ayuntamientos y 24 Juntas Vecinales de la provincia de León.
Para los trabajos encaminados a la restauración de diferentes elementos tradicionales de la cultura leonesa, la institución provincial ha destinado cerca de 18.000 euros. En concreto, gracias a la colaboración de la Diputación, durante 2013 se ha llevado a cabo la recuperación de elementos como once pendones y seis varas, una cruz, un vestimenta de Jurru, un batán eléctrico, unas andas de procesionar, maquinaria de lechería y un piano de pared, pertenecientes a cinco ayuntamientos y once Juntas Vecinales de la provincia leonesa.
379.000 euros en 2014
A través de estas actuaciones, la Diputación Provincial mantiene su compromiso con el mantenimiento de los elementos tradicionales de la cultura de la provincia, tanto los que pertenecen a las dos Diócesis de la provincia como a las de carácter popular.
Precisamente, el pasado mes de diciembre, la Diputación aprobó las convocatorias de subvenciones para la restauración del patrimonio inmueble de interés etnográfico para este año 2014 por un total de 379.000 euros. En cuanto a la restauración de patrimonio inmueble el objetivo es subvencionar las obras de recuperación de edificios singulares de patrimonio civil cuya titularidad corresponda a las entidades locales y que presenten características propias de la arquitectura tradicional de la provincia y pequeñas construcciones, tales como puentes, escuelas, casas y otras modestas construcciones como molinos, lavaderos, hornos, lagares, fuentes, pozos, cruces, etc.
Se priorizan aquellas construcciones representativas de la arquitectura tradicional que muestren tipologías únicas o en grave riesgo de desaparición. Se valoran aquellas características de la restauración que conserven las tipologías, las técnicas tradicionales, los materiales autóctonos, etc., así como la continuidad de los usos y funciones para los que fueron construidos, primándose los aspectos sociales, pedagógicos y de acceso público.
Además, tienen preferencia las intervenciones de rehabilitación o restauración de las construcciones o bienes inmuebles de interés etnográfico siguientes: edificios comunales de distinta tipología y arquitectura pastoril.

NOTICIA: Cabreireses de libro

diariodeleon.es

Ana Gaitero | La Cabrera 12/01/2014

«A Ramón Carnicer le querían correr porque dijo las verdades», afirman personajes reales de ‘Donde las Hurdes se llaman Cabrera’ el libro más controvertido de las letras leonesas, que sacó del olvido a la comarca.

