viernes, 2 de septiembre de 2016

NOTICIA: El testamento de Doña Concha

ANA GAITERO. Diario de León

Doña Concha Casado delante de las reproducciones de las acuarelas de 1926
 en el Museo de la Comunal de Val de San Lorenzo.
JESÚS F. SALVADORES.
El testamento etnográfico de doña Concha es un cuaderno de deberes escrito en la memoria de las personas que más la conocieron, trabajaron a su lado y la acompañaron hasta sus últimos días en el retiro obligado de la residencia San Juan Pablo II de León.

El "ti" Patas.
MUSEO VAL DE SAN LORENZO
Son muchas las asignaturas pendientes que León tiene que aprobar tras la despedida definitiva de la etnógrafa y filóloga el pasado día 22 de agosto. Uno de sus grandes anhelos era traer a León, y más en concreto a Val de San Lorenzo, las acuarelas pintadas por estudiantes de la Escuela Madrileña de Cerámica de La Moncloa durante la excursión pedagógica que realizaron en el verano de 1926.

Ahora que se cumplen 90 años de aquel episodio singular, surge una nueva oportunidad de plantear la demanda al Gobierno municipal de la Villa y la Corte. El Ayuntamiento de Val de San Lorenzo ya lo intentó sin éxito en dos ocasiones, durante los mandatos de Ruiz Gallardón y Ana Botella, respectivamente. ¿Lo aprobaría Manuela Carmena?

Concha Casado Lobato (León. 1920-2016), la etnógrafa por antonomasia de León, quizás no lo descartaría. Nunca miró el color político cuando se trataba de pedir para conservar tradiciones o ejecutar proyectos.

Las acuarelas de Val de San Lorenzo, unas 350, están olvidadas en el Museo de la Historia de Madrid. Unas 300 se pintaron en el pueblo y el resto en la escuela durante el curso 1926-1927 a partir de las fotografías que tomó el profesor Aniceto García Villar. Pero, como afirma Miguel Ángel Cordero, director de los museos del Val y persona bien cercana a Concha Casado. «no hay nada expuesto. Está todo archivado en el Museo de la Historia de Madrid».

Fue la sabia y maestra quien alentó la búsqueda de alguna fórmula para que las pinturas, que son un testimonio único de la vida en Maragatería hace casi un siglo, se pudieran disfrutar y poner en valor en León. Una cesión sin que el Ayuntamiento de Madrid pierda su propiedad es la fórmula que se ve más factible.

Un hombre cardando la lana. MUSEO VAL DE SAN LORENZO

REENCUENTRO SENTIMENTAL

La idea de traer a León las acuarelas empezó a gestarse cuando hace 15 años la Escuela Madrileña de Cerámica de La Moncloa repitió la experiencia de sus antepasados en Val de San Lorenzo. Fue un reencuentro sentimental, todavía vivían algunos de los vecinos que fueron testigos de la estancia de 1926, y una nueva experiencia artística adaptada al siglo XXI, con medios audiovisuales..

Sobre la excursión pedagógica de 1926 escribe Alfonso García en el libro editado por el Instituto Leonés de Cultura con motivo del reencuentro: «Era un proyecto educativo de supuestos claros y a medio y largo plazo».

Maragata.
 MUSEO VAL DE SAN LORENZO
Concha Casado conoció este viaje y sus frutos en forma de acuarelas y fotografías en los años 80, cuando era directora de departamento en el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). El material que atesoró la escuela madrileña en la excursión a tierras maragatas y otros que realizó el centro entre 1914 y 1928, sirvió de fuente documental para el libro ‘Tipos y trajes de Zamora, Salamanca y León’ que publicó Caja Zamora en 1986 y del que son autores, además de la etnógrafa leonesa, el ilustre Julio Caro Baroja, Antonio Cea, Antonio Redoli y Francisco R. Pascual.

Concha Casado hizo un análisis pormenorizado de las fotografías que Aniceto García Villar tomó en agosto y septiembre de 1926 en el libro La Maragatería hace 75 años. Val de San Lorenzo en 1926. Le impresionaron los retratos de Francisco Cordero, el ti Patas, labrador de Val de San Lorenzo. «Aquí está representada la Maragatería pobre, la que ya hizo huir hace siglos a los hombres de esta tierra, ingrata y querida, para ganarse la vida por los caminos de España trajinando como arrieros. La tierra daba poco, aunque se cuidaba con esmero», escribió.

