jueves, 11 de septiembre de 2014

COLABORACIÓN: CONCEJOS...HACENDERAS...LA VECERA...LAS SUERTES DE LEÑA...LA COMUNIDAD DE REGANTES...

Autor: Toño Morala
Hacendera de los "tres concejos" para limpiar el canal de riego en Cembranos.
La organización de la tribu, la necesidad racional de mirar por lo de todos, y del medio de subsistencia y natural; el trabajo común dentro de las pequeñas sociedades con grandes carencias. Dependiendo de donde nace uno, se puede salir mejor adelante. No es lo mismo nacer en la montaña que en las riberas, no es lo mismo nacer en secano y páramos y oteros, que a la orilla de los ríos; ya dejó escrito Castelao… “A los ricos no les gusta que llueva, pero les gustan las patatas…”, queda dicho. Así y todo era muy normal antaño, y en algunos sitios así sigue siendo, la democracia directa a través de concejos, juntas vecinales, comunidades de regantes, cofradías de todo tipo donde los habitantes de las poblaciones redimían y redimen sus intereses y varios asuntos reuniéndose en corro, ahora puede ser alrededor de una mesa y en los locales públicos, o en las Iglesias, y a través de las decisiones votadas por mayoría, se aceptan las mismas y se llevan a cabo para el bien común y en él.
Hacendera en Cuadros.
Generalmente las decisiones eran tomadas en el ámbito rural, y sobre todo eran por la explotación natural de los terrenos comunitarios agrícolas, caminos de carros y limpieza de los mismos, o las hacenderas para limpiar los regadíos y sus entramados. Como aquellas otras mejoras que los pueblos iban teniendo; saneamiento, traídas de aguas, las fiestas patronales y otras… en fin, todo lo relacionado con lo común, con lo de todos y todas.

Hacendera comunal en la montaña leonesa.
No hay que olvidar también otras formas como las igualas para los incendios e incluso para dar sepultura a los vecinos. Incluso, los primeros cupones de la seguridad social agraria se pagaban a las cámaras agrarias  locales. También andaban algunos bancarios por los pueblos en busca de las perras gordas de los agricultores y ganaderos para formar las primeras cajas de ahorro rurales y las del monte de piedad; luego también se pusieron de moda y como necesidad las cooperativas agrarias y los sindicatos agrarios que tenían y tienen una labor encomiable por el bien de las pocas explotaciones agrarias que nos van quedando.

Pero vayamos al núcleo de la  historia de las juntas vecinales, concejos y otras formas de relaciones para mirar por lo de todos. Al principio fue la necesidad y la inteligencia natural la que llevó a tener unas normas de democracia que ni siquiera sabían que lo era. Como siempre y desde siempre, los más pispos y mandamases se llevaban la mejor parte, reglamentaban para sus intereses, y los caciques de turno  imponían su fuerza. Nobles y clero se repartían las mejores tierras, y además explotaban a los habitantes de los pueblos para enriquecerse. Si bien la organización de estas prestaciones o trabajos comunitarios, su temporalidad y los lugares de actuación corresponden a los gobiernos concejiles, estas quedan fijadas por el ordenamiento interno escrito o simplemente por una tradición que se ajusta a estaciones o fechas que guardan relación con el calendario agrícola.

A la hora prevista...mirando por el bien común.
El calendario laboral y el inicio del año agrícola marcan unas pautas de acción colectiva que afecta a caminos, regueros, pasos o frontadas, para dar paso a otros trabajos comunitarios como el riego de praderas comunales, la conservación y limpieza de ríos y montes o la vigilancia de los frutos. Es en las zonas agrícolas de transición y en las vegas donde la acción colectiva y hacendística de las comunidades de aldea se hace más extensa y la obligatoriedad de los vecinos a acudir a la llamada de los oficiales del concejo va acompañada de importantes penas vinales. En las ordenanzas de Cembranos de 1584 se recoge los siguientes:

·         ". Item ordenamos y mandamos que la vecera de los bueyes de labrar, guarden marido o mujer e los días que les cupieren, y si fuere viudo o viuda los guarde un hijo o hija mayor que tuvieren o criados, como sean de catorce años para arriba, so pena que el que no lo hiciere pague de pena media cántara de vino por cada vez y si dieren la vecera por mal guardada pague la dicha media cántara de vino arriba dicho, decimos que no puede guardar esta vecera persona que no tenga buey o vaca. . Item ordenamos y mandamos que el vecino que le cupiere la vecería de las vacas o becerros las guarde persona que sea de doce años para arriba, so pena que el que no lo hiciere así pague por cada vez media cántara de vino."