Antonio Rodríguez, de Corporales jesús f. salvadores

«Toca, toca, me cagüendios, que cuando tú seas músico yo seré fraile», le decía un vecino a Sergio, el de Odollo, cuando hacía sonar en el monte, mientras cuidaba las cabras su chifla de sabugueiro. «No tocaban por solfa», aclara su esposa, Adelina. Aprendían de oído. «Nosotros soplábamos como burros, ahora lo traen todo grabado», apostilla el hombre.
Sergio Álvarez Cañueto es uno de los músicos que amenizaba la procesión de San Pedro, él recuerda más la de Corpus, en su pueblo cuando el 29 de junio de 1962 el escritor Ramón Carnicer recaló en el primer pueblo de Castrillo de Cabrera con su sombrero de segador, su cámara y su cachava acompañado por el famoso cura don Manuel Bruña, que venía de una bautizo en Llamas y tenía allí su casa. Sergio se hizo músico y el señor Lisardo, que también era músico, no se hizo fraile. «Lo pasamos muy bien, conocimos a mucha gente y nos quisieron mucho», afirma.
Sergio y su saxofón
Se acuerda mucho de Manolo, el trompetista, que todavía vive y en la pared de su cocina cuelga una foto de la Orquesta Sonora de Odollo (León) que recorría La Cabrera y muchos pueblos del Bierzo y Zamora desde 1945 hasta que se fue quedando solo «porque todos marcharon para Alemania y otros sitios». «Todo a pie porque entonces no había carreteras», cuenta.
Un accidente con las caballerías que le dejó lesionado el hombro le obligó a emigrar también a él. Andaba ya cerca de los 55 años y se empleó de portero en una casa de la plaza de Salamanca de Madrid. Cuando él se jubiló contrataron a su mujer y aguantaron otros años más. Pero volvieron y son de los pocos vecinos, de La Cabrera que pateó y retrató Ramón Carnicer, que siguen en el pueblo. Tienen 93 y 86 años. Y es el hombre quien cuida de la mujer desde que, hace casi dos años, ella sufrió una trombosis. «Pasa, pasa... en esta casa se entra sin más», invita el hombre desde la cocina.
Adelina está con los pies metidos en el horno de la cocina económica, que el hombre aviva de vez en cuando con la leña que le ha tocado en las suertes del pueblo. «El carbón es muy caro para este pueblo», alega.
En Odollo se detiene varios capítulos el libro que publicó en 1964 de aquel viaje de ocho días a pie por La Cabrera Baja. Donde las Hurdes se llaman Cabrera, que cumple ahora 50 años, vio la luz en Barcelona de la mano de la editorial Seix Barral.
Nadie se imaginaba, y menos el autor, que levantaría una polvareda monumental en una provincia sumida en el letargo de la dictadura y cuyas gentes ansiaban progresar. Cerca de treinta artículos periodísticos se publicaron en Diario de León entre 1964 y 1966 con alusiones a Carnicer y su libro.
El primero, de don Antonio González de Lama, ponderaba al autor y describía su recorrido, solo y a pie, por La Cabrera Baja. «Carnicer no hace juicios, no predica ni denuncia, se limita a describir y contar», decía. El único matiz aludía al título: «No hay comparación entre las Hurdes y La Cabrera». Pero a continuación aplaudía la iniciativa: «Bien está que haya libros como este que pongan ante los lectores la trágica situación de unos hombres, esclavos de la tierra, que no tienen otro remedio a sus males que la huida, la emigración». Por lo demás, alababa su «sencillez», «sobriedad» y que más que los paisajes, «la descripción de la vida y de los hombres», así como las fotografías que acompañan el relato.
El libro de relatos, como se subtituló en la primera edición, sacó a la comarca del olvido. Pero sobresaltó al poder civil y eclesiástico y hubo quien exigió, como Fernando Sastre, la prohibición de su venta y que el autor declarado persona non grata. «A Carnicer le querían correr porque dijo las verdades», alega Herminio, de Noceda, mientras mira la foto que le hizo Carnicer. Herminio era pastor y lo fue toda la vida en Noceda. Uno de los pocos que no emigró. Su hijo acaba de retornar: «Se puso la cosa mala y le di mi rebaño».

«Entonces había 10 o doce chavales en la escuela, ahora lo único que hay aquí es tranquilidad; vacas sí, pero ganado menudo no hay nada, nadie quiere ir con cabras y ovejas», explica mientras camina hacia el centenario tejo de la iglesia. Conoce bien a Amable Liñán, el laureado científico que salió de pequeño del pueblo. Su padre era tratante de ganados. La gente más pudiente. «Algo ganaban pero también las pasaban estrechas por los caminos para ir a Maragatos, que no había camiones», rebate Herminio.