Fueron muchos los vecinos que posaron para los pintores por lo que las acuarelas tienen el doble valor de ser un testimonio de la vida rural maragata, la arquitectura popular, la fiesta e incluso el interior de las casas y la escuela de aquellos años y también el retrato de muchas personas que forman parte de la memoria del pueblo.

Con estos ingredientes, no es extraño que doña Concha se empeñara en rescatar semejante legado artístico para León. La vieja cocina con sus abregancias, los potes de hierro, los escriños de paja y los jamones curándose al horno reflejadas en una de las fotografías. Ya se han publicado dos tomos con ellas y queda otro pendiente. El carro chillón y algo más III está en espera. Es otro de los proyectos pendientes del testamento etnográfico de doña Concha.

LIBERAR EL REGUERO DE VILLAR

Hace 25 años, se encontraron en Astorga Pilar Ortega y Concha Casado. La pintora afincada en Truchillas con su marido y también pintor Severino Carbajo, exponía en la galería Rama. «Tú y yo tenemos mucho de que hablar», le dijo doña Concha tras fijarse en algunos de sus dibujos a plumilla con paisajes y detalles de la arquitectura tradicional de La Cabrera.

«Fue estupendo conocerla. Nuestra vida ha sido diferente y muy enriquecedora», subraya la pareja. A Pilar Ortega le animó a seguir parándose con su cuaderno de dibujo ante las «maravillas» naturales y etnográficas de los pueblos cabreireses. Hizo colecciones de corredores, chimeneas, hornos, molinos, palomares... detalles de las cerraduras, de los pajares, de las lajas de cuarcita que dibujan cruces sobre la pizarra.

«Concha ha sido fundamental en nuestra vida personal y artística», admiten. Incluso Severino Carbajo, reacio a pintar la tierra de sus antepasados, aceptó el reto años después. «Tenemos el recuerdo de una gran mujer y de su honestidad y nos quedamos con todo lo que nos ha enseñado», concluyen.

No faltan notas en el cuaderno de deberes que dejó ‘escrito’ para La Cabrera. Concha Casado tenía una debilidad especial por Villar del Monte y sufrió cuando la Diputación cubrió con cemento el reguero que atraviesa el pueblo. «Liberar el reguero de Villar del Monte en honor a doña Concha sería una gran obra», apuntan.

En este pueblo han restaurado el molino, siguiendo la estela de las obras emprendidas hace dos décadas con la Asociación de Amigos del Patrimonio de La Cabrera que alentó la etnógrafa. Fue parte de lo que su amigo y compañero de fatigas, el musicólogo Joaquín Díaz, define como «la batalla personal y sin tregua (de Concha Casado) contra la desidia, contra el papanatismo, contra la inanidad y contra la manía secular de arrinconar lo nuestro para ensalzar lo que se da en otros pagos».

Pero lejos de pensar en recuperar el sonido del agua, Villar del Monte, igual que muchos pueblos, están amenazados por el cemento. De ello alerta otro de los allegados de Concha Casado, el editor inglés Brian Jeffery, que restauró la casa rectoral de Villar del Monte, protesta contra el proyecto que «va contra las futuras posibilidades económicas y turísticas del pueblo». 

Las aceras de cemento, explica, devuelven la humedad del suelo a las casas, por lo que pide que para las casas de piedra se utilicen materiales que no produzcan estos efectos. Jeffery vive en una zona de Londres que está protegida arquitectónicamente, es propietario de una casa rectoral del siglo XV en Devon y durante muchos años ha sido socio de la Society for the Preservation of Ancient Buildings de UK que es la asociación principal en Reino Unido para la preservación y conservación de edificios de valor histórico, y participó en cursos de restauración y conservación.

En Villar del Monte, Nati Villoldo y su hija Puri, quien le ayudó a ordenar su biblioteca antes de donarla al ILC, continúan su labor con la restauración de varias viviendas convertidas en pequeños museos etnográficos, aparte de la sede del Museo del Encaje de Tordesillas. En los pajares tenía la ilusión de que se abriera un alnergue para mantener los techos de teito, lo mismo que en Forna (Encinedo) con otra casa restaurada con la idea de que durante el verano acudieran escuelas de oficios a realizar tareas de restauración permanente. Una escuela de verano para inspirar a estudiantes, como en Val de San Lorenzo, y preservar los oficios tradicionales.

LA ESCUELA, SIEMPRE LA ESCUELA

«No creo que haya nadie con tanta fuerza para mantener el legado, pero al menos la podemos tomar como ejemplo», admite Joaquín Díaz. «El carácter y la ilusión de Concha son irrepetibles», afirma el responsable de la Fundación Joaquín Díaz, con sede en Urueña, de la que Casado fue patrona durante algunos años.