La vecera de las vacas paridas.
Casi nada la broma. Ahora bien, el desarrollo de la agricultura y de forma especial la agricultura intensiva de regadío en la provincia leonesa exige un directo control y racionalización de los recursos comunitarios y de forma especial del agua. Tanto para las comunidades de montaña como para las asentadas en las vegas, el agua y las vías y sistemas de riego son objetivos prioritarios para la organización concejil.

Sobre unas estructuras agrarias con escaso nivel de ordenación del terreno y con fuerte arraigo del minifundio, solamente a través de la acción colectiva y desde el poder concejil se pueden superar las dificultades emanadas de esa compleja y desigual parcelación del terreno, factor este que se convierte en uno de los principales escollos a superar. La hacendera, institución que nace en la edad media y llega hasta nuestros días, ha sido hasta el final del siglo pasado un instrumento apropiado para hacer frente a las necesidades que surgían en la vida colectiva de los concejos leoneses, que daba respuesta a las mismas y que ayudaba a fortalecer los lazos entre los vecinos de la comunidad. Los campaneros eran los que con los toques pertinentes de campana llamaban a hacendera, concejo y otros.

Mujeres yendo de hacendera en Ambasaguas de Curueño en 1947.
Un concejo disponía de otros enseres u objetos para designar, diferenciar y ejecutar al concejo, desde la copa concejil, hasta el  pendón, también el arca concejil, donde se guardaban bajo dos o tres llaves, las copas y la jarra, los libros de cuentas, además de otros enseres, y el bastón o vara de mando y también  el sello de herrar o marcar el ganado de los vecinos del concejo, o marcas del pueblo. Hay que diferenciar entre las obligaciones y reglamentos de concejos, hacenderas de varios pueblos, comunidad de regantes… cada cual tiene sus competencias y algunas veces no tiene nada que ver una hacendera de regadíos, con la hacendera de caminos; había buenas gentes que no tenían tierra, pero sí usaban los caminos , por ejemplo. Tradicionalmente los vecinos se reunían en concejo abierto los domingos, en el atrio de la iglesia, y su asistencia era obligatoria, con multa para el que no acudiera.

A Concejo de silla de tierra y madera.
Durante siglos, los habitantes de pequeñas localidades leonesas han resuelto por votación, en lo que algunos especialistas han denominado como “una academia de cortesía”, todos sus conflictos, así como los problemas económicos, la preservación de los montes y, en siglos pasados, hasta la defensa armada de los vecinos. En los concejos se trataba “la batida de lobos, la hacendera o huebra, la refacción de puentes, caminos, presas y retenes, la espalada de la nieve, la corta de la leña de rozo, los acotados de pastos, la construcción del chozo merinero, las veceras, los repartos de tierras comunales, se nombraban campaneros, peritos, guardas, adquisición de sementales…”. Como anécdotas, un concejo trató de suprimir el mes de marzo y pasar de febrerillo el loco a abril hueveril; y en otro concejo leonés se acordó apalear al mozo forastero porque tuvo la bravuconería de decir que iba a sacar preñadas a todas las mozas del pueblo.

Las suertes de leña, una ancestral forma de mantener los montes
 y los hogares de todo tipo.
El concejo abierto se asienta sobre tres pilares: la convivencia como bien supremo y determinante; la libertad, como régimen democrático de autogobierno; y el colectivismo en lo laboral y lo económico. Como se sabe, las mujeres no tenían acceso en aquellos años a las reuniones del concejo. La escala social por la que pasaba cada persona era:

-  Niño: hasta los 7 años.
Rapaz: hasta los 16 años. Sale mozo, paga una bebida.
Mozo: desde los 16 hasta su matrimonio. Puede rondar por la noche, visitar hilanderos y corteja a las mozas.
Vecino: desde que se casa en adelante.
 Menor: huérfano de padre y madre, tiene exenciones en las cuotas y escotes.

El soltero es considerado siempre mozo (no vecino). El fuero de León, 1058, establecía el funcionamiento de los concejos, con la siguiente advertencia: “Cualquiera que quebrantase, a sabiendas, esta constitución, quiébrensele las manos, pies y cabeza, sáltensele los ojos, arrójensele los intestinos y pague su pena con el diablo en los infiernos”. La organización corría a cargo de una Junta o Juez que planificaba la tarea, revisaba la correcta realización y establecía los tajos. Algunos piensan que el refrán: "con su pan se lo coma" hace referencia a la costumbre de llevar cada uno pan de casa y la organización ponía lo demás, que solía ser escabeche y cebolla...

Comarcanos descansando durante la hacendera convocada para mantener
 y señalizar El Camino.

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