La Cabrera contará con la primera ruta literaria señalizada en la provincia de las muchas que se podrían hacer con el caudaloso río de libros de ficción y de viajes de las letras leonesas. Sigue los pasos de Ramón Carnicer en Donde las Hurdes se llaman Cabrera.
Los alcaldes de Castrillo de Cabrera, Encinedo y Truchas están decididos a ejecutar el proyecto coincidiendo con el cincuenta aniversario de la publicación del libro. La ruta, no obstante, quedará incompleta si los alcaldes de Benuza, Rafael Blanco, y de Puente de Domingo Flórez, Julio Arias, ambos del PP, no se suman al proyecto que costará en su conjunto en torno a 30.000 euros. «Esperamos financiación de la Junta o de la Diputación», alegan.
Son casi 150 kilómetros de recorrido, aunque como escribió Carnicer, «los viajes no se miden por quilómetros sino por horas de camino». Carnicer empleó ocho jornadas a pie, pasó por una veintena de pueblos y conversó y retrató con su cámara a numersosas personas, paisajes, pueblos y escenas de la vida cotidiana.
Algunas gentes aparecen con nombre propio, como el famoso cura de Odollo, don Manuel Bruña, un gallego que vivió más de 30 años en la comarca y cuya fotografía, rezando las horas sentado en el pórtico de la iglesia, ilustra la portada de la primera edición; también es real Ramiro, el del Puente; Antonio Armesto, el cantinero de Castroquilame; Benigno el tamboritero; la maestra de Saceda, doña Virginia, Ceferino, el maestro del aceite, Alberto, su guía entre Quintanilla y La Baña, que soñaba con una carretera que no llegó hasta 1979; Herminio, el de Noceda, las niñas de Castrillo y Justina, la mujer que le hizo un encargo al escritor: «Diga cómo estamos aquí, a ver si se acuerdan de nosotros, que vivimos como los animales del monte».
Otros se difuminan fueron reconocidos en la obra, como el extravagante médico don Leopoldo con quien Carnicer se cruzó en el camino de Nogar a Robledo de Losada.
La vida en La Cabrera ha cambiado. «Es una pena, la gente que había en este pueblo y ahora es una desolación», afirma Adelina Álvarez, que recuerda sus tiempos mozos. «Me casé joven y crié ocho hijos», cuenta. Así eran casi todas las familias. La mayoría son carniceros en Madrid, profesión en la que recalaron muchos cabreireses, sobre todo de La Cabrera la Alta, puntualiza la mujer.
Otros se hicieron pescaderos, cuentan en Castrillo Roberto y Manolo, dos albañiles que arreglan una casa y aunque critican la general falta de respeto a la arquitectura tradicional comprenden que «es más barato». «En este pueblo se ha obrado bastante gracias a los carniceros y pescaderos», aseguran.
La que fue cantina de Laureano, donde se alojó Carnicer en este pueblo, fue una de las primeras casas que arreglaron estos albañiles de Nogar. «La dividieron en dos», explican. Allí oyó Carnicer una de tantas historias de maquis que se cuentan en La Cabrera, pero quizá la más trágica puesto que en una refriega con la Guardia Civil fue víctima una de las hijas de Laureano.

«Yo conocí a Girón», asegura Sergio. «Ibas con las vacas y se daban a ver y luego teníamos aquí muchas refriegas con la policía porque nos acusaban de ayudarles. Aquí hubo mucha gentuza: hubo moros, hubo soldados, hubo policía... iba uno con las vacas de pastor cogiendo miedo porque no había libertad y si alguien te denunciaba aunque no fueras culpable estabas arreglao...», agrega.
En la cocina de Sergio y Adelina hay un retrato de un militar. «Es el teniente general Veguillas, que estuvo por aquí haciendo mediciones en el río para un pantano y siempre me decía: a los lobos de aquí nos los tengo miedo, son peores los del asfalto. Y qué razón tenía, a él lo mataron los de ETA».
Sergio se embala al hablar del teniente general y le dice a su mujer que no le interrumpa, que «me cortas el rollo»... y cuenta, paso a paso, su visita al militar el ministerio, en el Paseo de la Castellana. «Cuando le mataron le mandé una carta a Narcís Serra, que era el ministro de Defensa, y me contestó que daba las condolencias a la viuda».
Se hace tarde y hay que marchar. «La Baña, capital; antes era Pombriego», dice la mujer. Entre Odollo y Llamas está el peor tramo de la carretera LE-7311 cuyo estado conoció por sus propios ojos el año pasado la presidenta de la Diputación. Isabel Carrasco prometió un convenio con la Junta, con la consejería de Silván, para arreglar el vial pues cuesta 18 millones de euros y es imposible de abordar en solitario por la institución provincial, tal y como ya contestó al alcalde en un escrito hace cuatro años.
La carretera «nos está coaccionando mucho, ni siquiera tenemos ya un bar en todo el municipio», alega Tomás Blanco. Pero apuesta por la ruta que servirá, además, para dar a conocer el centro de interpretación de la casa cabreiresa de Marrubio y las rutas de senderismo que se pueden hacer por los caminos que pisó Carnicer —la carretera no existía— en su viaje.