Nadie tiene dudas sobre otro de los mandatos del testamento social de Concha Casado. Proteger a los artesanos y a las artesanías. Aparte de la labor que se hace en ferias con solera, como la de Val de San Lorenzo, otra de sus ideas que acaba de cumplir 17 años, la de Lorenzana, donde el taller de niños lleva también su nombre, la etnógrafa repitió en vida que «la valoración de las artesanías tiene que hacerse desde escuelas y medios de comunicación».

Concha Casado creía en la escuela sobre todas las cosas. Su vocación didáctica le venía de joven. Cuentan sus sobrinas Tere y Rosi que a ellas les enseñó a hacer lectura comprensiva con el ABC y daba instrucciones a su maestra de clases particulares sobre los métodos a emplear. Las dos, con apenas cinco años, acompañaron a su tía en el viaje a Truchas para hacer la tesis doctoral que titularía El habla de la Cabrera Alta. Nunca olvidarán que el coche de línea iba custodiado por un agente armado. También recuerdan que algunos vecinos, al verla con la cámara de fotos, «pensaban que era una espía de los maquis».

Concha Casado emprendió su trabajo con la escuela en los años 80, cuando se instaló en León tras jubilarse en el CSIC como investigadora. «Ya había comentado en alguna ocasión a sus allegados su intención de retirarse a León para poder desarrollar desde allí una actividad social y divulgativa, pero las buenas intenciones de los jubilados suelen quedar habitualmente en eso, en buenas intenciones. En este caso la excepción confirmó la regla», comenta Joaquín Díaz en el escrito homenaje que publicó la fundación tras el fallecimiento de la etnógrafa y filóloga leonesa.

Aparte de patearse los pueblos en busca de los vestigios de la indumentaria y las costumbres leonesas, empezó a trabajar con el Centro de Profesores de León (CEP) en la formación del profesorado. La escuela rural fue una fuente de inspiración y recuperación de la tradición oral y de la cultura popular. Así fue como se empezó a rescatar el ramo leonés, que ahora se ha hecho tan popular en Navidad.

No era amiga de las reinterpretaciones. Pero al final aceptó que la gente hiciera suyo a su manera el ramo tradicional, siempre que hubiera quien se ocupara de preservar la tradición en la inmensa variedad que se presenta en las diferentes comarcas leonesas. Celebró que las aulas corales municipales cantaran el ramo navideño en la plaza de San Marcelo, en la semana previa a Navidad. Fue antológica la exposición que realizó en el Ayuntamiento de León con la ayuda de Senén Bernardo, otro de sus íntimos.

«Creía en la escuela como un medio para traer el progreso que llega a los pueblos cuando son cultos y para ello hay que partir de conocer y apreciar la cultura propia», comenta Carmen Fernández, profesora de Historia que colaboró con Concha Casado en aquellos años en el CEP. En el Museo Etnográfico, donde se conserva su biblioteca personal con fines de investigación y objetos de su vida y obra, como las medallas de la provincia y de Castilla y León, hay una vitrina con los recuerdos que recibió en algunos de los centros escolares donde fue homenajeada por su labor.

Concha Casado, en 2008, cuando fue homenajeada en Villar del Monte
 con el gaitero Moisés Liébana y los danzantes de Corporales. RAMIRO

«El legado de Concha Casado nos involucra a todos», afirma José Ramón Ortiz, director del Museo Etnográfico Provincial de Mansilla, recordando que cuando el periodista Javier Pérez Andrés le pidió una dedicatoria para un libro que le regaló «le puso tareas».

Entre los artesanos, aparte del Alfar Museo, Val de San Lorenzo y todos los que cultivaban la talla en madera, cestería, bordados, etcétera... tenía predilección por la fábrica de curtidos que se conserva en Santa María del Páramo, de la familia González, abierta en 1887. Hace 25 años escribió un artículo sobre este taller en El Filandón del Diario de León, del que fue asidua colaboradora. «Los curtidos tuvieron cierta importancia en León, puesto que había 22 fábricas, cuatro de ellas en la capital y el resto en la provincia», comentaba. La de Santa María del Páramo, apuntaba entonces, «es como una reliquia que quiere transformarse sin morir. Ojalá alguien, dentro de otros cien años, pueda seguir escribiendo su historia». Ojalá.

Como dice desde La Cuesta Iván Martínez Lobo, uno de sus jóvenes admiradores, que no son pocos, «eilla pechóu los sous güeyos, pero abrióu los de toda una xeneración».

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