lunes, 16 de marzo de 2020

COLABORACIÓN. Tocan "a clamor"


Autor: Héctor Bayón Campos

                                                                          
Villaverde de Sandoval. Marzo de 1953…

La habitación era lúgubre y silenciosa, con cierto aroma de incienso. Varias “plañideras”, vestidas de negro riguroso, cuchicheaban; mientras los familiares de la difunta esperaban en “el portalón” de la casa. Conversaban con los vecinos. Recibían los primeros “pésames”, algunos dichos “de corazón” otros más bien fingidos. En el interior de la alcoba, dos “hachones” y un crucifijo de bronce custodiaban a la muerta. Sus nietos pequeños lloraban; y el cura, confesor y amigo, rezaba por su alma. Las viandas estaban listas… ¡todos al comedor! Un buen potaje de garbanzos y varios vasos de vino mitigarían el dolor. Parientes y amigos almorzaban. Había “café de pota” y aguardiente. Las lágrimas borbotaban, aunque también surgían algunas tímidas sonrisas ¡pero qué buenos recuerdos dejaba la fallecida! El perro se asomaba al duelo; a su manera, también participa. Y los hijos de la “matriarca” se abrazaban; en estos duros momentos los vínculos fraternales se fortalecían. Pero había llegado la hora del entierro, “el Señor” la reclamaba; y en el monasterio ya tocaban las campanas…descanse en paz, querida vecina. Tu pueblo está “de luto” y no te olvida.

Requiescat in pace (R.I.P.)



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