El alcalde de Encinedo y diputado provincial, José Manuel Moro, también está comprometido en la señalización de la ruta. El municipio cuenta ya con el Museo de La Cabrera, en Encinedo, y pronto tendrá en La Baña el cazario. El alcalde de Truchas , Francisco Simón, pondrá los carteles en el Alto de Peña Aguda y El Carbajal. Carnicer no pasó por Truchas aunque también aparece en el libro, nada menos que para explicar el origen del topónimo de La Cabrera con la leyenda del castillo de Peña Ramiro en la que los lugareños ganaron una batalla al enemigo musulmán con un ejército de cabras que simulaban ser hombres. «Cabra era», escribió Carnicer.
También aparece Iruela y su relojero Losada, el fabricante del reloj de la Puerta del Sol. El viaje de Carnicer es irrepetible, pero son muchas las personas que han entrado en La Cabrera tras sus pasos. «Dijo lo que era, igual aún le faltaron cosas», afirma Antonio, de Corporales, en alto de Peña Aguda. Trabajaba en la pizarra. «Si no hubiera sido por las pizarreras esto hubiera quedado despoblado», asegura. Tiene tres hijos y vive de la ayuda del paro. Pastorea unas cabras. «Es un corral doméstico», aclara.
Las pizarreras son la fuente de empleo en La Cabrera. «Aquí no hay paro para quien quiera trabajar», dice un hombre en La Baña. Antes salieron los cabreireses, ahora exportan pizarra.

sábado, 11 de enero de 2014

NOTICIA: La Universidad muestra la fotografía etnográfica de Carlos Valcárcel

La exposición alberga el trabajo de casi medio siglo de producción artística.
diariodeleon.es
dl | león 11/01/2014

Una de las imágenes que pueden contemplarse en la
exposición inaugurada ayer por la Universidad de León. carlos valcárcel

Más de setenta imágenes sobre oficios, ferias, paisajes y retratos anónimos configuran la muestra inaugurada ayer en el Ateneo Cultural El Albéitar de la Universidad de León sobre la obra del fotógrafo lucense Carlos Valcárcel.
 
Retratos de personajes anónimos y otros de personas que guardan una relación más cercana con el autor centran la exposición Fotografías-1962-2002, que fue ayer abierta por los vicerrectores José Luis Chamosa, de Relaciones Internacionales e Institucionales de la ULE, y Pedro García Herradón, de Coordinación y Planificación del campus de Lugo.
 
La colección abarca cuarenta años de producción fotográfica, un extenso periodo del que Valcárcel realizó una selección antológica que permite al espectador adentrarse en un recorrido espacial y temporal por Galicia y León a través de una serie de imágenes cargadas de valor etnográfico y documental. En la exposición se recogen escenas —todas en blanco y negro— de entornos rurales, paisajes, horizontes marinos, oficios y ferias que dan cuenta de la historia de las gentes gallegas y leonesas y de su instinto de esfuerzo, trabajo y festividad en la vida cotidiana. Valcárcel nació el día de Reyes de 1929 y se inició en el mundo de la fotografía cuando un buen amigo le prestó una cámara fotográfica.
 
Trabajo premiado
Su trabajo ha sido reconocido con distintos premios y ha participado en varias exposiciones como la Mostra Fotográfica de Lugo de 2001, y en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía figura un vídeo-disco con una representación de su obra fotográfica. En la década de los setenta publicó un portafolio en la revista Arte Fotográfico (Madrid) y en su obra también aparece en el libro 20 años-Fotografía Española 1970-1990.
 
En la presentación de la exposición también han estado presente Eduardo Ochoa, comisario de la exposición, y César Ordóñez, director del Área de Actividades Culturales de la ULE.
La muestra permanecerá abierta hasta el 7 de febrero en horario de 12.00 a 14.00 y de 18.00 a 20.30 horas de lunes a viernes.

jueves, 9 de enero de 2014

NOTICIA: La Lloba Parda, a coro

Las mujeres de San Román de la Vega graban uno de los romances leoneses más conocidos, en ‘versión original’ y con música de rabel de Fran Allegre.
diariodeleon.es
e. gancedo | león 09/01/2014  

Emma, Sici, Celia, Tere, Charo y Dori, en uno de los ensayos
 junto al músico tradicional Fran Allegre. a. Aparicio
 
«Estando you na mía choza/ llabrando la mía cayada/vide venir tres llobines/ cabe los praos de laLa Loba Parda, presente no sólo en todas las comarcas leonesas sino también en muchos otros lugares de España, especialmente los hilvanados por la cultura trashumante. Y así arrancan también las integrantes del coro de San Román de la Vega sus ensayos en la Casa de Cultura, donde se encuentran estos días practicando el citado romance pero empleando su versión más antigua, la que está en leonés, o sea, La Lloba Parda que recogieron varios autores en tierras del Alto Órbigo, Cepeda y Omaña. En concreto, el texto que cantan estas mujeres veteranas pero llenas de entusiasmo es el plasmado en Filandón, el libro de literatura popular de Nicolás Bartolomé Pérez. Y tañe el rabel el siempre inquieto músico y luthier Fran Allegre.
 
