Toño Morala.
Los últimos gritos del Mielero hablan de finales de los setenta, cuando todavía llevaba al hombro el tonel de madera, la romana para pesar, el cacillo de mango largo, y algunas veces algún queso pequeño y algo de embutido para vender dentro del hatillo para la sobrevivencia. La cantinela era casi siempre la misma... ¡Mielero de la miel…de la miel de la montaña…! El Mielero constituye una imagen típica que nos hace recordar por unos momentos la venta ambulante y callejera de multitud de productos, y que el paso del tiempo y las nuevas formas de venta han relegado casi al olvido. Hablar del personaje es la imagen viva de un hombre de montaña, vestido con pantalón de pana, boina…muy dado a entender que venía del pueblo y así vender mejor sus productos.
En las calles de la memoria, los mayores aún recuerdan al Mielero como un hombre sencillo y poco dado a entablar mucha conversación, picaba en los portales y casas y vendía la miel siempre de mucha calidad… ¡A la rica miel…el Mielero, miel de la montaña…! Del tonel de madera era curiosa la tapa, una mitad era fija, mientras que la otra era móvil y giraba alrededor de una bisagra. Herramientas de trabajo hechas casi a medida, y además el trajín del Mielero siempre de un lado para otro les hacía ser muy andariegos, coger trenes de vagones de madera de tercera clase, dormir en pensiones generalmente de allegados de la comarca, traer y llevar noticias de un pueblo a otro, de los barrios de las ciudades.

¡Mielero de la miel…de la miel de la montaña…a la rica miel…! Voceaba el hombre de la dulzura. ¡De brezo…tomillo y romero…de las mil flores de néctar encantadas…!
Aún recuerdo cuando mi madre nos untaba en pan la rica miel que traía un mielero en Asturias.Ángel Fernández, Oviedo.
ResponderEliminarUna figura ya perdida...que pena de oficios tan interesantes; recordarlos es muy bonito.Marisa.
ResponderEliminarMuy bonito papá, me hubiese encantado haber vivido eso aunque muchas veces me acercas a épocas pasadas con tu poesía...Andrea Fernández
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