 
Chana». Así comienza uno de los romances tradicionales más extendidos —y con más variantes locales—, el de
 
«La idea surgió este verano y acabó de fraguarse cuando bajé con el joven pastor apodado El Ruso y sus ovejas desde Los Barrios de Nistoso hasta San Román —cuenta Abel Aparicio, poeta nacido en esta localidad cercana a Astorga e impulsor de la iniciativa—. En principio sólo pensaba en grabarlas directamente, pero al final decidimos celebrar un filandón sobre lobos, pastores y otros temas en el que el coro cantase, al final, este romance». De esta manera, el próximo 1 de febrero, Día de Santa Brígida, se celebrará el filorio que cerrarán las componentes del coro —creado en 1999—, Mercedes, Celia, Puri, Emma, Toña, Charo, Tere, Dori, Rosa, Sici, Mati y Mila, recuperando el viejo leonés del que aún hoy quedan numerosos términos en el habla cotidiana del pueblo.
 
El acto, organizado entre la asociación cultural de San Román de la Vega y el colectivo cultural en defensa del leonés Faceira, será grabado y, previsiblemente, subido a Internet vía Youtube.

NOTICIA: Javier Tomé: «La taberna siempre ha sido la universidad del pueblo»

El Club de Prensa del Diario presenta hoy un nuevo título de la serie ‘León insólito’.
e. gancedo | león 09/01/2014
 
Parroquianos en La Gitana. A la derecha y con camisa de cuadros,
 el gran futbolista Isaac, anhelado por el Barcelona. ‘león tabernario’
 
«En León hay tabernas tantas/ que su número espanta». Dado que la cotidiana liturgia del vinín es sagrada en tierras leonesas y no se entiende amistad, buen rato, negocio o paseo sin saludo obligado a la barra del bar, el segundo número de la colección León insólito, cuyos autores son Javier Tomé, Ana Villanueva y Pepe Muñiz, se ha dedicado, casi como no podía ser de otro modo, a las muy jugosas anécdotas acaecidas en las tabernas de la provincia. Hoy a las 19.30 lo presentan en el Club de Prensa del Diario (Gran Vía de San Marcos, 8, entrada por calle Fajeros).
 
De la misma manera que en el anterior, la mayor parte del material incluido surge del proceso de elaboración del libro editado por este periódico con motivo de su primer siglo de vida. «Las anécdotas iban saliendo al repasar la hemeroteca —cuenta Javier Tomé— y de esa manera fui reuniendo gran número de ellas con idea de ir preparando, poco a poco, una colección que trata de documentar la vida de aquel León de andar por casa que desapareció a golpe de progreso».
Algunas de las más atractivas para Tomé, escritor, columnista de este periódico y creador de la ruta turística León insólito; es la que hace referencia a la «escuela de maridos» que había en la calle El Paso. «Era una tasca regentada por una hechicera que elaboraba un ungüento muy especial, una suerte de ‘pre-viagra’ para maridos que no ‘funcionaban’ y que fue muy popular a principios del siglo pasado». Otros sucedidos se refieren a algunas de las más antiguas y populares barras leonesas aún en pie (El Besugo, La Gitana, Casa Benito, el Valdesogo...).
 
De la primera recuerda que su nombre procede del mero hecho de haber funcionado, al principio, como pescadería que también despachaba vino en su parte de atrás, y la segunda fue bautizada así el día en que una gitana robó a la dueña unas tijeras. Eso sí, ésta, con mucha argucia y palabrería, hizo que la ladrona se arrepintiera y devolviera lo sustraído; de ahí que un parroquiano le dijera: «Es usted más gitana que las gitanas». Por cierto que la obra sobre estas «universidades del pueblo», como las llama Tomé, recoge interesantes e históricas fotos como la que ilustra este artículo.
 
Entre los muchos personajes recordados en León tabernario se encuentra también el célebre enano Vicentín, que vendía tabaco de liar en la plaza de San Martín. «Era bebedor, jugador, un personaje tremendo... —avisa Javier Tomé—. Se decía de él que lo que tenía menguado de estatura lo tenía desarrollado por otra parte...».
 
En toda la provincia
Pero el libro no se refiere sólo a la capital, sino que incluye anécdotas sucedidas en varios enclaves significativos de la provincia. «En La Bañeza, en torno a los años veinte, aparecieron pidiendo limosna unos pícaros que se hacían pasar por ‘sacerdotes asirios’ asegurando que los kurdos perseguían a su pueblo y mataban a su gente. Habían reunido mucho dinero por todo el país hasta que los bañezanos los descubrieron y casi lincharon».
 
Otro timo frustrado de los que entresaca Tomé sucedió en Valencia de Don Juan en 1915, en este caso protagonizado por supuestos «supervivientes del naufragio de un buque llamado Santoña»; de nuevo los coyantinos descubrieron el pastel y los molieron a palos. En Ponferrada, un vecino que llegaba a casa completamente beodo no se le ocurrió otra cosa que disparar unos perdigonazos contra la vecina. Interrogado por la policía, dijo en su defensa que la había «confundido con una cigüeña». Parecidas formas gastaban en la cuenca de Sabero, en Olleros un grupo de mineros cosió a otro a navajazos... porque hablaban en portugués. «Hay que tener en cuenta que hasta que Primo de Rivera lo prohibió, entonces todo el mundo llevaba pistola, que de aquella costaba una peseta», aclara Tomé.
 
Lugar: Club de Prensa del Diario (Gran Vía de San Marcos, 8, entrada por calle Fajeros).
Hora: 19.30.

martes, 7 de enero de 2014

NOTICIA: Así se gobernaban los pueblos

El rescate y edición de las Ordenanzas de Abelgas de Luna prueban cómo el concejo regulaba antaño cada detalle de la vida cotidiana y el uso racional de los recursos.

El viejo crucero ubicado junto a la puerta de la iglesia.club xeitu


Cómo y cuándo se podía cortar leña del monte. Cuánto debía pagar el infractor o aquel que prendiese fuego sin causa justificada. Qué ganado componía cada vecera y quién debía hacerse cargo de ellas. De qué tipo de impuestos estaban libres los ‘pobres de solemnidad’ y cómo podían ayudarles el resto de los vecinos...
Las ordenanzas de Abelgas de Luna constituyen, y lo dice el autor del libro, «un material inédito y un interesantísimo ejemplo de ordenamiento concejil en la Montaña Occidental durante el siglo XVIII». Pablo García Cañón, natural de Salientes, licenciado en Geografía e Historia y profesor del IES Obispo Argüelles de Villablino, ha sido el encargado de redactar el estudio previo y de transcribir estas antiguas leyes a partir de documentos rescatados por el Club Cultural Xeitu para producir un libro (tercero de los Breviarios del Cuvachín) que da buena cuenta de cómo se han venido organizando por sí mismos nuestros pueblos antes de la llegada de la modernidad.
Sin partidos políticos y mediante usos asentados en el perfecto conocimiento del terreno, la localidad montañesa regulaba —entre todos los vecinos y con ayuda de derecho consuetudinario a veces puesto por escrito tal y como revela este libro— cada brizna de hierba y cada porción de terreno fértil para procurar el más perfecto equilibro entre presencia humana y equilibrio natural. De este modo, las ordenanzas «por las que se rige y gobierna la villa de Abelgas, concejo del mismo nombre, Montañas del Reino de León» —como reza el texto original— «constituyen una fuente histórica y documental de gran valor que nos permiten conocer en profundidade los numerosos parámetros sociales y económicos que rigieron aquellas sociedades campesinas del occidente astur-leonés en el Antiguo Régimen», continúa en el estudio preliminar Pablo García Cañón.
En concreto, el volumen recupera el concejo general, reunido a toque de campana, celebrado en Abelgas el 30 de diciembre de 1759, estando presentes el juez ordinario (Juan Álvarez de Omaña), el síndico general (Pedro Álvarez), el escribano (Baltasar Alejo Flórez), dos regidores (Domingo Álvarez y Manuel Álvarez) y otros tantos vecinos, quienes acuerdan encargar a Andrés Álvarez y Francisco Álvarez Melcón que procedan a redactar las ordenanzas, «por ser ambas personas de la más satisfación e inteligencia». Posteriormente, este cuerpo legislativo, como repasa García Cañón, «debía ser refrendado por los vecinos en concejo». Se suceden a continuación 85 capítulos en los que se regulan «con una meticulosidad y casuística abrumadora, aspectos diversos del comportamiento de una comunidad en los múltiples campos de la vida cotidiana».
De la vecera al monte
Veamos unas muestras. Si el lector se fija en las veceras, comprobará que en Abelgas había, al menos en esa época, «vecera de vacas, añojos, yeguas, cabras, ovejas, carneros, machos cabríos, corderos machos y lechones, quedando exento de vecera los gochos, el caballo de silla del párroco, un caballo padre, los toros destinados a cubrición, un verrón y las dos reses que se le concedían al vecino que tenía el perro mastín».
O por ejemplo los pastos, como las boerizas, que eran los de mejor calidad, allí donde pastaban los bueyes de labor. En las ordenanzas existen normas muy detalladas «de su acotamiento, de las fechas a partir de las cuales esta clase de ganado puede pastar en esos lugares y de otras cuestiones —narra el autor—. Por ejemplo, se establece que los bueyes puedan entrar en las boerizas a partir del día de Nuestra Señora de Septiembre; sin embargo, la normativa prohíbe bajo fuertes penas pecuniarias la introducción de otra clase de ganado, tanto de la villa como foráneo, salvo los toros ya capados, y esto sería del ocho de septiembre en adelante».
Especial cuidado observan estas leyes a la hora de mantener en buen estado los montes: «Se sanciona a las personas que incendien el bosque y se establecen cotos de madera en los que ésta no se puede coger sino es con permiso expreso del concejo», ejemplifica García Cañón, haciendo ver que las disposiciones forestales giran en torno a dos preceptos: potenciar la plantación de masas arbóreas y promover su conservación. Se obliga a los vecinos a plantar al menos tres plantas de álamo o de otra especie cada año, penaliza la deforestación incontrolada y los incendios, etc. Sin embargo, en ciertos parajes «se autorizaba talar madera cuando se construyese una casa nueva, para arreglar alguna que corriese peligro o por extrema necesidad». Todo, así pues, bien razonado y explicitado.
El arriendo de los puertos a los rebaños trashumantes de ovejas merinas (que anualmente rendían a Abelgas la nada desdeñable cantidad de 12.750 reales de vellón), el vino (la única taberna del pueblo no podía quedarse sin suministro más de ocho días y no podía negar la venta de vino a nadie, excepto pasada la medianoche) son otros asuntos de los muchos incluidos, algunos de ellos tan curiosos como el hecho de no permitirse en la villa la presencia simultánea de más de dos mastinas, para evitar así que los machos abandonasen sus lugares de vigilancia y se enzarzasen en peleas durante la época de celo. Además de eso, se penalizaba sabiamente «a todo aquel vecino o forastero que de cualquier forma maltratase a estos animales».


NOTICIA: La trashumancia, tema de una de las fotografías del año para ‘The Wall Street Journal’

diariodeleon.es
dl | león 06/01/2014
El prestigioso periódico financieroThe Wall Street Journal ha elegido una imagen de la Fiesta de la Trashumancia que todos los años se celebra en Madrid —en concreto una en la que un rebaño de merinas pasa por delante de la fachada del Tommy Mel’s de la calle Alcalá, junto a la Puerta del Sol—, entre las instantáneas que han marcado la historia del año que acaba de finalizar, al incluirla en su anuario fotográfico. La Fiesta de la Trashumancia es un evento que quiere reivindicar la tradición ganadera y las razas autóctonas ibéricas, y la presencia de leoneses en él suele ser muy acentuada. La imagen fue tomada el pasado 6 de octubre, está firmada por Andres Kudacki, de Associated Press, y vista por primera vez en The Objective

La imagen fue tomada el pasado 6 de octubre.Andres Kudacki/ap